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Guernica



  Antony Beevor, La Guerra Civil Española. 

El 23 de abril, Von Richthofen anotó en su diario: “Tiempo muy bueno. La 4ª Brigada ha desplegado, a pesar de las órdenes, dos batallones, no doce. Tienen que ser relevados. La infantería no avanza. ¿Qué se puede hacer? La Legión Cóndor se retira a las 18.00. No se puede dirigir a una infantería incapaz de atacar posiciones débiles”. Al día siguiente volvía a quejarse, exasperado porque los italianos habían bombardeado la ciudad que no era. “Son cargas para el mando que no se pueden imaginar… ¿Conseguiremos destruir Bilbao?” A los italianos les preocupaba que un ataque a los católicos vascos provocara la reacción del Papa, y eran reacios a bombardear la principal ciudad de Euskadi. Son sólo especulaciones, pero es posible que las frustraciones de Von Richthofen tuvieran que ver en la más famosa de todas las operaciones llevadas a cabo por la Legión Cóndor. 

Durante el 25 de abril la mayor parte de las desmoralizadas tropas de Markina emprendieron la retirada hacia Gernika, que estaba a diez kilómetros del frente. Al día siguiente, lunes 26,a las 4,30 de la tarde, la campana mayor de Guernica repicó avisando de un ataque aéreo. Era día de mercado, y aunque se había hecho volver atrás a muchos campesinos a la entrada de la ciudad, otros muchos habían pasado con su ganado. Los refugiados que se hallaban en la ciudad y sus habitantes buscaron amparo en los sótanos que se habían habilitado a toda prisa como refugios después del terrible bombardeo de Durango. Un bombardero solitarios Heinkel 111 de la “escuadrilla experimental” de la Legión Cóndor apareció en el cielo, arrojó su carga en el centro y desapareció. La gente salió entonces de sus refugios con el fin de ayudar a los heridos, pero quince minutos después sobrevolaba la ciudad la escuadrilla al completo, lanzando todo tipo de bombas. La gente corrió de nuevo hacia los reparos en medio del polvo y la humareda preguntándose si los sótanos que les servían de refugio soportarían el tremendo bombardeo. Se inició así una estampida de gentes que decidieron salir de la ciudad para encontrar amparo en el campo, pero entonces aparecieron los cazas Heinkel 51, que ametrallaron sin piedad a hombres, mujeres y niños, a las monjas del hospital y hasta el ganado. Y, sin embargo, lo peor del ataque aún no había comenzado. 

A las 5,15 se oyó el tronar de aviones. Los soldados los identificaron inmediatamente como los “abuelos”, que es como llamaban a los bombarderos Junker 52. Tres escuadrillas procedentes de Burgos arrasaron sistemáticamente la ciudad en pasadas de 20 minutos durante dos horas y media. La carga de los casi cuarenta aviones que bombardearon Guernica consistía en bombas medias y pequeñas, pero también llevaban las bombas de 250 kg, bombas antipersonal y bombas incendiarias. éstas eran sembradas desde los Junker en tubos de aluminio de un kilo como si de confeti metálico se tratara. Los testigos describen la escena en términos dantescos y apocalípticos. Familias enteras quedaron enterradas entre las ruinas de sus casas o murieron aplastadas en los refugios, vacas y ovejas, ardiendo por la acción de la termita y el fósforo blanco, brincaban enloquecidas entre los edificios llameantes hasta caer muertas. Seres humanos ennegrecidos por el humo se abrían paso entre las llamas y el polvo mientras otros excavaban como locos entre las ruinas tratando de desenterrar a amigos y parientes. Los que se acercaban a Gernika huyendo de Bilbao no podían creer lo que veían sus ojos en el cielo rojo-anaranjado, en la lejanía. Con excepción de la Casa de Juntas y el roble, que no fueron alcanzados porque se encontraban fuera del corredor aéreo que los pilotos habían seguido disciplinadamente, Gernika era una ruina de fuego y muerte.

Nunca se ha sabido con certeza el número de muertos y heridos que producto el ataque. El gobierno vasco sostuvo que un tercio de la población (1.645 muertos y 889 heridos) sufrió en sus carnes el bombardeo, aunque las investigaciones más recientes sostienen que los muertos no pasaron de 300.

Al día siguiente, 27 de abril, la noticia de la destrucción de Guernica apareció ya en la prensa británica de la tarde, y el día 28 tanto el Times como el New York Times publicaron el famoso artículo de George L. Speer. El lehendakari Aguirre denunció los hechos el mismo día 27 por la mañana con las siguientes palabras “Los aviadores alemanes, al servicio de los rebeldes españoles, han bombardeado Guernica, quemando la ciudad histórica venerada por todos los vascos”.

Como ya había pasado con el bombardeo de Durango, los nacionales le dieron en seguida la vuelta a lo ocurrido. Utilizando el precedente de Irún, dijeron que la ciudad había sido destruida por sus defensores en retirada y Queipo llegó a especificar que los responsables directos fueron “los dinamiteros asturianos que han empleado los marxistas para después achacarnos tal crimen”. El 29 de abril el cuartel general de Franco hizo público un comunicado en el que se decía:

“Guernica está destruida por el fuego y la gasolina. La han incendiado y convertido en ruinas las hordas rojas al servicio del perverso y delincuente Aguirre [que] ha lanzado la mentira infame -porque es un delincuente común- de atribuir a la heroica y noble aviación de nuestro ejército nacional ese crimen… Aguirre ha preparado la destrucción de Guernica ara endosarla al adversario… Su destrucción es labor de los que quemaron Irún y Eibar, de los que dejan siempre una España espectral a sus espaldas.”


Algunos veteranos de la Legión Cóndor explicaron, tiempo después, que lo que trataban de hacer sus escuadrillas era bombardear el puente de Rentería a las afueras de Guernica, pero que los fuertes vientos habían desviado las bombas hacia la ciudad. La realidad es que el puente quedó intacto, que se sabe que aquel día no hacía viento, que los Junker volaban en formación de combate y no en línea, y, desde luego, que las bombas anti personal, incendiarias y de metralla no son precisamente eficaces contra puentes de piedra, ni se comprende cómo para destruir un pequeño puente y cortar la retirada de las tropas republicanas, los aviones tuvieron que lanzar alrededor de 33 toneladas de bombas. La entrada correspondiente a ese día en el diario de Von Richthofen fue, probablemente, reescrita, una vez que se supieron las consecuencias del ataque y los nacionales acuñaron la versión para la propaganda. Se le añadió lo siguiente: “Lamentablemente, los rojos pegaron fuego a las casas durante la noche. Hicieron salir a todos los habitantes. Prendieron fuego a todos los edificios públicos y a los monasterios, luego a las casas particulares, que aquí son, en parte, de madera”. Por quién sabe qué razones, el informe de combate de la Legión Cóndor correspondiente a ese día no se ha conservado. Según el diario privado de Von Richthofen, que no tiene que ver con su diario oficial de guerra, el ataque fue planeado conjuntamente con los nacionales. El coronel Vigón, jefe de Estado Mayor de Mola, dio su visto bueno al objetivo el día antes de la incursión aérea y, de nuevo, unas pocas horas antes del ataque. A ningún oficial nacional se le ocurrió mencionar la importancia de Guernica en la vida y en la historia vascas pero, aunque lo hubieran hecho, el plan se habría llevado igualmente a cabo. Uno de los posibles objetivos del ataque puede haber sido el bloqueo de las carreteras, como en Durango, pero todo apunta a que, además de los objetivos bélicos grandes o pequeños, lo que se pretendía era llevar a cabo un experimento de entidad para verificar los efectos del terror aéreo.  



 Göring, David Irving

El 26 de abril de 1937, nueve aviones alemanes -tres formaciones integradas por tres Junker 52- atacaron la ciudad vasca de Guernica para cortar la carretera al noroeste de la ciudad. “Necesitamos apuntarnos urgentemente un éxito contra los efectivos y el material enemigo”, escribió en su diario el coronel Von Richthofen, que comandaba el contingente. “Vigón [el oficial al mando de las fuerzas de tierra españolas] está de acuerdo en forzar el avance de sus tropas por todas las carreteras al sur de Guernica. Si esta operación nos sale bien, tendremos al enemigo en nuestras manos.” Pese a la reducida potencia del cargamento de bombas - los aviones sólo llevaban nueve bombas de 250 kilos y 114 de 50 kilos- la pequeña ciudad quedó destruida. “Cuando llegaron los primeros Junkers -escribiría Richthofen algo desconcertado-, había humo por todas partes… era imposible distinguir las carreteras o los puentes o los blancos de las afueras, de modo que dejaron caer simplemente las bombas en el centro.” Después se aclaró en parte el misterio, cuando los habitantes de la ciudad les mostraron las pruebas de que los mineros asturianos habían dinamitado calles enteras llenas de edificios antes de huir, en un intento de frenar el avance nacionalista. “Los rojos -escribió Richthofen tras un recorrido por la devastada ciudad-  quemaron monasterios, edificios públicos y casas particulares por el simple procedimiento de vaciar latas de petróleo en las plantas bajas.” La mayor parte de los cinco mil habitantes de Guernica ya habían abandonado el lugar, pero según averiguó el coronel de la Luftwaffe “murieron algunas personas”. El autor de este libro realizó investigaciones en los archivos de la ciudad, de las que se desprende que murieron unas noventa personas, la mayoría como consecuencia de la caída de las bombas sobre un primitivo refugio antiaéreo y sobre un hospital psiquiátrico. El diario comunista publicó una lista de heridos, con treinta y dos nombres en total. Merece la pena recordar estos datos, puesto que “Guernica -simbolizada por la pintura de Pablo Picasso (los cuadernos de apuntes de Picasso revelan que el pintor había empezado a trabajar en los bocetos para el cuadro, que de hecho debía representar una corrida de toros, meses antes del bombardeo), pasaría a engrosar permanentemente la lista de las atrocidades atribuidas a Göring. 

Guernica tuvo efectos propagandísticos inmediatos. Intelectuales de izquierdas de todo el mundo proclamaron a los cuatro vientos sus versiones del bombardeo como una típica Schrecklinchkeit, un horror, nazi. Las voces de indignación se hicieron oír con particular fuerza en Gran Bretaña, donde el partido laborista en la oposición y el partido comunista habían empezado a agitar los ánimos en contra de Göring, el cual decían que estaba intentando obtener una invitación para asistir a la coronación del rey Jorge V en el mes de mayo. Lord Londonderry llegó a  sugerir tímidamente que Göring podría asistir a la coronación, pero el embajador británico Phipps advirtió lánguidamente al Foreign Office que existía “un importante riesgo de que alguien intentara dispararle en Inglaterra” y no llegó a cursarse la invitación.


Mitos de la Guerra Civil Española. Pío Moa

La población de Guernica era de 5.000 habitantes, y no debieron aumentar con la feria, al ser ésta suspendida a mediodía  por el delegado del gobierno. También se suspendió el partido de pelota de  la tarde, que en otras ocasiones entretenía a parte de los feriantes. Además, la población se había visto mermada por la recluta de 400 jóvenes en las intensivas movilizaciones desde octubre. 

En cuanto al interés militar de una población que contaba con cuarteles y fábricas de armas, es obvio, y figuraba entre los objetivos del ejército nacional. Ese interés había crecido enormemente en los días anteriores, cuando el frente, a sólo 25 km, se había roto y las tropas de Aguirre retrocedían en desorden. El día anterior al bombardeo los nacionales estaban a menos de 14 km, creando un serio peligro tanto para Durango como para Guernica, siendo esta última un centro clave de comunicaciones para la retirada. Por eso el bombardeo tenía, en principio, un valor militar elevadísimo. 

A la acción de los Junkers se debió, indudablemente, el vasto incendio. Con todo, los testimonios coinciden en que, una hora después del ataque, la mayor parte de la villa estaba en pie, encontrándose derruidas o en llamas en torno a un 18 por ciento del caserío. Avisados los bomberos de la cercana Bilbao (a unos 30 km) por el encargado del servicio contra incendios, Castor Uriarte, aquellos llegaron entre las 9.30 y las 11.00 de la noche, según versiones. Para entonces los incendios se habían extendido mucho, y Uriarte, que encontró diversos problemas, como la rotura de cañerías en una parte de la villa, aunque disponía de agua sobrada de la ría, decidió concentrar sus esfuerzos en la parte alta de la villa, abandonando la baja al fuego. 

El intento de apagar el incendio no parece haber sido excesivamente empeñado, y el resultado final, pero probablemente no deliberado, del ataque alemán, fue la destrucción del 71 por ciento de la villa. 

Tan tremenda devastación dio lugar a la versión de que los alemanes habían empleado una nueva combinación experimental de bombas para lograr tal efecto, y a la contraria, según la cual el pueblo había sido abrasado con gasolina (debe señalarse que Irún y Éibar sí habían sido quemadas en buena parte con gasolina por las fuerzas izquierdistas en retirada). Ambas versiones son falsas. La combinación de bombas explosivas e incendiarias fue la misma empleada en Madrid, el Jarama, etc. Los efectos asoladores en la villa foral deben atribuirse a la concentración del bombardeo de los Junkers, a la densidad urbana y la abundancia de madera en la construcción de las casas, a la escasez de medios locales contra incendios, que impidió apagar éstos al principio, y a la tardía llegada de bomberos de Bilbao, y su abandono quizá prematuro. Tampoco se recurrió a los explosivos para crear cortafuegos en torno a los focos.

La secuencia de los hechos vuelve muy improbable el número de víctimas ofrecido, no ya los 3.000 que han llegado citarse (60 por ciento de la población de Guernica), sino los 1.654 (33 por ciento) dados por verídicos en innumerables estudios .

La prensa anglosajona habló de cientos de muertos, para concretarlos enseguida en 800 y luego en un millar, mientras que el diario comunista francés L’Humanité, a partir de una entrevista con un sacerdote nacionalista Alberto Onaindía, subía las víctimas mortales a 2000. Southworth afirma que Leizaola declaró por radio, el 4 de mayo, que habían muerto 592 personas en los hospitales de Bilbao, pero en realidad habló ese día de dos muertos de una lista de 30 hospitalizados  y solo bien avanzado mayo el periódico Euzko Deya, en traducción inglesa, daría la primera cifra, que el gobierno de Valencia subió a 690. Los periódicos de Bilbao, al reproducir las crónicas extranjeras, censuraron tales datos, increíbles para los testigos, pero Aguirre y La Pasionaria, el día 20, hablaron vagamente de “gran número”, lo que, dice Salas “permitía no desmentir ni confirmar las absurdas cifras manejadas en el extranjero, que no hubieran podido reproducirse en Bilbao, pues los guerniqueses allí residentes sabían que eran falsas, pero convenía que siguieran circulando en el exterior”. 
¿Es posible conocer la realidad? Salas utiliza para ello los testimonios y la lista de enterramientos en los días siguientes, y de los heridos trasladados al hospital de Basurto, en Bilbao. Ya C. Uriarte indicó que las víctimas mortales no debían de pasar de 250. Los testigos sólo mencionan cifras notables de víctimas en tres lugares, el refugio de Santa María, el Asilo Calzada y el arranque de la carretera a Luno. 

Se conservan también las listas de enterramientos de los días 26 al 29, antes de la toma del pueblo por las brigadas navarras, así como de los fallecidos en el hospital bilbaíno de Basurto. Entre todos suman 75. Tras la entrada del ejército nacional, se rescataron 25 cadáveres del refugio de Santa María, que sumados a otros dos identificados, sumarían 102. Hubo 18 inscripciones tardías en el registro civil, probablemente parte de unos cincuenta no identificados nominalmente en los primeros momentos, pero que, si se quieren añadir como nuevos, aumentarían el total a 120. En su libro, Salas pide a quien tenga datos de otras víctimas le informe, pero nadie lo ha hecho. Los heridos fueron sorprendentemente pocos: 30, con tres fallecimientos, reforzando la idea de que los muertos no pudieron ser muchos. También apoya los datos de Salas el cuadro de ciudad vacía y sin actividad al día siguiente: el entierro de mil cadáveres, no digamos 3000, habría obligado a un movimiento considerable. 




 Eternamente Franco. Pedro Fernández Barbadillo
Guernica, la mentira invencible

Jesús Maria Salas Larrazábal redujo el número de muertos a menos de 130, de los que dio nombre y apellidos, cuando la historiografía antifranquista y abertzale había impuesto el número de 1654 fallecidos. Para desprestigiar a Salas, que expuso por escrito sus descubrimientos por primera vez en 1981, se le tildó de "general franquista", cuando sus dos ascensos a general de brigada de división los aprobaron sendos Gobiernos socialistas presididos por Felipe González.

¿El peor libro de Anthony Beevor?

Entre otros errores, Beevor escribe que en Guernica "era día de mercado"; no menciona el primer bombardeo, que fue realizado por los italianos y había alertado a los habitantes; repite que los aviones alemanes ametrallaron a las personas que estaban dentro de las calles de la villa; inventa que de Bilbao, más alejado del frente, huía la gente a Guernica que llegaba a ésta mientras se producía el bombardeo; ignora las intenciones de los corresponsales británicos de lanzar una campaña contra la amenaza nazi exagerando los horrores de la Luftwaffe... Y por último se sacude su responsabilidad con este párrafo:

"Nunca se ha sabido con certeza el número de muertos y heridos que produjo el ataque. El gobierno vasco sostuvo que un tercio de la población (1654 muertos y 889 heridos) sufrió en sus carnes el bombardeo, aunque las investigaciones más recientes sostienen que los muertos no pasaron de 300."

¿En qué quedamos? ¿Se conoce o no se conoce el número de víctimas? ¿Qué merece más crédito a un historiados: la declaración de uno de los bandos de una guerra o las posteriores investigaciones?

Una de las mentiras que forman parte de "la leyenda de Guernica" es que se trató del primer bombardeo aéreo de una ciudad. El Gobierno del Frente Popular había hecho bombardear por su aviación, según enumera Salas. Ceuta (20, 26 y 28 de julio), Tetuán (20 y 28 de julio), Melilla (26 y 28 de julio) Larache (28 y 7 de agosto), Cádiz (20 y 26 de julio y 7 de agosto), Toledo (22 de julio), Sevilla (23 y 26 de julio), Córdoba (26 de julio, 5 y 22 de agosto)...La madrugada del 3 de agosto un avión bombardeó la basílica del Pilar, pero ninguna de las bombas estalló. 



 Franco y el III Reich - Luis Suárez Fernández

Guernica

   El Vaticano preconizaba una solución para el problema vasco, donde sacerdotes operaban como capellanes entre los gudaris y nueve de ellos habían sido ejecutados antes de que Franco llegara al poder y lo impidiese: mediar para que los nacionalistas vascos firmasen un acuerdo. Franco no estaba dispuesto a admitir las demandas separatistas, ya que España formaba una unidad; estaba además convencido de que si los rojos ganasen, repetirían el gesto de Ucrania eliminando a los nacionalistas. 

   Pero entonces se produjo Guernica. Se estaba demostrando que el arma aérea era el instrumento más eficaz. Los bombardeos provocaban víctimas entre la población civil y esto se había comprobado ya en varias villas y ciudades. La propaganda británica y las circunstancias coyunturales hicieron que la prensa creyera que el bombardeo de Guernica era un caso singular. El 26 de abril de 1937 la Villa Foral, donde los Reyes Católicos juraran las libertades, sufrió dos pasadas. Una primera de aviones Savoia procedentes de Soria, y la segunda dos Heinkel y dieciséis o diecisiete Junkers alemanes. Según el testimonio que el coronel Galland presentó ante el Tribunal de Núremberg, los españoles no estaban informados de la operación consistente en destruir un puente, cortando así las comunicaciones de los republicanos con su retaguardia. Pero la poca exactitud de los medios hicieron que las bombas cayeran sobre el casco urbano, causando víctimas. Ni la Casa Foral ni el caso antiguo fueron afectados y los bomberos actuaron con eficacia. Se han comprobado al menos 126 víctimas. Los equipos asturianos de demolición completaron la tarea antes de que Guernica fuese conquistada por los tradicionalistas el día 26. Pero el panorama era desolador.

   Vinieron luego los errores en las noticias de uno y otro bando que contribuyeron a hacer de Guernica un símbolo de la crueldad alemana. Indalicio Prieto dijo a los periodistas que Göring había dado expresamente la orden para demostrar el poder de la Luftwaffe. El mando alemán negó al principio que se hubiese producido tal ataque y el Cuartel General de Salamanca repitió la noticia diciendo que eran los mineros asturianos los que habían "demolido la Villa Foral carlista y, por vasca, españolísima". Las mentiras suelen perjudicar a quienes las utilizan. En los informes que el día 27 el mando alemán pasó a sus superiores se hablaba de una operación rutinaria.

   Gracias a los estudios de Vicente Talón, Brian Crozier, Salas Larrazábal y Ángel Viñas, estamos en condiciones de movernos con más precisión. La  preparación de la operación fue seria y llegaron a emplearse bombas de 250 kilos. la orden fue dada por el mando alemán, que no consultó ni a Mola ni al Cuartel General de Salamanca. Richthofen, que dirigía el ataque, llamó a las seis de la mañana al general Vigón yle dijo que iba a operar sobre Guerricaiz. Ninguna orden vino de Berlín. El Cuartel General de Salamanca creyó que el bombardeo se había producido el día 27 y el mando alemán pudo responder que nada se había hecho en dicha fecha; de ahí nació el despropósito de culpar a los mineros asturianos, que, en fecto, destruyeron instalaciones militares al retirarse. Cuando Franco tuvo, al fin, noticia de lo sucedido, montó en cólera y llamó al agregado militar Hans von Funck para decirle que "bajo ninguna circunstancia consentiría una guerra total contra su propio pueblo". De modo que Guernica influyó negativamente en las relaciones entre el franquismo y el Eje.Sperrle fue relevado y se dispuso que en adelante la Legión Cóndor operaría bajo el mando superior español. 

   Quedó demostrado que la precisión en los bombardeos era aun muy escasa; los aviones habían equivocado el objetivo. Se aprovechó la experiencia para perfeccionarla sin atender al coste de vidas no militares. Londres, Leningrado, Leipzig o Hiroshima lo demostrarían. en septiembre de 1937 una comisión presidida por el ingeniero Estanislao Herrán, en la propia Guernica, pudo precisar el daño de las bombas y de las demoliciones; su informe coincide con el que Arvhibald Jones envió a Londres pocos días después de la conquista de la ciudad. Se silenció el informe de Herrán para no resucitar la cuestión. Algunos testigos dijeron haber visto la cruz gamada en los aviones; esto es falso, ya que todos operaban con insignia española. Vascos y navarros que pertenecían a las filas de los nacionales también mostraron su disgusto, aunque el árbol de Guernica, ahora custodiado por boinas rojas, no había sufrido dañosCoincidimos con lo que dijeron Ricardo de la Cierva y Luis María Olaso. "Nadie ha podido demostrar jamás la existencia de una orden de Franco para destruir Guernica, porque tal orden nunca existió". Dos fueron los daños que este sufrió: que se ensayara en España el procedimiento de bombardeos destructivos y ocultar o tergiversar el suceso.

   Guernica se ha convertido en capítulo esencial para la propaganda contra Alemania. El 28 de abril un periodista británico, L. Steer, que nunca había estado en Guernica o sus alrededores, publicó en el Times y en el New York Times una crónica culpando de todo a los alemanes. Nadie mencionaba a los italianos que formaran la primera oleada. Llegaría a decirse que el ataque había tenido lugar en día de mercado, algo suspendido radicalmente a causa de la guerra. Puntualicemos también que se estaban produciendo bombardeos peores. El presidente vasco, Aguirre, nos ayuda a entender la singularidad diciendo que "los aviadores alemanes al servicio de los rebeldes españoles han quemado la ciudad histórica venerada, mostrando una vez más que Euskadi no puede esperar nada de quienes no vacilan en destruir el país". De ahí que el padre Olaso no acudiera a la cita con el enviado vaticano, de modo que el proyecto de negociación no llegó siquiera a iniciarse.

   Miembros de la Legión Cóndor se mostraron desolados: no era eso lo que se buscaba. El 28 de abril, poco antes de abandonar el mando, Sperrle trató de justificarse ante sus superiores: "Las órdenes para los Ju52 del K/88 el 26 de abril eran la siguientes, atacar un puente y cruce de carreteras al este de Guernica. Los K/88 y VB/88 han informado que según observación no cayeron bombas en la ciudad. Ya había incendios en la ciudad antes del ataque". Así se cerraba el círculo de errores que contribuían a incrementar la desconfianza de Franco hacia sus posibles aliados. Por Europa circuló la versión de que miles de personas habían muerto por la crueldad alemana. Sin pretenderlo se estaba descubriendo una verdad; en la próxima guerra las víctimas civiles superarían a las militares. 


 La Guerra Civil Española
Hugh Thomas

   A las cuatro y media de la tarde, un repique de campanas de la iglesia anunció que se acercaban aviones. Anteriormente, la región ya había sufrido algunas incursiones aéreas, pero Guernica no había sido bombardeada. No tenía defensas antiaéreas de ningún tipo. A las cinco menos veinte, un Heinkel 111 (un nuevo y rápido bombardero alemán, con capacidad para transportar 1400 kilos de bombas), pilotado por el comandante von Moreau, bombardeó el pueblo, desapareció y volvió a presentarse con otros tres aviones del mismo tipo. Después de los Heinkel se presentaron tres escuadrillas de los viejos espectros de la guerra española, los Junker 52 -23 aviones-, algunos nuevos cazas Messerschmidt BF-109, y otros cazas más antiguos, Heinkel 51. Los cazas cumplían una doble función, debían escoltar a los bombarderos, pero también ametrallar a toda la gente que vieran, volando a baja altura. Varias oleadas de aviones lanzaron bombas incendiarias, poderosos explosivos y bombas de shrapnel, con un peso total de 50.000 kilos. En el bombardeo participaron 43 aviones; los Junker iban dirigidos por los tenientes von Knauer, von Beust y von Krafft. El centro de la población quedó destruido y envuelto en llamas. La casa de juntas vasca y los restos del famoso roble, que se encontraban lejos del centro, sin embargo quedaron intactos. Igual que la fábrica de armas que había a las afueras de la población. Murieron muchas personas, tal vez mil, aunque los acontecimientos que se produjeron a continuación hacen imposible afirmar con seguridad el número exacto de muertos. Muchas más quedaron mutiladas o heridas. También es posible que participaran en las últimas fases del bombardeo algunos aviones italianos. 

   Estos hechos fueron confirmados por todos los testigos presenciales, incluidos el alcalde del pueblo y el cónsul británico, así como por los corresponsales extranjeros -principalmente ingleses- que entonces estaban en el País Vasco. Pero Bolín, el jefe del departamento de prensa nacionalista en Salamanca, manifestó el 27 de abril, que los vascos habían volado su propio pueblo.

   Mientras tanto, el 28 de abril Durango, y el 29 de abril Guernica, cayeron en manos de los nacionalistas sin mucha resistencia. El general Solchaga ejecutó al jefe vasco hecho prisionero, coronel Larch, y a tres miembros de su estado mayor, tras un consejo de guerra sumarísimo. Los periodistas extranjeros que se encontraban con los nacionalistas fueron informados de que, aunque se habían encontrado en Guernica "algunos fragmentos de bombas", los daños habían sido causados principalmente por incendiarios vascos, con el fin de inspirar indignación. El 4 de mayo, un nuevo informe nacionalista dijo que, naturalmente, en Guernica había señales de fuego después de "una semana de bombardeo artillero y aéreo". También admitía que Guernica había sido bombardeada intermitentemente durante un periodo de tres horas. Diez días después, se encontró la palabra "Garnika" en el diario del 26 de abril de un piloto alemán derribado por los vascos. El piloto explicó, sin convencer a nadie, que aquello se refería a una chica que había conocido en Hamburgo. Unos meses después, otro comunicado nacionalista reconocía que el pueblo había sido bombardeado, pero afirmaba que los aviones eran republicanos. Las bombas -decía- habían sido fabricadas en territorio vasco, y las explosiones habían sido causadas poniendo dinamita en las alcantarillas. Pero, en agosto, un oficial nacionalista reconoció ante un reportero de The Sunday Times que Guernica había sido bombardeada por su bando: "Desde luego, la bombardeamos y la bombardeamos [...] bueno, ¿y por qué no?" Años más tarde, el as de la aviación alemana Adolf Galland, que se incorporó poco después  a la Legión Cóndor, fue el primero en reconocer que los responsables habían sido los alemanes. Sin embargo, arguyó que el ataque había sido un error, debido a los malos observadores de bombardeo y a la falta de experiencia. Los alemanes -decía Galland- querían destruir el puente que había sobre el río, erraron el blanco completamente, y por equivocación destruyeron el pueblo. Hay otros alemanes, entre los que se cuentan algunos que tomaron parte en el ataque, que defienden esta idea. El viento, dicen, hizo que las bombas se vieran impulsadas hacia el oeste. De hecho, Guernica era un objetivo militar, puesto que se trataba de un centro de comunicaciones próximo a la línea de batalla, en realidad, casi al alcance de la vista de las columnas nacionalistas, que se encontraban unos kilómetros más al sur. Los soldados republicanos en retirada solo podían huir hacia el oeste con cierta facilidad si pasaban por Guernica, porque el puente que había en las afueras del pueblo, sobre el río Oca, era el último antes del mar. Pero, si el objetivo primario de la Legión Cóndor era destruir el puente, ¿por qué Richthofen no utilizó sus bombarderos Stuka, que atacaban en picado y con gran precisión, si tenía un pequeño número de éstos en Burgos? Además, ¿por qué se montó una expedición tan especialmente devastadora? Como mínimo, uno de los objetivos que tenía en su mente (aunque no figurara en su diario) debía de ser el causar el máximo pánico y confusión entre la población civil, así como entre los soldados. El uso de bombas incendiarias demuestra que se pretendía destruir edificios o personas además del puente, aunque es posible que von Richthofen no previera que el fuego iba a extenderse tan rápidamente por las estrechas calles de Guernica, y también es posible que el polvo y el humo de las explosiones causadas por los Heinkel impidieran a los pilotos de los Junker la visión clara (o ni siquiera confusa) del puente. El hecho plenamente atestiguado de que ametrallaran a las personas que salían corriendo del pueblo difícilmente encaja en la versión que explica el ataque como un intento de destruir el puente. 

   Además, el diario de von Richthofen indica que el coronel Juan Vigón, jefe del estado mayor de Mola, estaba enterado del proyecto, con antelación al ataque: los dos habían conferenciado sobre el tema los días 25 y 26 de abril, aunque quizá "sin informar a la autoridad superior".

   Sin embargo, es justo reconocer que el ataque aéreo formaba parte de un conjunto de operaciones muy relacionadas con la campaña en curso; y que no hay evidencia directa de que los alemanes estuvieran enterados de la importancia que tenía Guernica para el pueblo vasco, ni de que los militares nacionalistas españoles, que evidentemente sabían lo que representaba Guernica para los vascos, supieran que el ataque aéreo iba a ser tan horripilante. Ni siquiera hay evidencia de que Vigón supiera que el ataque aéreo iba a ser tan devastador, ni de que Franco, Mola, o incluso Sperrle, discutieran de antemano el ataque que se planeaba: por entonces, como veremos, Franco, en realidad, estaba muy preocupado con los problemas de la Falange y Hedilla, y puede que incluso fuera difícil de localizar. Puede que Mola, Sperrle, e incluso Vigón, los días 25 y 26 de abril, también estuvieran preocupados por la crisis política interna, que en aquellos momentos era sumamente aguda. Dicen que Mola quedó muy impresionado cuando llegó a Guernica, el 29 de abril. también se ha dicho que Franco se enfureció con los alemanes cuando se enteró de las consecuencias del bombardeo. Puede que esto sea cierto, porque el hecho es que, a partir de entonces, no volvió a producirse ningún otro bombardeo del tipo de Guernica en el País Vasco, y, en realidad, la Legión Cóndor nunca volvió a intentar nada parecido al "bombardeo de zona" sobre ciudades indefensas. 

   Guernica dio lugar a una apasionada controversia internacional. A primeros de año, el pintor Picasso había recibido el encargo de pintar un mural para el pabellón del gobierno español en la exposición universal de París. Ahora se puso a trabajar en una representación de los horrores de la guerra expresados por la destrucción de Guernica, en una pintura que es probablemente la más famosas de todas sus obras. Después de ser exhibida en París, en 1937, por primera vez, fue enviada al Metropolitan Museum de Nueva York. Entretanto, el mando nacionalista y los alemanes , impresionados por lo que habían hecho, y preocupados por las posibles repercusiones, montaron una complicada campaña de disimulo. Anteriormente nunca se había producido un bombardeo aéreo como aquel. Los propagandistas de ambos bandos tomaron posiciones que ya no abandonarían jamás. Así como un corresponsal de The Times, George Steer, se mostró dispuesto a escribir tan explícitamente la versión vasca de los hechos, James Holburn, corresponsal del mismo periódico inglés en el bando nacionalista, cuando entró en el pueblo con el tren de bagajes de Solchaga, escribió: "los pocos cráteres que inspeccioné habían sido causados por la explosión de minas". Veinte sacerdotes vascos, uno de los cuales había sido testigo ocular del bombardeo, y entre los que se contaba el vicario general de la diócesis, escribieron al papa diciéndole quién había destruido Guernica. Dos de ellos, los padres Pedro Menchaca y Agustín Isusi, respectivamente, fueron al Vaticano con esta carta. La entregaron, pero solo fueron recibidos por el cardenal Pacelli, el secretario de Estado del papa, a condición de que no mencionaran el motivo que les había llevado a Roma. Cuando fueron recibidos, los vascos no pudieron reprimirse y empezaron a hablar de Guernica. Encontes, Pacelli, comentando fríamente que "la Iglesia es perseguida en Barcelona", los acompañó hasta la puerta.

   Durante una generación se mantuvo la versión nacionalista de estos hechos. Seguían vivos los que habían dado aquella versión en su momento, como el capitán Luis Bolín. Hasta 1970, cuando ya habían muerto, o habían dejado de tener influencia, y empezaron a ser accesibles los documentos del gobierno, no se reconoció que Guernica había sido bombardeada desde el aire. Así y todo, continuó sosteniéndose a menudo que los vascos habían rematado lo que los alemanes no habían hecho más que empezar.