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Hitler y sus relaciones con España



Hitler y sus relaciones con España, 5 de julio de 1965

Hoy he dado a leer al Caudillo una copia de un artículo firmado por Georges Roux, publicado por Miroir de l’Histoire (julio de 1965, número 187).

Es un artículo extenso sobre Hitler y sus relaciones con España. Dice Franco:

“El Führer no intervino para nada en la preparación del Alzamiento, y si a los pocos días se decidió a ayudarnos fue por haberlo pedido yo, como tú sabes, como también lo pedí a Mussolini, al ver que Francia y Rusia estaban dispuestas a ayudar a los rojos con una enormidad de material de guerra, tanto del aire como terrestre. Puede que sea verdad lo que dice este artículo de que a Hitler le moviese más la política antifrancesa que el deseo de la victoria del bando nacional. De no ser por la ayuda de los aliados al bando contrario, la guerra no hubiese durado un mes, la hubiésemos ganado nosotros, que teníamos más moral, mejores mandos y representábamos al Ejército español con toda su tradición. En el bando contrario se quedaron los semicomunistas o los que no se atrevieron a decir que estaban con nosotros. Yo pedí ayuda a quien creí que me la podía dar más fácilmente. Lo hubiese hecho a Inglaterra de no saber que esta nación, por una mala información, estaba convencida de que nuestro Movimiento tenía como objetivo defender el fascismo y atacar a la república. Nosotros, como tú bien sabes, nos levantamos en armas contra el gobierno al ver que aquello degeneraba en comunismo y que preparaban un golpe de Estado para el mes de agosto; así lo afirmaban Largo Caballero y demás líderes en la prensa, en proclamas, etc., como puede comprobarse examinando la prensa española de aquellos días y la de los partidos comunistas del mundo entero. Lo que sucedió es que esto no se dijo, se ocultó, y se inventó la leyenda de que nosotros éramos aliados de Hitler y Mussolini, enemigos de los aliados y de la democracia. Y sí lo éramos, pero de la democracia que nada tenía de tal y no hacía otra cosa que permitir que se gobernase sin garantías constitucionales, quemar conventos, destruir el Ejército español, cometer crímenes, actos de bandidaje, etc. Contra aquella anarquía se sublevó el Ejército, pero no lo hubiese hecho si la república hubiera sido un régimen democrático y de convivencia. Los militares nos sublevamos para salvar a la Patria del caos e impedir que a la sombra de tal estado de cosas se implantase la república comunista. Un ejemplo claro de que los republicanos demócratas nada representaban en aquel régimen fue lo sucedido a la escuadra española, que salió de El Ferrol cumpliendo órdenes del gobierno, y a pesar de ello, en la travesía hacia los puertos del Estrecho, fueron asesinados salvajemente por las clases subalternas de la Armada desde el almirante jefe al más modesto oficial. La orden de esta matanza la dio el comité de clases de Marina, situado en Ciudad Lineal; a ninguna de las víctimas se le preguntó si estaba o no con el gobierno. Se les asesinó sólo por el hecho de ser jefes y oficiales de Marina y nada más que por eso.

No creo que nadie se quejara del comportamiento en España de los voluntarios alemanes, se portaron siempre heroicamente y fueron eficaces y correctos. Son de carácter distinto al nuestro, pero nuestras relaciones fueron siempre afectuosas. Conservo un gravísimo recuerdo de todos los generales extranjeros que tan eficaz y heroicamente lucharon en España para salvarnos del comunismo. 

Sobre la entrevista de Hendaya hay mucha exageración en lo que se dice en el artículo que comentamos. El Führer no me pidió en aquella ocasión que entrara en la guerra europea, pues siempre al hablar conmigo hacía alarde de que la guerra ya estaba ganada y que Inglaterra se rendiría al poco tiempo. Deseaba para mantener la paz una estrecha alianza con España antes de que lo hiciera Francia. Me ponderó el brillante papel que la Historia había reservado a nuestra Patria en el nuevo orden que se iba a organizar en Europa. Me negué diplomáticamente a ello, diciéndole que lo que España necesitaba era su reconstrucción, pues habíamos quedado muy quebrantados después de nuestra guerra. Le manifesté además mi absoluta convicción de que Inglaterra no estaba vencida y de que seguiría en lucha, en Francia, en la metrópoli o un sitio cualquiera de su gran imperio. Que no creyera que el pueblo francés estaba a su lado, “pues ahora siente más que nunca antipatía por las potencias del Eje”. En aquellos difíciles momentos, como en todo el tiempo que duró el conflicto mundial, no tuve otro afán que salvar la neutralidad de España. Estaba decidido a ello, costara lo que costase, y me hubiera defendido contra cualquier agresor, fuese Alemania o los aliados. Hubiésemos repetido la gesta de España contra Napoleón. Creo que Hitler se dio cuenta de mi manera de pensar y por ello nos respetó, lo mismo que Inglaterra y Norteamérica.”

Le digo que en el artículo que comentamos se dice que en las “memorias de la secretaria de Hitler” se manifiesta que a éste le causó una profunda desilusión la forma de actuar del Generalísimo; que le pareció ingrata y traidora. Franco dice:

“No creo que Hitler hiciese esas manifestaciones, pues tenía que comprender que por un motivo de gratitud no iba a meter a mi Patria en una guerra que causaría nuestra ruina y que no estaba decidida ni mucho menos. Siempre le agradecí la ayuda que nos prestó; pero nunca me consideré obligado a pagarle con la sangre del pueblo español jugándome la independencia de mi Patria. 

Es verdad que para defender a España de un posible atentado a nuestra neutralidad fortifiqué la región pirenaica, haciendo diferentes líneas de trincheras hormigoneadas y dividiendo la región en cinco sectores estratégicos, como dijo La Vanguardia en un artículo publicado por el general Díaz de Villegas, al que alude el que comentamos del señor Roux. Tú has visto estas fortificaciones, que nos fueron muy útiles en la lucha que tuvimos contra los rojos que creyeron que podían conquistar España al finalizar la guerra europea. Los alemanes en los últimos días de la contienda estaban muy apurados y tenían que recurrir a todos los que creyesen que podían ayudarles. 

También los aliados estuvieron a punto de violar nuestra neutralidad invadiendo las islas Canarias. Ello me tuvo muy preocupado. Afortunadamente desistieron de estos planes. Gracias a Dios conseguí lo que era mi mayor preocupación, tener a España apartada del conflicto. “

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