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La geopolítica de Rusia, Aleksandr G. Duguin


Información y venta del libro : Editorial Hipérbola Janus

- En política exterior, los bolcheviques , encabezados por V.I. Lenin y L.D. Trotsky, siguieron sucesivamente una orientación pro-alemana. 

- El fin de la primera guerra mundial produjo el siguiente equilibrio de poderes: Rusia perdió ante Alemania y Austria-Hungría, y esta pérdida fue fijada por las condiciones del tratado de Brest-Litovsk. Los costes de este tratado fueron importantes, pero como los bolcheviques tenían una orientación pro-Alemana, Rusia no pudo aprovechar el hecho de que Alemania, en su momento, perdió ante Francia e Inglaterra. Como resultado de ello, el 28 de junio de 1919, en el palacio de Versalles, un tratado de paz fue firmado por Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Italia y Japón, por un lado, y Alemania en el otro, determinando el orden internacional para la década siguiente. 

- El tratado de Versalles fue humillante para Alemania, privándola, en lo esencial, del derecho a realizar una política independiente, de tener un ejército propio, de desarrollar su economía, y para restablecerla en el plano internacional. Además, se obligó a Alemania a que hiciera concesiones territoriales importantes y extremadamente dolorosas. 

- Desde Versalles empieza también la historia de la geopolítica alemana, relacionada con el nombre y la escuela de Karl Haushofer. 

- Desde 1922 Rusia adopta un nuevo nombre y se convierte en “La Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas”. Si al principio los bolcheviques acogen con neutralidad las demandas de los pueblos minoritarios del Imperio Ruso respecto a la creación de su propio Estado, en la década de 1920 prevaleció una tendencia centralista que recibió el nombre de “la política nacional de Stalin”. El rumbo fue tomado gradualmente para establecer el socialismo en un país, el cual demandaba el fortalecimiento del poder Soviético en el más amplio espacio. Por esta razón, los bolcheviques volvieron básicamente a la política Zarista de una orientación centrípeta y al reforzamiento de la unidad administrativa de Rusia. En este momento, esta política fue formulada a través de una construcción ideológica completamente nueva que estaba fundada en el internacionalismo proletario, la igualdad de todos los pueblos y la solidaridad de clase de todos los proletarios de todas la nacionalidades. Pero su esencia geopolítica permaneció como antes: Los bolcheviques reunieron las tierras del antiguo Imperio Ruso a lo largo del Corazón de la Tierra como un núcleo geopolítico. Desde un punto de vista sociológico, esta unificación procedió bajo lemas anti-burgueses y “espartanos”, en la base de un nuevo sistema de valores.

- Se habla de un momento de transición, de la implementación de una revolución proletaria en un país como primer paso en una serie completa de revoluciones en otros países y el principio de un proceso planetario de revolución mundial y universal. 

- Tras la llegada de los nazis al poder en 1933, el siguiente equilibrio geopolítico de poderes, toma efecto en el mundo: por un lado, tenemos la poderosa Unión Soviética (del gran continente eurasiático), mandada por completo y de forma autocrática por Josef Stalin. Este es el Corazón de la Tierra, el núcleo de la fuerza continental global. 

En el oeste, dos bloques de gobiernos se forman de nuevo, como al final de la primera guerra mundial.

1. La alianza talasocrática de Inglaterra, Francia y EEUU, así como los países del este de Europa que pertenecen al “cordón sanitario” y están bajo el control de la talasocracía (Polonia y Checoslovaquia). 

2. El contienente europeo, los Estados telurocráticos, encabezados por la Alemania Nazi, la Italia Fascista y también por los países ocupados por ellos o por sus aliados. 

- Así, los representantes de los tres poderes geopolíticos y tres ideologías, chocaron unos contra otros en la Segunda Guerra Mundial. El Corazón de la Tierra estaba representado por la Rusia soviética, Stalin y el socialismo (marxismo). El poder del Mar, por la coalición de Inglaterra, USA y Francia, unida bajo una ideología democrático-burguesa. El poder continental de Europa (Europa central) estaba representado por los países del Eje (El Tercer Reich, la Italia fascista y sus satélites) y por la ideología de la “Tercera Vía” (Nacional-Socialismo, Fascismo, tradicionalismo bushido japonés).

- En junio de 1944, los aliados abrieron un segundo fuerte que empeoró, en cierta medida, la posición militar de Alemania, pero no ejerció una influencia decisiva en el balance de poderes y en el curso de la guerra. 

- Los resultados geopolíticos de la Gran Guerra Patriótica son los siguientes. El poder continental Europeo, Alemania, sufrió una aplastante derrota, dejando la escena del mundo político para muchas décadas. La parte terrestre, continental, de la política Europea fue paralizada por largo tiempo. Al mismo tiempo, el Nacional-Socialismo y el Fascismo fueron, a un nivel ideológico, proscritos decisivamente, y los juicios de Nuremberg promulgaron una sentencia no solo sobre actores políticos de Alemania, responsables de crímenes contra la humanidad, sino en toda su ideología, que fue reconocida como criminal. 

- Del 4 al 11 de febrero de 1945 fue celebrada la Conferencia de Yalta entre Stalin, Churchill y Roosevelt, donde fueron discutidos los principios de la política de post-guerra y la estructura bipolar del mundo fue formalmente fijada. Churchill y Roosevelt representaban el mundo anglo-sajón, el eje anglo-americano, que se convirtió en un centro unificado y estratégico, núcleo de la sociedad Atlántica y de la talasocracia. Stalin habló en solitario, en nombre de la URSS como un gran Imperio Eurasiático global. Este orden mundial bipolar recibió el nombre del mundo de Yalta. 

- Al mismo tiempo, la tercera fuerza, como representación del centro continental Europeo y la ideología de “la Tercera Vía”, desapareció para siempre (o al menos por un largo tiempo, que así continúa hasta el presente día).

- El colapso de la URSS, que dejó de existir en 1991, puso fin al periodo soviético de la geopolítica de Rusia. Esta etapa terminó con tan dura derrota, que no existen precedentes análogos en la historia de Rusia; ni tan siquiera la caída en la completa dependencia bajo el poder de los mongoles, pues incluso ésta fue compensada por la integración en un modelo político-gubernamental de persuasión telurocrática. En el caso presente, estamos tratando con la impresionante victoria de los principios de toda telurocracia, con la devastadora derrota de Roma y el triunfo de la nueva Cartago. 

- La desintegración de la URSS significó, desde el punto de vista geopolítico, un evento de colosal importancia, que afectó a toda la estructura del mapa geopolítico global. Conforme a sus características geopolíticas, la confrontación de este y oeste, el ámbito capitalista y el socialista, con su núcleo en la URSS, representaba la expresión del profundo proceso de la gran guerra de continentes, un duelo planetario entre la civilización de la Tierra y la civilización del Mar, que se elevaba hasta el más alto grado de intensidad y a escala global. Toda la historia precedente conducía al tenso apogeo de esta batalla, que recibió precisamente en 1991 su resolución definitiva. En este momento, junto con la muerte de la URSS, tuvo lugar el colapso de la civilización de la Tierra, el baluarte de la telurocracia se desmoronó, el Corazón de la Tierra recibió un golpe fatal. 

- Durante este periodo (1970-1980), la campaña de propaganda en relación con la denuncia de las “represiones de Stalin” y el régimen totalitario soviético, alcanza su cumbre, e incluso los círculos políticos izquierdistas prefieren aceptar esta crítica para permanecer en el espacio de la corrección política. 

- En lugar de fortalecer su influencia sobre el movimiento izquierdista mundial, en beneficio de su interés geopolítico, la URSS adopta estos tópicos de la propaganda, que fueron inculcados en este movimiento por los poderes pro-capitalistas y burgueses, interesados en el debilitamiento de la civilización de la Tierra y el fortalecimiento de la civilización del Mar (los EEUU).

- Los representantes de la Cuarta Internacional, los trotskistas, jugaron en esto un papel importante. Siendo oponentes radicales de Stalin y su política de construcción del socialismo en un país ya desde las décadas de 1920 y 1930, los Trotskistas hicieron de la URSS su principal enemigo, y en la lucha contra ésta, se dieron en solidaridad con cualquier poder, incluyendo aquellos que ellos consideraban como sus “enemigos de clase”.

- Gorbachov no hizo ningún esfuerzo efectivo para preservar la URSS. 

- Para asegurar finalmente su éxito en la lucha por el poder, sólo le quedaba una cosa a Yeltsin por hacer: Defenestrar a Gorbachov de una vez por todas. Para ello era necesario disolver la URSS. 

- La nueva arquitectura de las relaciones internacionales, construida sobre el dominio único de los EEUU, reemplazó la bipolaridad anterior. Esto significó, en primer lugar, que se preservó la estructura general del mundo bipolar, pero al mismo tiempo se produjo la retirada de uno de sus dos polos. el grupo socialista y su expresión militar-estratégica, el Pacto de Varsovia, se disolvió a finales de la década de 1980; y en 1991 se disolvió la Unión Soviética. Pero al mismo tiempo, el grupo capitalista, que se agrupaba en tiempos de la “Guerra Fría” en torno a los EEUU, el bloque militar de la OTAN y la ideología capitalista-burguesa (que dominaba en el oeste), se mantuvo por completo. Sin embargo, los líderes soviéticos en la era de Gorbachov, podían haber intentado la presentación de un nuevo sistema de relaciones internacionales “respondiendo a los intereses de la URSS”; un análisis imparcial muestra: El oeste derrotó al este; Los EEUU a la URSS; el sistema capitalista al socialista; la economía de mercado a la economía planificada. 

- Las pérdidas de Rusia durante la administración de Yeltsin, las perdidas territoriales (la caída de la URSS), la catástrofe social e industrial, la llegada al poder de elementos corruptos, criminales y agentes bajo la influencia de EEUU; todo esto fue algo inaudito y sin precedentes, tanto en relación a su escala como por la reacción pasiva de la población, así como por su duración. Los años 90 supusieron una monstruosa catástrofe geopolítica para Rusia. Desde un polo del mundo multipolar y la civilización de la Tierra, que había extendido su influencia sobre la mitad del planeta, Rusia se transformó en un Estado inferior, corrupto, en fase de desintegración y de tercera fila, perdiendo rápidamente su autoridad en el contexto internacional y quedando al borde de la desaparición completa. 

- Por supuesto, no podemos culpar de esto exclusivamente a Yeltsin; su camino fue preparado por Gorbachov y sus reformas, y también por un amplio grupo de agentes de influencia pro-occidental, partidarios de reformas liberales, o simplemente actores absolutamente incompetentes, corruptos e ignorantes. Pero tampoco se le puede absolver de la culpa: Sin esta personalidad, escasamente consciente del verdadero significado de los acontecimientos que se habían desarrollado a su alrededor y sin haber entendido lo que el mismo estaba haciendo y hacia dónde estaba conduciendo su política, no queda claro si los reformistas podrían haber implementado con éxito sus acciones destructivas y subversivas, que asestaron al país un golpe tan colosal. 

- En este periodo, Yeltsin empieza a reconocer la gravedad de su situación, y la situación de la oligarquía corrupta y su élite pro-occidental (“los siete”). Yeltsin busca febrilmente un sucesor, pero entiendo con tiempo que Serguéi Stepashin, nombrado Primer Ministro de Rusia en el periodo que va desde mayo hasta agosto de 1999,no está capacitado para poder asumir la situación. Y en este momento Yeltsin toma una elección a favor de un burócrata poco conocido, antiguo teniente-alcalde de San Petersburgo Anatoly Sobchak, y después líder del FSB (Servicio de Seguridad Federal) de la Federación Rusa, Vladimir Vladimirovich Putin. En agosto de 1999, Yeltsin, inesperadamente para muchos, le nombra Primer Ministro en funciones y su sucesor al frente de la Presidencia de la Federación de Rusia. Esta elección cambiará sustancialmente el posterior destino geopolítico, y se convierte en el inicio de un cambio brusco de todas las orientaciones tomadas hasta entonces. Putin llega al poder en un momento en el cual parece que nada detendrá la caída de Rusia hacia el abismo. 

Una vez asumido el cargo, Putin centra su atención, en primer lugar, en Chechenia y la guerra que estalla en Daguestán. Así empezó la segunda campaña chechena. 

- Vladimir Putin tomó una firme posición, determinada a poner fin a la cadena destructiva de catástrofes geopolíticas, superó la profundísima crisis, restableció las posiciones perdidas, y de este modo abrió una nueva página en la historia geopolítica de Rusia. 

- Putin probablemente calculó que el Islam radical de los taloneas afganos era una amenaza sustancial para Rusia y los países de Asia central. 

- Tras recibir el apoyo de Rusia, los EEUU, ahora sin ningún tipo de razón, invadieron Irak después de Afganistán y también ocuparon este país, lo que provocó una protesta natural desde Rusia, Francia y Alemania. Esta coalición anti-americana recibió el nombre de “el eje París-Berlín-Moscú-, y al poco tiempo parecía que estaba creándose un bloque multipolar europeo-eurasiático, apuntado hacia la contención de la hegemonía unipolar americana. 

- El eje París-Berlín-Moscú representaba un perfil de alianza telurocrática. 

- En cualquier caso, la invasión de Irak mostró que los EEUU actúan sólo en su propio interés, y  no piensan en tomar a Rusia en consideración, a pesar de las concesiones de Rusia a Afganistán. Además, Washington nunca suspendió su apoyo a los separatistas chechenos y caucásicos y Zbigniew Brzezinski explicó bastante cínicamente que solamente aquellos que luchan contra los EEUU deberían ser reconocidos entre los “terroristas internacionales”, mientras que aquellos que debilitan a los competidores y adversarios de los EEUU (en particular, los fundamentalistas del Cáucaso norte) deben ser excluidos de esta categoría y equiparados con “luchadores por la libertad”. 

- La reacción al discurso de Múnich de Putin en el oeste y en EEUU fue extremadamente negativa; la mayoría de atlantistas y expertos empezaron a hablar de una renovación de la “Guerra Fría”. De hecho, Putin demostró que él es consciente de que la gran guerra de continentes no ha cesado y que hoy nos encontramos en su etapa siguiente. Tras esto, muchos estrategas occidentales finalmente empezaron a ver en Putin la personificación de un adversario geopolítico, la imagen tradicional del “enemigo ruso”, que se ha formado a través de la historia de la confrontación geopolítica del Mar y la Tierra. 

- En este periodo empieza el proceso que recibió el nombre de “el reinicio” en la prensa internacional, y que significó el estrechamiento de las relaciones entre Rusia y los EEUU tras un periodo de enfriamiento, relacionado con la era de Putin. “El reinicio” propuso la armonización de los intereses  de ambos países y la implementación de operaciones comunes en los casos en que ambos países tuvieran similares planteamientos regionales. En la práctica esto se concretó en las siguientes acciones:

1) El apoyo de Rusia para las operaciones militares de EEUU y la OTAN en Afganistán. 

2) La firma del nuevo tratado START (Tratado de Reducción de Armas Estratégicas) para la reducción de armas estratégicas. 

3) La cancelación de Rusia en las entregas de cierto tipo de armamento a Irán. 

4) El apoyo de Rusia a las políticas de los EEUU y la OTAN en el mundo árabe (en particular, la renuncia del veto en el Consejo  de Seguridad de la ONU a la resolución sobre Libia, que condujo a la intervención militar de los EEUU y la OTAN en este país y derrocó al régimen de Gadafi). 

- Además de estos pasos, que engendra dieron algunas ventajas concretas a los EEUU y prácticamente ninguna a Rusia, no hubo movimientos serios en las relaciones Ruso-Americanas durante el periodo de la presidencia de Medvedev. Al mismo tiempo, los EEUU continuaron expandiendo el programa de defensa de misiles antibalísticos en Europa, a pesar de las protestas de Rusia, cambiando sus planes sólo porque afectaba directamente los procesos de negociaciones con aquellos países de Europa oriental. Además, los EEUU instalaron un cierto número de elementos de los sistemas de defensa de misiles antibalísticos en Turquía, en estrecha proximidad con la frontera rusa. 

- El ciclo geopolítico que Putin empezó en otoño de 1999, inmediatamente posterior a su llegada al poder, no ha terminado. En función de sus características fundamentales, representa un movimiento en una dirección enteramente diferente a la del vector que comprende la estructuración de la geopolítica de Rusia desde la segunda mitad de la década de 1980 hasta finales de la década de 1990 (la era Gorbachov-Yeltsin). Putin desaceleró el movimiento que conducía inevitablemente y por inercia, al total debilitamiento de Rusia y su destrucción geopolítica final, y empezó la complicada maniobra para revertir esta tendencia. Pero esta maniobra no ha sido consumada hasta alcanzar su final lógico, y el destino histórico del gobierno y de la civilización de la Tierra en su conjunto, el Corazón de la Tierra, Rusia-Eurasia, permanece abierto. 

- La lógica espacial de la formación histórica del Estado Ruso se revela de forma inequívoca. Esta lógica se puede resumir en la siguiente formulación: La expansión hacia las fronteras naturales del noreste de Eurasia (Turania), con la perspectiva de extender su zona de influencia más allá de sus limites, hasta alcanzar la totalidad del planeta. Esta es la principal conclusión que podemos trazar base a una consideración de todas las etapas de la historia política rusa, desde el surgimiento del gobierno de Kiev hasta la actual Federación de Rusia y el espacio post-soviético. 

- Está bastante claro que la posición geopolítica de Rusia tras las reformas de Gorbachov, el colapso de la URSS y el periodo del mandato de Yeltsin, son  un paso atrás regular y casi catastrófico, un movimiento inverso, un fallo de la matriz geopolítica que se estaba desarrollando a lo largo de todas las etapas previas sin excepción, en la dirección de la expansión sobre el territorio (espacio). Desde el principio hasta el final de la década de 1980, Rusia empezó a perder posiciones rápidamente en el espacio global del mundo, que habían sido conquistadas con tanta dificultad y al coste de tantas fatalidades a lo largo de muchas generaciones del pueblo ruso. Las perdidas que sufrimos en este tiempo no son comparables con la Era de los Problemas o con las consecuencias del tratado de Brest-Litovsk. Incluso las campañas de Napoleón y Hitler, que infringieron innumerables muertes, fueron de corta duración, y las pérdidas territoriales fueron restauradas rápidamente y recuperadas con un amplio margen. Precisamente, en este reside la singularidad del ciclo geopolítico actual: Periodos inusualmente largos (para la historia rusa), las pérdidas no se compensan por alguna adquisición, y la parálisis catastrófica del estado de autoconciencia no es contrarrestado por alguna personalidad deslumbrante, por líderes adecuados u operaciones exitosas. Esto genera una angustia, bien fundada, sobre la condición en que se encuentra la misma Rusia a día de hoy y la percepción sobre el futuro. El análisis más desapasionado e imparcial de la geopolítica de Rusia, muestra que la posición de hoy es una patología, una desviación de las líneas  de fuerzas naturales e innegables del devenir histórico. Podemos considerar las invasiones mongolas como la única analogía relacionada con la perdida de independencia durante dos siglos; pero incluso esta se compensó por el hecho de que sobre el transcurso de ese periodo, Rusia se impregnó en la experiencia de la telurocracia continental Euroasiática; una lección que aprendimos bien, y en la base a la cual se edificó, posteriormente, su poder planetario. Cómo Gorbachov y su circulo de incompetentes perdieron la “Guerra Fría”, cómo los ingenuos reformistas (por no decir imbéciles) del periodo Yeltsin, se alegraron por el colapso de la URSS y la perdida de soberanía de Rusia, hasta del establecimiento del control extranjero y atlantista del país, lo cual es sorprendente, si lo comparamos con el crecimiento estable en los avances territoriales que tuvieron lugar a lo largo de toda la etapa zarista, prácticamente, sin excepción; así como en todos los ciclos de la era soviética. en términos generales, y en relación a los soberanos rusos, los nombres de Gorbachov y Yeltsin pueden estar solamente junto a los nombres de Yaropolk, Dimitri el Falso, Shuysky o Kerensky. Sus personalidades y sus políticas, fueron un completo fracaso sin retribución alguna. 


- La reintegración en el vector histórico natural se produjo únicamente con la llegada de Putin al poder, cuando el proceso en la cadena de colapsos se detuvo -y de este modo, también, la muerte y fin definitivo de Rusia- o al menos se pospuso. Pero las contradicciones de la era de Putin, y especialmente, en el periodo de mandato de Medvedev, a veces recuerdan a las formas de los tiempos de Gorbachov y Yeltsin; no nos permite estar seguros de que las problemáticas recurrentes se hayan dejado atrás, y que Rusia entre de nuevo en su órbita natural y continental euroasiática. Queremos creer en esto, pero no hay suficientes motivos para afianzar tal creencia. Todas las reformas geopolíticas de Putin, positivas en el más alto grado, tienen un defecto sumamente importante: No son irreversibles, no pasaron el punto de no retorno; y, en consecuencia, están preparadas para caer en cualquier momento ante aquellos procesos destructivos que prevalecieron durante el fin de la era soviética, y en la democrática década de 1990.

El hombre político, Arthur Moeller van den Bruck




- El ser humano desprecia por naturaleza la política, como los problemas, y sobre todo el dinero, de la economía y todos aquellos componentes, añadidos con disgusto, pero que todavía pertenecen a la necesidad vital de una nación. El hombre, el tipo de hombre que aquí presentamos, no se preocupa de estas cosas.

- La historia en su integridad, en estrecha conexión con la política conducida por los hombres de gobierno de un país, va más allá de la vida de los individuos. Los hombres políticos nacen en este contexto. ellos entran en un ámbito de experiencias políticas que llegan a ellos de siglos pasados. Ellos heredan estas experiencias de hombres, de pueblos, de problemas políticos que ellos resuelven con la capacidad de actuar en su tiempo y terminar su función. Por tanto, la política se vuelve Tradición. 

- Hay un Bismarck doble. Hay un segundo Bismarck, el Bismarck posterior a 1872, que no comprendía el sentido de su propia obra: el sentido europeo de la obra alemana. La verdadera fuerza fue la del primer Bismarck, el Bismarck anterior a 1872, el que se había mantenido allá en los cuarenta, de los ideologismos políticos, del nacionalismo democrático. Aquello que no pudo el entusiasmo lo pudo su sentido de la realidad. Allí donde los ideólogos debieron desistir él nos llevó hacia la Realpolitik

- La juventud no es un problema de edad. La juventud es una forma de entrega. La juventud quiere hacer mejor las cosas. La juventud es desconfianza frente a todo aquello que encuentra y que entiende que ha estado mal hecho. La generación de 1919 retoma el trabajo que ha sido errado en 1872. Las generaciones viven siempre en relación recíproca. Como la generación de 1872 continuó viviendo en la de 1888, así ahora los outsider de la generación de 1888 chocan con la generación de 1919. Ella recuerda la afirmación de Nietzsche según la cual los alemanes no han tenido todavía un “hoy”. Con ello el filósofo fue a la raíz del problema. 

- Nosotros hemos necesitado de una juventud que construya, no de aquella que destruye. 

- Un pueblo no está nunca perdido si comprende el sentido de su derrota. Pero los hombres que poseen tal comprensión no los encontramos allí donde el pensamiento permanece como inmovilizado. Los podremos encontrar, al contrario, allí donde se afirma un pensamiento totalmente nuevo. 

- Desde Versalles los alemanes de la frontera asentados a lo largo del Saar, del Rhin, llegando del Vístula hasta más allá de los confines, son invadidos por un áspero rencor, debido al contacto diario con el enemigo que ahora se encuentra dentro de los confines del Reich y que no es un simple ser humano, y como tal sensible y conciliador sino un francés, un belga o un polaco. Así el amargo grito tiene una motivación todavía más amarga: ¡Toda Alemania debería haber sido ocupada para que la nación comprendiese de una vez por todas qué le había ocurrido!

- Mientras que el alemán en la patria no querría admitir que la guerra mundial, para nuestros múltiples opositores, fue consecuencia de problemas económicos o de sentimientos anti-alemanes sobre la base de una política de potencia, el alemán de más allá de nuestros confines ha visto cómo todo aquello fue conscientemente preparado. Mientras el alemán habitante de la propia tierra hoy reniega de las motivaciones que condujeron a la guerra.

- El alemán del extranjero sabe quiénes son los culpables por haberlos observado y conocido. 

- La guerra ha producido un alemán mejor, un alemán consciente: el alemán político, el 
único alemán que saber que el mundo de fuera es diferente de como lo había concebido. 
- El verdadero alemán que vive en el exterior no ha negado nunca la germanizad, siempre la ha reconocido. Sobre todo nunca ha compartido la francofilia de los intelectuales. Él conocía a los franceses como a los portugueses. Ve que estos pueblos no están a la altura de desarrollo de aquellos con los que les tocó competir para poder ser considerados verdaderamente colonizadores. Bien diferente era la situación de los ingleses. El inglés entró en competición con el alemán. Llegó a ser su antagonista. El alemán asumió de esto la gran práctica derivada de la vida de Ultramar. Pero lo hizo con el cuidado de darle una forma específicamente alemana, transformando la actitud del gentleman inglés en la propia del “hombre de mundo" alemán. En los latinos, el alemán había reconocido a los herederos de una pasada época colonial, demasiado decías para ser todavía conquistadores. En los anglosajones reconoció, por el contrario, a los representantes sobrevivimos de la época colonial, que llevaron ala idea, la experiencia y la capacidad del conquistador y estructurados moderno. 

- En el alemán emigrado convivían tradición idealista y la militar. Con él se estaba preparando un nuevo tipo de emigrado europeo, al cual se le podía dar crédito en aquello que él mismo creyó que podía hacer: produciendo una nueva época colonial diferente a la de los ingleses. 

- La paz de Versalles caza a los alemanes de aquellas tierras que creyeron que habían sido adquiridas definitivamente por la madre patria. Interrumpe además todas aquellas vías de explotación en el mundo, en las cuales los alemanes estaban interesados, y destruye el comercio moderno, el tráfico moderno. 

- El alemán continental no comprende todavía la guerra mundial. El alemán en el exterior la comprende. Ha sido una alemán del exterior el que ha pronunciado la palabra “guerra comprendida”, y todavía hoy es el único alemán en comprender, por experiencia propia, que la guerra ha sido una contraposición entre pueblos viejos y jóvenes, en la cual los pueblos viejos han vencido una vez más. El pensamiento de los pueblos jóvenes era el pensamiento que animaba a los alemanes que vivían en el exterior. En esto reside una particular tragicidad. 

- No seremos más alemanes en el exterior. Pero quizás la historia tenga preparada una venganza tardía. La guerra mundial ha dividido nuevamente la tierra. Pero vendrá el tiempo en el cual las partes del mundo pertenecerán a sí mismas. Y habrá sido la Guerra Mundial la que habrá producido estas transformaciones. En Oriente, China, India o Egipto quiero liberarse de la dependencia de Europa. Los dominios australianos serán un día australianos, o americanos más que ingleses. En Sudáfrica, hace poco que se han convertido en Boer. Cuando todos estos destinos se ejecuten, los alemanes en el exterior no serán más los hijos de aquellos europeos afanosos en la defensa de las últimas posesiones coloniales. El “fin de la época colonial” no les importan a los alemanes en otros países. Ellos, ya no están por la labor.


- Tanto Lutero como Von Hutten fueron las figuras decisivas para la formación de nuestra conciencia: tanto la Reforma como el Humanismo definieron el carácter nacional alemán y en términos políticos al nacionalismo. 

- Izquierda y derecha son palabras que han perdido todo su sentido ante la totalidad. Y quien ahora busca una vía a través de la cual acordarse, no ha hecho otra cosa que elaborar zonas comunes que quieren decir todo y no quieren decir nada. La totalidad se plantea solo para quien es capaz de ver en perspectiva: para quien toma distancia, para quien tiene una visión de conjunto, estos son los “outsider”.
El partido es mutable. Los partidos solamente ven su propia facción. Los partidos se interponen entre nosotros y la totalidad. Los partidos son una superestructura. Poco a poco los partidos han ido atando a las masas de modo que éstas han acabado por identificarse con la totalidad. Los partidos mismos son identificados con la totalidad. La totalidad misma ha sido partidocratizada. 

- Fue necesaria la acción de Bismarck, el outsider por excelencia, que con la voluntad debió doblegar la historia y que eligió la vía prusiana como la más directa para la edificación del Reich alemán. 

- El otro gran outsider, Nietzsche, al cual consideramos al último gran alemán de todos los tiempos, se dirigió contra este “bien pensar” alemán, se dirigió contra Alemania como Reich, contra el espíritu alemán, que él buscaba y que no encontraba más. La violencia que caracterizaba sus reacciones era el síntoma de una profunda insatisfacción hacía sí mismo, que se infundía en la secreta conciencia de que la nación y constituía la contrapartida de aquella profunda alegría que animaba su vida. 

- Los outsider son el punto avanzado, quizás también la superación de determinadas exigencias en determinadas direcciones. Pero ellos, con sus propios conocimientos son innovadores, dan estabilidad a su capacidad de decisión y coherencia al pensamiento. Son portadores, son anunciadores, son representantes de grandes visiones. Y justo en esto reside la garantía de una gran universalidad. 

- Marx ya reprimió la personalidad desde el momento que la sacrificó al principio de la clase social. El marxismo se quedó siempre con la respuesta culpable ante la pregunta sobre quienes fueron las fuerzas operantes sobre las fuerzas inactivas. La concepción histórica materialista, que pretende aclarar la historia a través de las clases, ha llegado a ser la peor educadora de la historia. El mal alcanzó su culminación cuando ante Marx se presentó Darwin. Se creyó entonces tener la prueba del hecho de que el desarrollo lo fuese todo, y el ser humano nada. Pero de aquello derivó solamente la fatal correlación entre el exiguo valor que el socialismo atribuye a la historia y el nivel de sus representantes. Faltaban los socialistas de mentalidad superior y más previsiones. De otro modo, el socialismo, como partido político no habría cometido tantos errores en el ámbito político-económico más allá de la dirección de la política mundial. 

- El socialismo ha negado también la concepción heroica de la historia, concepción en base a la cual sabemos que una crisis encuentra siempre a su hombre. 

- Hasta Hindenburg, que siempre permanecerá como el comandante en campo de la Guerra Mundial, no pudo impedir que la venciésemos sobre el campo de batalla pero que la perdiésemos en la mesa de negociaciones - o que la mesa de negociaciones no recibiese todo cuanto habíamos conquistado en la guerra. Faltaba una preparación política. Cuando Ludendorff buscó, durante la guerra, recuperar todo aquello que antes de la misma se había perdido, era ya demasiado tarde. Él mismo no estaba preparado para afrontar aquellos problemas que quería resolver. Su justificación tenía todavía carácter heroico. y cada vez que se piensa en Ludendorff se necesitan recordar las palabras de Nietzsche: “ Se debe rendir honor al fracaso, justamente porque ha sido tal - esto pertenece a mi moral.” Pero también la voluntad de la gran figura puede imponerse si coincide con la voluntad de los hombres implicados en la acción. 

- Marx se perdió en la idea del desarrollo; creía en el progreso. Pero, en efecto, la realidad no tiene un carácter progresivo, está caracterizada por momentos singulares de particular significado y valor. Y estos momentos no son producto d una masa homogénea, sino del individuo, de su carácter único e irrepetible. 

- Recibimos la democracia con la promesa de que todos los hombres dignos deberían tener la oportunidad de acceder a los altos cargos. Pero la democracia constituye, de hecho, solamente una cobertura a la mediocridad. Un demócrata no es nunca un hombre. Un demócrata es un demócrata. La revolución produce la república capitalista. 

- La necesidad por si misma no produce nada. La mediocridad, también la más mezquina, acaba siempre por encontrar su propio espacio. La mediocridad se afirma allí donde una nación gradualmente se apaga. El pueblo percibe hoy el engaño del que debería convertirse en víctima. éste  no tiene confianza en una democracia que, en nombre del pueblo, determina el ocaso de una nación. No tiene más confianza en la unión como medio de salvación, pero espera la intervención de cualquier elemento extraño, de una fuerza superior. 

- No basta con votar para obtener la salvación. Sería verdaderamente fácil si bastase con introducir una papeleta en una urna para alcanzar una vida satisfactoria. Por el contrario no se logra salir fuera de esta situación de crisis, de la cual ha nacido la revolución, y que no se quiere resolver porque no hay nadie capacitado para hacerlo. 

- Los grandes estadistas son aquellos que saben mantener bajo su poder en cada momento la realidad política de su propio pueblo. 

- List pensó de forma futurista, mientras que Bismarck lo hizo de manera histórica. List fue en realidad el primer futurista. 

- En la vida de los pueblos la política siempre es anterior, la economía viene después. La política, si se sigue el camino justo, viene realizada siempre por la política. 

- Nietzsche no rechazó nunca el militarismo como medio político para la causa alemana, a pesar de ser contrario por su naturaleza filosófica y personal. 

- El socialismo propugnado entre la clase trabajadora alemana se alimentó de un ingenuo pacifismo e internacionalismo, cosa que todavía hoy sucede. Pero también aquel estado fuerte que representó la nación ante el mundo, vivió del autoengaño exclusivamente alemán. No estuvimos a la altura de los acontecimientos, y tampoco pudimos aprender aquello que nos enseñaba nuestra historia y utilizar tales enseñanzas mientras pudimos. 

- Cuando la guerra irrumpió arrasando a todos los pueblos en su drama, nos encontramos, y no por primera vez, en una situación de legítima defensa. Nuestros padres no habían tenido en cuenta el hecho de que ocupábamos una región rodeada de otros pueblos que esperaba solamente el momento propicio para unirse y aniquilarnos. En consecuencia, nunca habíamos pensado como afrontar esta situación crítica. De modo que en situación de legítima defensa combatieron al límite, capacitados de tal modo para liberar a nuestra patria. Pero ahora hemos perdido de nuevo la libertad, ahora como hace 100 años, la policía francesa controla las ciudades alemanas, y nosotros, en memoria de la experiencia pasada, no nos hemos opuesto. 

- Renegamos de la idea de Káiser. Renunciamos a la bandera del Reich. Fundamos una democracia que nos mantiene en un estado de impotencia, que tiene mutilado a nuestro Reich, haciéndonos un pueblo mutilado y encadenado. 

- En su desorientación el pueblo distrae su mirada del presente y de los hombres del presente. No confía más en estos hombres. No se espera nada más de ellos. Los jóvenes piensan en el futuro como es su derecho. Pero el pueblo, el pueblo siempre apolítico, que a través de la revolución es sólo un pueblo desilusionado, piensa necesariamente de forma histórica, no utópica. Aquello que ha acontecido es su única certeza. De aquello que está por acontecer no tiene idea alguna. Y vuelve así su mirada al pasado: A un momento en que en Alemania había hombres que sabían manejar bien aquello que nosotros habíamos gestionado mal - hombres políticos que sabían tratar la batería política- mientras que para nosotros, debemos decirlo, desde hace cerca de cincuenta años las cosas no funcionan. 
Ahora nos preguntamos: ¿Qué ha pasado? La mirada del pueblo busca una figura que se muestre como modelo y símbolo de fuerza, figuras que faltan al hombre actual. Al unísono, sin un acuerdo previo en la elección de su héroe, su  mirada ha caído sobre el gran rey que triunfó en la guerra de los siete años: Federico. 



- La única certeza que tenemos es la gran capacidad bélica de nuestro pueblo. Un pueblo debe tener la fuerza necesaria para sobrevivir a su propio desastre. Sabemos que esto es posible. En la catástrofe hemos comprobado que somos un pueblo que ha construido su historia contra sí mismo ¿Será siempre así? Esta es la pregunta emblemática. 

- Los jóvenes saben porque Alemania ha perdido la guerra. El pueblo alemán ha sido el único que ha entrado en guerra sin una preparación espiritual. La guerra no se ha podido vencer porque la nación ha sido puesta ante la guerra sin ninguna conciencia política; porque el proletario no ha comprendido su función social, mientras que el proletario de las naciones enemigas tenía bien asimilado su rol en el ámbito de la nación. ¡Una nación superpoblada debería vencer la guerra si quería vivir! Ahora ésta se encuentra ante el largo, difícil y doloroso hecho de haber perdido el sentido de aquel gran desarrollo afirmado por la última generación. Y ello depende del hecho de que nos constituimos todavía una nación: por lo tanto, si queremos tener un lugar entre las naciones, debemos llegar a ser una nación. 

- Sólo cuando se eliminen los partidos podremos ser una nación. Y será posible, será un deber hacer que los jóvenes  se alejen de los partidos. Con su desafección, el crecimiento de los partidos se detendrá de golpe. Por lo que se percibe observando a los jóvenes, ese momento llegará pronto. El pueblo le seguirá. Por un lado, los viejos intereses particulares y, por otro, Alemania. El camino ya se ha sido abierto. 

- Privada de verdaderas ideas, la derecha se contenta con el puro pathos de la tradición a través de ideas conservadoras que no tienen nada de positivas reduciéndose a un conjunto de lugares comunes. 

En cambio, en la izquierda reinan todavía ideas utópicas. 

- Los jóvenes de derecha consideran que se puede realizar esa comunidad a través del “corporativismo”, mediante una “ideología de cuerpo comunitario”, según la definición dada por Max Hildebert Boehm. Por el contrario, los jóvenes de izquierda, razonan de forma científica, bajo la engañosa ilusión de que ocuparse de lo social significa ocuparse de cualquier cosa espiritual. En esto es además significativo como la derecha haya mantenido una relación con la Tradición que la izquierda no posee. 
Los jóvenes de derecha están hoy preparados para renegar de los últimos cincuenta años de la historia alemana, pero no de los siglos y milenios en los cuales se formó el principio germánico, del que todavía hoy nos alimentamos y que es parte viva de la historia alemana. 
Por el contrario, la juventud de izquierda tiene como experiencia los últimos cincuenta años de historia alemana: a pesar de que tal experiencia sea de partido y tenga un carácter internacional puede valer como experiencia concreta alemana. La diferencia entre los dos grupos llega a ser clara cuando los jóvenes de la derecha, buscando ir más allá del parlamentarismo, querían repetir una fase natural de la vida alemana, aquella sociedad de clases organizada en corporaciones, igual que en la Tradición medieval. 

- Esta juventud que piensa de manera utópica se contrapone a aquella que piensa de forma policial, porque ésta última razona de forma histórica. Utopía significa negar la historia. 

- La idea de los pueblos jóvenes constituye el principio que permitirá la redención de las naciones ganadoras. 

- ¿No hay pueblos que de forma inmediata han decaído definitivamente? ¿Y tal vez no se auto-aniquilaron en el momento en el que el “pueblo” tomó ventaja sobre la nación?

- Hoy vivimos en la peor de las democracias: en la democracia del individualismo. 


- Si el socialismo quiere llevar a cabo aquello que promete, lo cual significa una nueva fase, una nueva época de la humanidad, un Tercer Reich, su primer acto espiritual debe ser disociarse de la filosofía de la digestión que llevamos aprendiendo durante un siglo bajo el nombre del materialismo histórico. 

- El socialismo ha llegado a ser una voluntad en sí, por la cual es política y no religión, y la fe que lo anima no es una fe que se anuncia a los hombres, pero liga al hombre a sí mismo, no es una fe cósmica, sino una fe planetaria. 

- ¡Queremos librarnos finalmente de la economía! Necesitamos pensar en una economía del pueblo que no sea fundado sobre la pura economía, sino sobre el hombre. 

- También nosotros en cuanto alemanes somos occidentales, al menos por una parte de nuestro carácter, y no solo porque, como estado, estemos situados en Occidente, sino también porque algunos problemas del mundo occidental, así como algunos de sus ideales, nos pertenecen.