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La geopolítica de Rusia, Aleksandr G. Duguin


Información y venta del libro : Editorial Hipérbola Janus

- En política exterior, los bolcheviques , encabezados por V.I. Lenin y L.D. Trotsky, siguieron sucesivamente una orientación pro-alemana. 

- El fin de la primera guerra mundial produjo el siguiente equilibrio de poderes: Rusia perdió ante Alemania y Austria-Hungría, y esta pérdida fue fijada por las condiciones del tratado de Brest-Litovsk. Los costes de este tratado fueron importantes, pero como los bolcheviques tenían una orientación pro-Alemana, Rusia no pudo aprovechar el hecho de que Alemania, en su momento, perdió ante Francia e Inglaterra. Como resultado de ello, el 28 de junio de 1919, en el palacio de Versalles, un tratado de paz fue firmado por Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Italia y Japón, por un lado, y Alemania en el otro, determinando el orden internacional para la década siguiente. 

- El tratado de Versalles fue humillante para Alemania, privándola, en lo esencial, del derecho a realizar una política independiente, de tener un ejército propio, de desarrollar su economía, y para restablecerla en el plano internacional. Además, se obligó a Alemania a que hiciera concesiones territoriales importantes y extremadamente dolorosas. 

- Desde Versalles empieza también la historia de la geopolítica alemana, relacionada con el nombre y la escuela de Karl Haushofer. 

- Desde 1922 Rusia adopta un nuevo nombre y se convierte en “La Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas”. Si al principio los bolcheviques acogen con neutralidad las demandas de los pueblos minoritarios del Imperio Ruso respecto a la creación de su propio Estado, en la década de 1920 prevaleció una tendencia centralista que recibió el nombre de “la política nacional de Stalin”. El rumbo fue tomado gradualmente para establecer el socialismo en un país, el cual demandaba el fortalecimiento del poder Soviético en el más amplio espacio. Por esta razón, los bolcheviques volvieron básicamente a la política Zarista de una orientación centrípeta y al reforzamiento de la unidad administrativa de Rusia. En este momento, esta política fue formulada a través de una construcción ideológica completamente nueva que estaba fundada en el internacionalismo proletario, la igualdad de todos los pueblos y la solidaridad de clase de todos los proletarios de todas la nacionalidades. Pero su esencia geopolítica permaneció como antes: Los bolcheviques reunieron las tierras del antiguo Imperio Ruso a lo largo del Corazón de la Tierra como un núcleo geopolítico. Desde un punto de vista sociológico, esta unificación procedió bajo lemas anti-burgueses y “espartanos”, en la base de un nuevo sistema de valores.

- Se habla de un momento de transición, de la implementación de una revolución proletaria en un país como primer paso en una serie completa de revoluciones en otros países y el principio de un proceso planetario de revolución mundial y universal. 

- Tras la llegada de los nazis al poder en 1933, el siguiente equilibrio geopolítico de poderes, toma efecto en el mundo: por un lado, tenemos la poderosa Unión Soviética (del gran continente eurasiático), mandada por completo y de forma autocrática por Josef Stalin. Este es el Corazón de la Tierra, el núcleo de la fuerza continental global. 

En el oeste, dos bloques de gobiernos se forman de nuevo, como al final de la primera guerra mundial.

1. La alianza talasocrática de Inglaterra, Francia y EEUU, así como los países del este de Europa que pertenecen al “cordón sanitario” y están bajo el control de la talasocracía (Polonia y Checoslovaquia). 

2. El contienente europeo, los Estados telurocráticos, encabezados por la Alemania Nazi, la Italia Fascista y también por los países ocupados por ellos o por sus aliados. 

- Así, los representantes de los tres poderes geopolíticos y tres ideologías, chocaron unos contra otros en la Segunda Guerra Mundial. El Corazón de la Tierra estaba representado por la Rusia soviética, Stalin y el socialismo (marxismo). El poder del Mar, por la coalición de Inglaterra, USA y Francia, unida bajo una ideología democrático-burguesa. El poder continental de Europa (Europa central) estaba representado por los países del Eje (El Tercer Reich, la Italia fascista y sus satélites) y por la ideología de la “Tercera Vía” (Nacional-Socialismo, Fascismo, tradicionalismo bushido japonés).

- En junio de 1944, los aliados abrieron un segundo fuerte que empeoró, en cierta medida, la posición militar de Alemania, pero no ejerció una influencia decisiva en el balance de poderes y en el curso de la guerra. 

- Los resultados geopolíticos de la Gran Guerra Patriótica son los siguientes. El poder continental Europeo, Alemania, sufrió una aplastante derrota, dejando la escena del mundo político para muchas décadas. La parte terrestre, continental, de la política Europea fue paralizada por largo tiempo. Al mismo tiempo, el Nacional-Socialismo y el Fascismo fueron, a un nivel ideológico, proscritos decisivamente, y los juicios de Nuremberg promulgaron una sentencia no solo sobre actores políticos de Alemania, responsables de crímenes contra la humanidad, sino en toda su ideología, que fue reconocida como criminal. 

- Del 4 al 11 de febrero de 1945 fue celebrada la Conferencia de Yalta entre Stalin, Churchill y Roosevelt, donde fueron discutidos los principios de la política de post-guerra y la estructura bipolar del mundo fue formalmente fijada. Churchill y Roosevelt representaban el mundo anglo-sajón, el eje anglo-americano, que se convirtió en un centro unificado y estratégico, núcleo de la sociedad Atlántica y de la talasocracia. Stalin habló en solitario, en nombre de la URSS como un gran Imperio Eurasiático global. Este orden mundial bipolar recibió el nombre del mundo de Yalta. 

- Al mismo tiempo, la tercera fuerza, como representación del centro continental Europeo y la ideología de “la Tercera Vía”, desapareció para siempre (o al menos por un largo tiempo, que así continúa hasta el presente día).

- El colapso de la URSS, que dejó de existir en 1991, puso fin al periodo soviético de la geopolítica de Rusia. Esta etapa terminó con tan dura derrota, que no existen precedentes análogos en la historia de Rusia; ni tan siquiera la caída en la completa dependencia bajo el poder de los mongoles, pues incluso ésta fue compensada por la integración en un modelo político-gubernamental de persuasión telurocrática. En el caso presente, estamos tratando con la impresionante victoria de los principios de toda telurocracia, con la devastadora derrota de Roma y el triunfo de la nueva Cartago. 

- La desintegración de la URSS significó, desde el punto de vista geopolítico, un evento de colosal importancia, que afectó a toda la estructura del mapa geopolítico global. Conforme a sus características geopolíticas, la confrontación de este y oeste, el ámbito capitalista y el socialista, con su núcleo en la URSS, representaba la expresión del profundo proceso de la gran guerra de continentes, un duelo planetario entre la civilización de la Tierra y la civilización del Mar, que se elevaba hasta el más alto grado de intensidad y a escala global. Toda la historia precedente conducía al tenso apogeo de esta batalla, que recibió precisamente en 1991 su resolución definitiva. En este momento, junto con la muerte de la URSS, tuvo lugar el colapso de la civilización de la Tierra, el baluarte de la telurocracia se desmoronó, el Corazón de la Tierra recibió un golpe fatal. 

- Durante este periodo (1970-1980), la campaña de propaganda en relación con la denuncia de las “represiones de Stalin” y el régimen totalitario soviético, alcanza su cumbre, e incluso los círculos políticos izquierdistas prefieren aceptar esta crítica para permanecer en el espacio de la corrección política. 

- En lugar de fortalecer su influencia sobre el movimiento izquierdista mundial, en beneficio de su interés geopolítico, la URSS adopta estos tópicos de la propaganda, que fueron inculcados en este movimiento por los poderes pro-capitalistas y burgueses, interesados en el debilitamiento de la civilización de la Tierra y el fortalecimiento de la civilización del Mar (los EEUU).

- Los representantes de la Cuarta Internacional, los trotskistas, jugaron en esto un papel importante. Siendo oponentes radicales de Stalin y su política de construcción del socialismo en un país ya desde las décadas de 1920 y 1930, los Trotskistas hicieron de la URSS su principal enemigo, y en la lucha contra ésta, se dieron en solidaridad con cualquier poder, incluyendo aquellos que ellos consideraban como sus “enemigos de clase”.

- Gorbachov no hizo ningún esfuerzo efectivo para preservar la URSS. 

- Para asegurar finalmente su éxito en la lucha por el poder, sólo le quedaba una cosa a Yeltsin por hacer: Defenestrar a Gorbachov de una vez por todas. Para ello era necesario disolver la URSS. 

- La nueva arquitectura de las relaciones internacionales, construida sobre el dominio único de los EEUU, reemplazó la bipolaridad anterior. Esto significó, en primer lugar, que se preservó la estructura general del mundo bipolar, pero al mismo tiempo se produjo la retirada de uno de sus dos polos. el grupo socialista y su expresión militar-estratégica, el Pacto de Varsovia, se disolvió a finales de la década de 1980; y en 1991 se disolvió la Unión Soviética. Pero al mismo tiempo, el grupo capitalista, que se agrupaba en tiempos de la “Guerra Fría” en torno a los EEUU, el bloque militar de la OTAN y la ideología capitalista-burguesa (que dominaba en el oeste), se mantuvo por completo. Sin embargo, los líderes soviéticos en la era de Gorbachov, podían haber intentado la presentación de un nuevo sistema de relaciones internacionales “respondiendo a los intereses de la URSS”; un análisis imparcial muestra: El oeste derrotó al este; Los EEUU a la URSS; el sistema capitalista al socialista; la economía de mercado a la economía planificada. 

- Las pérdidas de Rusia durante la administración de Yeltsin, las perdidas territoriales (la caída de la URSS), la catástrofe social e industrial, la llegada al poder de elementos corruptos, criminales y agentes bajo la influencia de EEUU; todo esto fue algo inaudito y sin precedentes, tanto en relación a su escala como por la reacción pasiva de la población, así como por su duración. Los años 90 supusieron una monstruosa catástrofe geopolítica para Rusia. Desde un polo del mundo multipolar y la civilización de la Tierra, que había extendido su influencia sobre la mitad del planeta, Rusia se transformó en un Estado inferior, corrupto, en fase de desintegración y de tercera fila, perdiendo rápidamente su autoridad en el contexto internacional y quedando al borde de la desaparición completa. 

- Por supuesto, no podemos culpar de esto exclusivamente a Yeltsin; su camino fue preparado por Gorbachov y sus reformas, y también por un amplio grupo de agentes de influencia pro-occidental, partidarios de reformas liberales, o simplemente actores absolutamente incompetentes, corruptos e ignorantes. Pero tampoco se le puede absolver de la culpa: Sin esta personalidad, escasamente consciente del verdadero significado de los acontecimientos que se habían desarrollado a su alrededor y sin haber entendido lo que el mismo estaba haciendo y hacia dónde estaba conduciendo su política, no queda claro si los reformistas podrían haber implementado con éxito sus acciones destructivas y subversivas, que asestaron al país un golpe tan colosal. 

- En este periodo, Yeltsin empieza a reconocer la gravedad de su situación, y la situación de la oligarquía corrupta y su élite pro-occidental (“los siete”). Yeltsin busca febrilmente un sucesor, pero entiendo con tiempo que Serguéi Stepashin, nombrado Primer Ministro de Rusia en el periodo que va desde mayo hasta agosto de 1999,no está capacitado para poder asumir la situación. Y en este momento Yeltsin toma una elección a favor de un burócrata poco conocido, antiguo teniente-alcalde de San Petersburgo Anatoly Sobchak, y después líder del FSB (Servicio de Seguridad Federal) de la Federación Rusa, Vladimir Vladimirovich Putin. En agosto de 1999, Yeltsin, inesperadamente para muchos, le nombra Primer Ministro en funciones y su sucesor al frente de la Presidencia de la Federación de Rusia. Esta elección cambiará sustancialmente el posterior destino geopolítico, y se convierte en el inicio de un cambio brusco de todas las orientaciones tomadas hasta entonces. Putin llega al poder en un momento en el cual parece que nada detendrá la caída de Rusia hacia el abismo. 

Una vez asumido el cargo, Putin centra su atención, en primer lugar, en Chechenia y la guerra que estalla en Daguestán. Así empezó la segunda campaña chechena. 

- Vladimir Putin tomó una firme posición, determinada a poner fin a la cadena destructiva de catástrofes geopolíticas, superó la profundísima crisis, restableció las posiciones perdidas, y de este modo abrió una nueva página en la historia geopolítica de Rusia. 

- Putin probablemente calculó que el Islam radical de los taloneas afganos era una amenaza sustancial para Rusia y los países de Asia central. 

- Tras recibir el apoyo de Rusia, los EEUU, ahora sin ningún tipo de razón, invadieron Irak después de Afganistán y también ocuparon este país, lo que provocó una protesta natural desde Rusia, Francia y Alemania. Esta coalición anti-americana recibió el nombre de “el eje París-Berlín-Moscú-, y al poco tiempo parecía que estaba creándose un bloque multipolar europeo-eurasiático, apuntado hacia la contención de la hegemonía unipolar americana. 

- El eje París-Berlín-Moscú representaba un perfil de alianza telurocrática. 

- En cualquier caso, la invasión de Irak mostró que los EEUU actúan sólo en su propio interés, y  no piensan en tomar a Rusia en consideración, a pesar de las concesiones de Rusia a Afganistán. Además, Washington nunca suspendió su apoyo a los separatistas chechenos y caucásicos y Zbigniew Brzezinski explicó bastante cínicamente que solamente aquellos que luchan contra los EEUU deberían ser reconocidos entre los “terroristas internacionales”, mientras que aquellos que debilitan a los competidores y adversarios de los EEUU (en particular, los fundamentalistas del Cáucaso norte) deben ser excluidos de esta categoría y equiparados con “luchadores por la libertad”. 

- La reacción al discurso de Múnich de Putin en el oeste y en EEUU fue extremadamente negativa; la mayoría de atlantistas y expertos empezaron a hablar de una renovación de la “Guerra Fría”. De hecho, Putin demostró que él es consciente de que la gran guerra de continentes no ha cesado y que hoy nos encontramos en su etapa siguiente. Tras esto, muchos estrategas occidentales finalmente empezaron a ver en Putin la personificación de un adversario geopolítico, la imagen tradicional del “enemigo ruso”, que se ha formado a través de la historia de la confrontación geopolítica del Mar y la Tierra. 

- En este periodo empieza el proceso que recibió el nombre de “el reinicio” en la prensa internacional, y que significó el estrechamiento de las relaciones entre Rusia y los EEUU tras un periodo de enfriamiento, relacionado con la era de Putin. “El reinicio” propuso la armonización de los intereses  de ambos países y la implementación de operaciones comunes en los casos en que ambos países tuvieran similares planteamientos regionales. En la práctica esto se concretó en las siguientes acciones:

1) El apoyo de Rusia para las operaciones militares de EEUU y la OTAN en Afganistán. 

2) La firma del nuevo tratado START (Tratado de Reducción de Armas Estratégicas) para la reducción de armas estratégicas. 

3) La cancelación de Rusia en las entregas de cierto tipo de armamento a Irán. 

4) El apoyo de Rusia a las políticas de los EEUU y la OTAN en el mundo árabe (en particular, la renuncia del veto en el Consejo  de Seguridad de la ONU a la resolución sobre Libia, que condujo a la intervención militar de los EEUU y la OTAN en este país y derrocó al régimen de Gadafi). 

- Además de estos pasos, que engendra dieron algunas ventajas concretas a los EEUU y prácticamente ninguna a Rusia, no hubo movimientos serios en las relaciones Ruso-Americanas durante el periodo de la presidencia de Medvedev. Al mismo tiempo, los EEUU continuaron expandiendo el programa de defensa de misiles antibalísticos en Europa, a pesar de las protestas de Rusia, cambiando sus planes sólo porque afectaba directamente los procesos de negociaciones con aquellos países de Europa oriental. Además, los EEUU instalaron un cierto número de elementos de los sistemas de defensa de misiles antibalísticos en Turquía, en estrecha proximidad con la frontera rusa. 

- El ciclo geopolítico que Putin empezó en otoño de 1999, inmediatamente posterior a su llegada al poder, no ha terminado. En función de sus características fundamentales, representa un movimiento en una dirección enteramente diferente a la del vector que comprende la estructuración de la geopolítica de Rusia desde la segunda mitad de la década de 1980 hasta finales de la década de 1990 (la era Gorbachov-Yeltsin). Putin desaceleró el movimiento que conducía inevitablemente y por inercia, al total debilitamiento de Rusia y su destrucción geopolítica final, y empezó la complicada maniobra para revertir esta tendencia. Pero esta maniobra no ha sido consumada hasta alcanzar su final lógico, y el destino histórico del gobierno y de la civilización de la Tierra en su conjunto, el Corazón de la Tierra, Rusia-Eurasia, permanece abierto. 

- La lógica espacial de la formación histórica del Estado Ruso se revela de forma inequívoca. Esta lógica se puede resumir en la siguiente formulación: La expansión hacia las fronteras naturales del noreste de Eurasia (Turania), con la perspectiva de extender su zona de influencia más allá de sus limites, hasta alcanzar la totalidad del planeta. Esta es la principal conclusión que podemos trazar base a una consideración de todas las etapas de la historia política rusa, desde el surgimiento del gobierno de Kiev hasta la actual Federación de Rusia y el espacio post-soviético. 

- Está bastante claro que la posición geopolítica de Rusia tras las reformas de Gorbachov, el colapso de la URSS y el periodo del mandato de Yeltsin, son  un paso atrás regular y casi catastrófico, un movimiento inverso, un fallo de la matriz geopolítica que se estaba desarrollando a lo largo de todas las etapas previas sin excepción, en la dirección de la expansión sobre el territorio (espacio). Desde el principio hasta el final de la década de 1980, Rusia empezó a perder posiciones rápidamente en el espacio global del mundo, que habían sido conquistadas con tanta dificultad y al coste de tantas fatalidades a lo largo de muchas generaciones del pueblo ruso. Las perdidas que sufrimos en este tiempo no son comparables con la Era de los Problemas o con las consecuencias del tratado de Brest-Litovsk. Incluso las campañas de Napoleón y Hitler, que infringieron innumerables muertes, fueron de corta duración, y las pérdidas territoriales fueron restauradas rápidamente y recuperadas con un amplio margen. Precisamente, en este reside la singularidad del ciclo geopolítico actual: Periodos inusualmente largos (para la historia rusa), las pérdidas no se compensan por alguna adquisición, y la parálisis catastrófica del estado de autoconciencia no es contrarrestado por alguna personalidad deslumbrante, por líderes adecuados u operaciones exitosas. Esto genera una angustia, bien fundada, sobre la condición en que se encuentra la misma Rusia a día de hoy y la percepción sobre el futuro. El análisis más desapasionado e imparcial de la geopolítica de Rusia, muestra que la posición de hoy es una patología, una desviación de las líneas  de fuerzas naturales e innegables del devenir histórico. Podemos considerar las invasiones mongolas como la única analogía relacionada con la perdida de independencia durante dos siglos; pero incluso esta se compensó por el hecho de que sobre el transcurso de ese periodo, Rusia se impregnó en la experiencia de la telurocracia continental Euroasiática; una lección que aprendimos bien, y en la base a la cual se edificó, posteriormente, su poder planetario. Cómo Gorbachov y su circulo de incompetentes perdieron la “Guerra Fría”, cómo los ingenuos reformistas (por no decir imbéciles) del periodo Yeltsin, se alegraron por el colapso de la URSS y la perdida de soberanía de Rusia, hasta del establecimiento del control extranjero y atlantista del país, lo cual es sorprendente, si lo comparamos con el crecimiento estable en los avances territoriales que tuvieron lugar a lo largo de toda la etapa zarista, prácticamente, sin excepción; así como en todos los ciclos de la era soviética. en términos generales, y en relación a los soberanos rusos, los nombres de Gorbachov y Yeltsin pueden estar solamente junto a los nombres de Yaropolk, Dimitri el Falso, Shuysky o Kerensky. Sus personalidades y sus políticas, fueron un completo fracaso sin retribución alguna. 


- La reintegración en el vector histórico natural se produjo únicamente con la llegada de Putin al poder, cuando el proceso en la cadena de colapsos se detuvo -y de este modo, también, la muerte y fin definitivo de Rusia- o al menos se pospuso. Pero las contradicciones de la era de Putin, y especialmente, en el periodo de mandato de Medvedev, a veces recuerdan a las formas de los tiempos de Gorbachov y Yeltsin; no nos permite estar seguros de que las problemáticas recurrentes se hayan dejado atrás, y que Rusia entre de nuevo en su órbita natural y continental euroasiática. Queremos creer en esto, pero no hay suficientes motivos para afianzar tal creencia. Todas las reformas geopolíticas de Putin, positivas en el más alto grado, tienen un defecto sumamente importante: No son irreversibles, no pasaron el punto de no retorno; y, en consecuencia, están preparadas para caer en cualquier momento ante aquellos procesos destructivos que prevalecieron durante el fin de la era soviética, y en la democrática década de 1990.

El hombre político, Arthur Moeller van den Bruck




- El ser humano desprecia por naturaleza la política, como los problemas, y sobre todo el dinero, de la economía y todos aquellos componentes, añadidos con disgusto, pero que todavía pertenecen a la necesidad vital de una nación. El hombre, el tipo de hombre que aquí presentamos, no se preocupa de estas cosas.

- La historia en su integridad, en estrecha conexión con la política conducida por los hombres de gobierno de un país, va más allá de la vida de los individuos. Los hombres políticos nacen en este contexto. ellos entran en un ámbito de experiencias políticas que llegan a ellos de siglos pasados. Ellos heredan estas experiencias de hombres, de pueblos, de problemas políticos que ellos resuelven con la capacidad de actuar en su tiempo y terminar su función. Por tanto, la política se vuelve Tradición. 

- Hay un Bismarck doble. Hay un segundo Bismarck, el Bismarck posterior a 1872, que no comprendía el sentido de su propia obra: el sentido europeo de la obra alemana. La verdadera fuerza fue la del primer Bismarck, el Bismarck anterior a 1872, el que se había mantenido allá en los cuarenta, de los ideologismos políticos, del nacionalismo democrático. Aquello que no pudo el entusiasmo lo pudo su sentido de la realidad. Allí donde los ideólogos debieron desistir él nos llevó hacia la Realpolitik

- La juventud no es un problema de edad. La juventud es una forma de entrega. La juventud quiere hacer mejor las cosas. La juventud es desconfianza frente a todo aquello que encuentra y que entiende que ha estado mal hecho. La generación de 1919 retoma el trabajo que ha sido errado en 1872. Las generaciones viven siempre en relación recíproca. Como la generación de 1872 continuó viviendo en la de 1888, así ahora los outsider de la generación de 1888 chocan con la generación de 1919. Ella recuerda la afirmación de Nietzsche según la cual los alemanes no han tenido todavía un “hoy”. Con ello el filósofo fue a la raíz del problema. 

- Nosotros hemos necesitado de una juventud que construya, no de aquella que destruye. 

- Un pueblo no está nunca perdido si comprende el sentido de su derrota. Pero los hombres que poseen tal comprensión no los encontramos allí donde el pensamiento permanece como inmovilizado. Los podremos encontrar, al contrario, allí donde se afirma un pensamiento totalmente nuevo. 

- Desde Versalles los alemanes de la frontera asentados a lo largo del Saar, del Rhin, llegando del Vístula hasta más allá de los confines, son invadidos por un áspero rencor, debido al contacto diario con el enemigo que ahora se encuentra dentro de los confines del Reich y que no es un simple ser humano, y como tal sensible y conciliador sino un francés, un belga o un polaco. Así el amargo grito tiene una motivación todavía más amarga: ¡Toda Alemania debería haber sido ocupada para que la nación comprendiese de una vez por todas qué le había ocurrido!

- Mientras que el alemán en la patria no querría admitir que la guerra mundial, para nuestros múltiples opositores, fue consecuencia de problemas económicos o de sentimientos anti-alemanes sobre la base de una política de potencia, el alemán de más allá de nuestros confines ha visto cómo todo aquello fue conscientemente preparado. Mientras el alemán habitante de la propia tierra hoy reniega de las motivaciones que condujeron a la guerra.

- El alemán del extranjero sabe quiénes son los culpables por haberlos observado y conocido. 

- La guerra ha producido un alemán mejor, un alemán consciente: el alemán político, el 
único alemán que saber que el mundo de fuera es diferente de como lo había concebido. 
- El verdadero alemán que vive en el exterior no ha negado nunca la germanizad, siempre la ha reconocido. Sobre todo nunca ha compartido la francofilia de los intelectuales. Él conocía a los franceses como a los portugueses. Ve que estos pueblos no están a la altura de desarrollo de aquellos con los que les tocó competir para poder ser considerados verdaderamente colonizadores. Bien diferente era la situación de los ingleses. El inglés entró en competición con el alemán. Llegó a ser su antagonista. El alemán asumió de esto la gran práctica derivada de la vida de Ultramar. Pero lo hizo con el cuidado de darle una forma específicamente alemana, transformando la actitud del gentleman inglés en la propia del “hombre de mundo" alemán. En los latinos, el alemán había reconocido a los herederos de una pasada época colonial, demasiado decías para ser todavía conquistadores. En los anglosajones reconoció, por el contrario, a los representantes sobrevivimos de la época colonial, que llevaron ala idea, la experiencia y la capacidad del conquistador y estructurados moderno. 

- En el alemán emigrado convivían tradición idealista y la militar. Con él se estaba preparando un nuevo tipo de emigrado europeo, al cual se le podía dar crédito en aquello que él mismo creyó que podía hacer: produciendo una nueva época colonial diferente a la de los ingleses. 

- La paz de Versalles caza a los alemanes de aquellas tierras que creyeron que habían sido adquiridas definitivamente por la madre patria. Interrumpe además todas aquellas vías de explotación en el mundo, en las cuales los alemanes estaban interesados, y destruye el comercio moderno, el tráfico moderno. 

- El alemán continental no comprende todavía la guerra mundial. El alemán en el exterior la comprende. Ha sido una alemán del exterior el que ha pronunciado la palabra “guerra comprendida”, y todavía hoy es el único alemán en comprender, por experiencia propia, que la guerra ha sido una contraposición entre pueblos viejos y jóvenes, en la cual los pueblos viejos han vencido una vez más. El pensamiento de los pueblos jóvenes era el pensamiento que animaba a los alemanes que vivían en el exterior. En esto reside una particular tragicidad. 

- No seremos más alemanes en el exterior. Pero quizás la historia tenga preparada una venganza tardía. La guerra mundial ha dividido nuevamente la tierra. Pero vendrá el tiempo en el cual las partes del mundo pertenecerán a sí mismas. Y habrá sido la Guerra Mundial la que habrá producido estas transformaciones. En Oriente, China, India o Egipto quiero liberarse de la dependencia de Europa. Los dominios australianos serán un día australianos, o americanos más que ingleses. En Sudáfrica, hace poco que se han convertido en Boer. Cuando todos estos destinos se ejecuten, los alemanes en el exterior no serán más los hijos de aquellos europeos afanosos en la defensa de las últimas posesiones coloniales. El “fin de la época colonial” no les importan a los alemanes en otros países. Ellos, ya no están por la labor.


- Tanto Lutero como Von Hutten fueron las figuras decisivas para la formación de nuestra conciencia: tanto la Reforma como el Humanismo definieron el carácter nacional alemán y en términos políticos al nacionalismo. 

- Izquierda y derecha son palabras que han perdido todo su sentido ante la totalidad. Y quien ahora busca una vía a través de la cual acordarse, no ha hecho otra cosa que elaborar zonas comunes que quieren decir todo y no quieren decir nada. La totalidad se plantea solo para quien es capaz de ver en perspectiva: para quien toma distancia, para quien tiene una visión de conjunto, estos son los “outsider”.
El partido es mutable. Los partidos solamente ven su propia facción. Los partidos se interponen entre nosotros y la totalidad. Los partidos son una superestructura. Poco a poco los partidos han ido atando a las masas de modo que éstas han acabado por identificarse con la totalidad. Los partidos mismos son identificados con la totalidad. La totalidad misma ha sido partidocratizada. 

- Fue necesaria la acción de Bismarck, el outsider por excelencia, que con la voluntad debió doblegar la historia y que eligió la vía prusiana como la más directa para la edificación del Reich alemán. 

- El otro gran outsider, Nietzsche, al cual consideramos al último gran alemán de todos los tiempos, se dirigió contra este “bien pensar” alemán, se dirigió contra Alemania como Reich, contra el espíritu alemán, que él buscaba y que no encontraba más. La violencia que caracterizaba sus reacciones era el síntoma de una profunda insatisfacción hacía sí mismo, que se infundía en la secreta conciencia de que la nación y constituía la contrapartida de aquella profunda alegría que animaba su vida. 

- Los outsider son el punto avanzado, quizás también la superación de determinadas exigencias en determinadas direcciones. Pero ellos, con sus propios conocimientos son innovadores, dan estabilidad a su capacidad de decisión y coherencia al pensamiento. Son portadores, son anunciadores, son representantes de grandes visiones. Y justo en esto reside la garantía de una gran universalidad. 

- Marx ya reprimió la personalidad desde el momento que la sacrificó al principio de la clase social. El marxismo se quedó siempre con la respuesta culpable ante la pregunta sobre quienes fueron las fuerzas operantes sobre las fuerzas inactivas. La concepción histórica materialista, que pretende aclarar la historia a través de las clases, ha llegado a ser la peor educadora de la historia. El mal alcanzó su culminación cuando ante Marx se presentó Darwin. Se creyó entonces tener la prueba del hecho de que el desarrollo lo fuese todo, y el ser humano nada. Pero de aquello derivó solamente la fatal correlación entre el exiguo valor que el socialismo atribuye a la historia y el nivel de sus representantes. Faltaban los socialistas de mentalidad superior y más previsiones. De otro modo, el socialismo, como partido político no habría cometido tantos errores en el ámbito político-económico más allá de la dirección de la política mundial. 

- El socialismo ha negado también la concepción heroica de la historia, concepción en base a la cual sabemos que una crisis encuentra siempre a su hombre. 

- Hasta Hindenburg, que siempre permanecerá como el comandante en campo de la Guerra Mundial, no pudo impedir que la venciésemos sobre el campo de batalla pero que la perdiésemos en la mesa de negociaciones - o que la mesa de negociaciones no recibiese todo cuanto habíamos conquistado en la guerra. Faltaba una preparación política. Cuando Ludendorff buscó, durante la guerra, recuperar todo aquello que antes de la misma se había perdido, era ya demasiado tarde. Él mismo no estaba preparado para afrontar aquellos problemas que quería resolver. Su justificación tenía todavía carácter heroico. y cada vez que se piensa en Ludendorff se necesitan recordar las palabras de Nietzsche: “ Se debe rendir honor al fracaso, justamente porque ha sido tal - esto pertenece a mi moral.” Pero también la voluntad de la gran figura puede imponerse si coincide con la voluntad de los hombres implicados en la acción. 

- Marx se perdió en la idea del desarrollo; creía en el progreso. Pero, en efecto, la realidad no tiene un carácter progresivo, está caracterizada por momentos singulares de particular significado y valor. Y estos momentos no son producto d una masa homogénea, sino del individuo, de su carácter único e irrepetible. 

- Recibimos la democracia con la promesa de que todos los hombres dignos deberían tener la oportunidad de acceder a los altos cargos. Pero la democracia constituye, de hecho, solamente una cobertura a la mediocridad. Un demócrata no es nunca un hombre. Un demócrata es un demócrata. La revolución produce la república capitalista. 

- La necesidad por si misma no produce nada. La mediocridad, también la más mezquina, acaba siempre por encontrar su propio espacio. La mediocridad se afirma allí donde una nación gradualmente se apaga. El pueblo percibe hoy el engaño del que debería convertirse en víctima. éste  no tiene confianza en una democracia que, en nombre del pueblo, determina el ocaso de una nación. No tiene más confianza en la unión como medio de salvación, pero espera la intervención de cualquier elemento extraño, de una fuerza superior. 

- No basta con votar para obtener la salvación. Sería verdaderamente fácil si bastase con introducir una papeleta en una urna para alcanzar una vida satisfactoria. Por el contrario no se logra salir fuera de esta situación de crisis, de la cual ha nacido la revolución, y que no se quiere resolver porque no hay nadie capacitado para hacerlo. 

- Los grandes estadistas son aquellos que saben mantener bajo su poder en cada momento la realidad política de su propio pueblo. 

- List pensó de forma futurista, mientras que Bismarck lo hizo de manera histórica. List fue en realidad el primer futurista. 

- En la vida de los pueblos la política siempre es anterior, la economía viene después. La política, si se sigue el camino justo, viene realizada siempre por la política. 

- Nietzsche no rechazó nunca el militarismo como medio político para la causa alemana, a pesar de ser contrario por su naturaleza filosófica y personal. 

- El socialismo propugnado entre la clase trabajadora alemana se alimentó de un ingenuo pacifismo e internacionalismo, cosa que todavía hoy sucede. Pero también aquel estado fuerte que representó la nación ante el mundo, vivió del autoengaño exclusivamente alemán. No estuvimos a la altura de los acontecimientos, y tampoco pudimos aprender aquello que nos enseñaba nuestra historia y utilizar tales enseñanzas mientras pudimos. 

- Cuando la guerra irrumpió arrasando a todos los pueblos en su drama, nos encontramos, y no por primera vez, en una situación de legítima defensa. Nuestros padres no habían tenido en cuenta el hecho de que ocupábamos una región rodeada de otros pueblos que esperaba solamente el momento propicio para unirse y aniquilarnos. En consecuencia, nunca habíamos pensado como afrontar esta situación crítica. De modo que en situación de legítima defensa combatieron al límite, capacitados de tal modo para liberar a nuestra patria. Pero ahora hemos perdido de nuevo la libertad, ahora como hace 100 años, la policía francesa controla las ciudades alemanas, y nosotros, en memoria de la experiencia pasada, no nos hemos opuesto. 

- Renegamos de la idea de Káiser. Renunciamos a la bandera del Reich. Fundamos una democracia que nos mantiene en un estado de impotencia, que tiene mutilado a nuestro Reich, haciéndonos un pueblo mutilado y encadenado. 

- En su desorientación el pueblo distrae su mirada del presente y de los hombres del presente. No confía más en estos hombres. No se espera nada más de ellos. Los jóvenes piensan en el futuro como es su derecho. Pero el pueblo, el pueblo siempre apolítico, que a través de la revolución es sólo un pueblo desilusionado, piensa necesariamente de forma histórica, no utópica. Aquello que ha acontecido es su única certeza. De aquello que está por acontecer no tiene idea alguna. Y vuelve así su mirada al pasado: A un momento en que en Alemania había hombres que sabían manejar bien aquello que nosotros habíamos gestionado mal - hombres políticos que sabían tratar la batería política- mientras que para nosotros, debemos decirlo, desde hace cerca de cincuenta años las cosas no funcionan. 
Ahora nos preguntamos: ¿Qué ha pasado? La mirada del pueblo busca una figura que se muestre como modelo y símbolo de fuerza, figuras que faltan al hombre actual. Al unísono, sin un acuerdo previo en la elección de su héroe, su  mirada ha caído sobre el gran rey que triunfó en la guerra de los siete años: Federico. 



- La única certeza que tenemos es la gran capacidad bélica de nuestro pueblo. Un pueblo debe tener la fuerza necesaria para sobrevivir a su propio desastre. Sabemos que esto es posible. En la catástrofe hemos comprobado que somos un pueblo que ha construido su historia contra sí mismo ¿Será siempre así? Esta es la pregunta emblemática. 

- Los jóvenes saben porque Alemania ha perdido la guerra. El pueblo alemán ha sido el único que ha entrado en guerra sin una preparación espiritual. La guerra no se ha podido vencer porque la nación ha sido puesta ante la guerra sin ninguna conciencia política; porque el proletario no ha comprendido su función social, mientras que el proletario de las naciones enemigas tenía bien asimilado su rol en el ámbito de la nación. ¡Una nación superpoblada debería vencer la guerra si quería vivir! Ahora ésta se encuentra ante el largo, difícil y doloroso hecho de haber perdido el sentido de aquel gran desarrollo afirmado por la última generación. Y ello depende del hecho de que nos constituimos todavía una nación: por lo tanto, si queremos tener un lugar entre las naciones, debemos llegar a ser una nación. 

- Sólo cuando se eliminen los partidos podremos ser una nación. Y será posible, será un deber hacer que los jóvenes  se alejen de los partidos. Con su desafección, el crecimiento de los partidos se detendrá de golpe. Por lo que se percibe observando a los jóvenes, ese momento llegará pronto. El pueblo le seguirá. Por un lado, los viejos intereses particulares y, por otro, Alemania. El camino ya se ha sido abierto. 

- Privada de verdaderas ideas, la derecha se contenta con el puro pathos de la tradición a través de ideas conservadoras que no tienen nada de positivas reduciéndose a un conjunto de lugares comunes. 

En cambio, en la izquierda reinan todavía ideas utópicas. 

- Los jóvenes de derecha consideran que se puede realizar esa comunidad a través del “corporativismo”, mediante una “ideología de cuerpo comunitario”, según la definición dada por Max Hildebert Boehm. Por el contrario, los jóvenes de izquierda, razonan de forma científica, bajo la engañosa ilusión de que ocuparse de lo social significa ocuparse de cualquier cosa espiritual. En esto es además significativo como la derecha haya mantenido una relación con la Tradición que la izquierda no posee. 
Los jóvenes de derecha están hoy preparados para renegar de los últimos cincuenta años de la historia alemana, pero no de los siglos y milenios en los cuales se formó el principio germánico, del que todavía hoy nos alimentamos y que es parte viva de la historia alemana. 
Por el contrario, la juventud de izquierda tiene como experiencia los últimos cincuenta años de historia alemana: a pesar de que tal experiencia sea de partido y tenga un carácter internacional puede valer como experiencia concreta alemana. La diferencia entre los dos grupos llega a ser clara cuando los jóvenes de la derecha, buscando ir más allá del parlamentarismo, querían repetir una fase natural de la vida alemana, aquella sociedad de clases organizada en corporaciones, igual que en la Tradición medieval. 

- Esta juventud que piensa de manera utópica se contrapone a aquella que piensa de forma policial, porque ésta última razona de forma histórica. Utopía significa negar la historia. 

- La idea de los pueblos jóvenes constituye el principio que permitirá la redención de las naciones ganadoras. 

- ¿No hay pueblos que de forma inmediata han decaído definitivamente? ¿Y tal vez no se auto-aniquilaron en el momento en el que el “pueblo” tomó ventaja sobre la nación?

- Hoy vivimos en la peor de las democracias: en la democracia del individualismo. 


- Si el socialismo quiere llevar a cabo aquello que promete, lo cual significa una nueva fase, una nueva época de la humanidad, un Tercer Reich, su primer acto espiritual debe ser disociarse de la filosofía de la digestión que llevamos aprendiendo durante un siglo bajo el nombre del materialismo histórico. 

- El socialismo ha llegado a ser una voluntad en sí, por la cual es política y no religión, y la fe que lo anima no es una fe que se anuncia a los hombres, pero liga al hombre a sí mismo, no es una fe cósmica, sino una fe planetaria. 

- ¡Queremos librarnos finalmente de la economía! Necesitamos pensar en una economía del pueblo que no sea fundado sobre la pura economía, sino sobre el hombre. 

- También nosotros en cuanto alemanes somos occidentales, al menos por una parte de nuestro carácter, y no solo porque, como estado, estemos situados en Occidente, sino también porque algunos problemas del mundo occidental, así como algunos de sus ideales, nos pertenecen. 





Arthur Moeller van den Bruck y la revolución conservadora alemana . Alain de Benoist.




Pedidos: Ediciones Fides


- Quería fundar su saber más en los viajes que en los libros; decía que era visual (ein Augenmensch).

- Todo su bagaje intelectual lo obtiene esencialmente como autodidacta. Sus universidades fueron los cafés literarios, las premieres teatrales, los talleres de los pintores de vanguardia, las exposiciones e innumerables noches blancas en las cuales acumula extraordinarios conocimientos sobre literatura e historia del arte. 

- “Nietzsche se volvió nuestro Rousseau y la ciencia natural moderna y la técnica , nuestra Revolución”. 

- Manifestará su simpatía por el expresionismo, y después por el futurismo italiano

- Al igual que muchos intelectuales del fin de siglo -observa Clemens von Klemperer- Moeller había padecido la influencia de la tesis de Burckhardt, según la cual un pueblo no puede tener una gran cultura y una significación política al mismo tiempo. 
Para él, esto deriva en una supremacía de la estética: así, un proyecto de sociedad es, por principio, un proyecto artístico. Siguiendo a Richard Dehmel, reafirma con fuerza su fe en la misión de su arte, y llega incluso a sugerir que esto puede servir de religión: “Tenemos el arte -escribe Moeller- un arte que vuelve superflua la religión y proporciona a los ciudadanos del mundo moderno una seguridad que, de otra manera, sólo les podría conferir la creencia en Dios”. 

- La verdadera libertad - ya lo decía Hegel- consiste en comprender la naturaleza de las necesidades del momento. Moeller, a su vez, declara que el hombre es tanto más creador en la medida en que sienta en su ser los imperativos del tiempo presente, es decir, que sólo se puede ser libre asignándose una finalidad, la cual depende estrechamente de la época que determina su misión. 

- Prusia es para él el elemento que debe permitir a Alemania apegarse a ese otro “pueblo joven” que es el pueblo ruso. Paralelamente, el papel de Prusia es dar una nueva forma a Alemania. “Prusia es lo que Alemania habría debido ser” -escribe Moeller- quien además añade que Alemania debía volverse prusiana para que Prusia pudiera volverse alemana. La nación alemana, heredera de la vieja Mutterland germánica, debe así recibir la “forma prusiana”. El estilo prusiano debe volverse el “clásico” alemán, así como hubo un “clásico” italiano expresado por el arte toscano de la Edad Media. 

- Al finalizar la guerra aparece un nuevo Moeller van den Bruck. Pero en realidad, es menos el hombre que la época quien realmente ha cambiado. Como lo señala Ger-Klaus Kaltenbrunner, “son las ideas las que, en la crisis ideológica, adquirieron desde 1914 un carácter de marcada actualidad”. Se podría incluso, junto con Clemens von Klemperer, aventurar un paralelo con Marx: éste escribió el Manifiesto Comunista después de la derrota social de 1848, así como Moeller va a producir sus más importantes textos teóricos después de la derrota nacional de 1918. Ambos, además, critican la explotación capitalista y burguesa -y el papel del proletariado de Marx, como factor de renovación política, recuerda el que Moeller atribuye a los “pueblos jóvenes”. La comparación, de cualquier manera, no podría llevar muy lejos. Sea lo que fuere, lo que es cierto es que, al final de la Gran Guerra, el antiguo esteta de fin de siglo, el contestatario de “pues ligeros”, el “Plutarco alemán” de los cafés literarios se convirtió en un verdadero teórico político , que ya nunca abandonará Alemania y que rápidamente se volverá uno de los autores más sobresalientes de la Revolución Conservadora. 

- Es probablemente de Dostoievski de quien Moeller descubrió la idea del contra-movimiento “conservador-revolucionario”, al que luego se le dará el nombre de “Revolución Conservadora”. 

- “Con Moeller van den Bruck -escribe Günther- entendemos por principio conservador no la defensa de lo que era ayer, sino una vida fundada en lo que siempre ha tenido valor”. 

Esto quiere decir que el conservador no vive solamente en el futuro, como lo hace el progresista, ni solamente en el pasado, como el reaccionario -vive en el presente en el que, en tanto portador de sentido, se unen el pasado y el futuro. La metáfora del Gran Mediodía subyacía bajo estas frases…

- Moeller pretende demostrar que el solo sufragio universal no basta para fundar una democracia, porque no hay una verdadera democracia más que cuando existe para cada ciudadano la posibilidad de participar en la vida pública sin consideraciones de clase, fortuna o rango. La misma idea es explicada igualmente por Edgar J. Jung: “Una verdadera democracia existe cuando el circulo en cuyo seno se reclutan los dirigentes es lo más amplio posible, y no cuando el mayor número de gente posible tiene voz en la decisión”. Los neoconservadores ponen el acento, pues, sobre todo en el principio, no en las instituciones. 

- Moeller demuestra cómo Lenin remplazó a Cristo en la imaginería popular. 

- Rusia es, ante todo, una potencia terrestre y continental: “Un marino ruso es una contradicción en sí”. 

- Fiel a su método, Moeller percibe primeramente en la idea del Tercer Reich un principio con valor de mito, el “pensamiento de una concepción del mundo” a la que añade una puesta en perspectiva histórica. El Primer Reich fue el del renacimiento carolingio -pero los emperadores romano-germánicos se suicidaron políticamente para beneficio exclusivo de los papas y de Roma. El Segundo Reich, el de Bismarck, cae en las mismas dificultades: se dedica a fundar un “Estado alemán de raza alemana” en lugar de empeñarse en hacer hacer un “Imperio alemán de estilo prusiano”. El Tercer Reich, cuyo advenimiento anhela Moeller, no se relaciona con los anteriores en el sentido de su continuidad o discontinuidad, de su reversibilidad o irreversibilidad. Tampoco representa una particular culminación, pues su rango no prejuzga su valor. En cambio, al igual que los anteriores, se aprecia  a través de sus opuestos: El Tercer Reich se opone a la “civilización” occidental, de la misma manera en que el primero se opuso a la “cultura” antigua y el segundo a la “belleza” italiana desde el instante mismo en que perdieron su potencia creadora. Obra de la voluntad de un “pueblo joven”, el Tercer Reich será una realidad esencialmente dinámica, rica en nuevas posibilidades y, por consiguiente, siempre inacabada. 

- Para Moeller, igual que para Dostoievski, el enemigo número uno es, evidentemente, el liberalismo. 

- “El liberalismo ha  minado las culturas; ha destruido las religiones; ha arruinado las patrias”. Con el liberalismo, los pueblos marchan “a su ruina”. 

- “La sospecha que pesa sobre el liberalismo está basada en el engaño que consiste en justificar los intereses por las ideas”. Moeller considera también el carácter “abstracto” y “disolvente” del liberalismo, por la manera en que disgrega las identidades colectivas y los cuerpos intermedios. Al liberal le basta, escribe, que una generación de los que disfrutaron pueda suceder a otra para que la salvación de la humanidad, según él, esté asegurada -y en todo caso, su bienestar personal, que es lo que, ante todo, importa. El conservador no se deja engañar por esta charlatanería. No vacila en decirle al liberal que, cualquiera que sea, eso depende de las condiciones de vida de una comunidad determinada. Tampoco duda en decirle que él, que podría pasar por encima de todas las relaciones obligatorias, no hace más que disfrutar lo que otros le han preparado. No vacila en decirle que el liberalismo sólo es el que usufructúa el conservadurismo que le antecedió. 

- El liberalismo pretende asumir que todo lo  hace por el pueblo; en realidad, elimina al pueblo y lo remplaza por el yo. El liberalismo es la expresión de una sociedad que ya no es más una comunidad… El liberalismo no explica ya a una sociedad organizada sino a una sociedad disuelta… Cualquier hombre que ya no se siente miembro de una comunidad es, en cierta forma, un liberal. 

- La naturaleza del liberalismo es la humanidad promedio, y lo que quiere conquistar no es otra cosa que la libertad de cada uno para tener el derecho de ser un hombre promedio. Su ideal es el aburguesamiento en lugar del ennoblecimiento, la vida banal en lugar de la vida excepcional. En la vida física, desea dejar-hacer-lo-que-sea; en la vida moral, comprender todo y perdonarlo todo; en la vida económica, sufrir el perjuicio debido al principio de libertad  comercial; en la vida internacional, predicar -mediante frases cosmopolitas- la fraternidad de los pueblos y la guerra defensiva exclusivamente. 

- Marx se detiene en las “condiciones de producción” sin cuestionarse acerca del sentido mismo de dicha producción. No comprendió que la burguesía, antes de despojar a la gente de la plusvalía de su trabajo, le robaba su alma. Para Moeller, por el contrario, es en el dominio espiritual donde reside el fundamento de la cuestión social, así como las premisas de su solución. No solamente -nos dice- la economía es inferior a lo espiritual, sino que la economía misma depende de lo espiritual. “Algún día se reconocerá que la gran indignidad del siglo XIX habrá sido haber hecho del estómago la única medida de lo que es humano”. La transposición mecánica, en las sociedades humanas, del concepto darwiniano de “selección natural” es por sí misma un error. Pero el valor operativo de la teoría marxista de la lucha de clases es aún más débil. Le impidió a Marx comprender que un pueblo (Volk) entero puede también ser oprimido por otro pueblo y es por ello que se mantiene mudo ante los grandes conflictos nacionales. 

- Moeller no abjura por lo tanto del socialismo. Incluso reafirma enfáticamente que “cada pueblo tiene su propio socialismo”. ¿Qué es, en efecto, el socialismo, si no “el hecho de que la nación entera siente que viva junta”? Al Marx que declara que los trabajadores no tienen patria, Moeller le responde lo contrario, que ya solamente les queda eso: su patria. La resolución de la cuestión social es, pues, indisociable de la cuestión nacional. Por una parte, la “socialización” es una con la “nacionalización”. Por la otra, no puede haber justicia entre las clases, en el interior de la nación, si no existe primero justicia entre las naciones. Moeller repite que el pueblo entero puede ser víctima de una alineación impuesta por otros. No es, entonces, profesando el internacionalismo que se pondrá fin a la opresión, sino permitiendo que cada pueblo disponga libremente de sí mismo. 

- El reaccionario es peor incluso que el revolucionario, pues mientras este último siempre es susceptible de salir de su error cuando su proyecto se topa con la sanción de los hechos, el primero, al situarse de golpe fuera del campo de la experiencia, puede mantenerse indefinidamente en su punto de vista. Lo que hace más falta al reaccionario es la conciencia de la historia. El reaccionario “cree que no tenemos que renovar las formas antiguas para que todas las cosas vuelvan a ser como estaban”. Y mientras que el conservatista adquiere conciencia de lo inmutable viendo el futuro, el reaccionario no experimenta este sentimiento, al que contempla en el pasado:
El reaccionario se representa el mundo tal y como siempre ha sido. El conservador lo ve como será en adelante; tiene la experiencia de su época y la experiencia de la eternidad. Lo que fue no volverá a ser jamás. Pero lo que siempre es puede, por lo tanto, emerger de nuevo a la superficie. 
Esta es la razón por la cual, en el fondo, el reaccionario no comprende nada de política: “La política reaccionaria no es una política. La política conservadora es la gran política. La política no se vuelve grande más que cuando crea la historia: entonces no sabría perderse”. 

- Para que la revolución pueda ser “ganada” para que entre en su “fase conservatista”, Moeller pregona una actitud que se podría resumir en la formula de Julius Evola: “cabalgar el tigre”. 

- Lo que hoy es revolucionario, escribe Moeller, mañana será conservador. 

- Moeller van den Bruck era de la raza de los que prefieren la muerte a la victoria y, muriendo, pretenden asegurar la victoria de los suyos. No concibo su suicidio como una renuncia, sino como una preparación; no como un fin, sino como un germen; quiso que fuera una provocación a la esperanza y a la revuelta..

Últimas palabras de Yukio Mishima


Takashi Furubayashi - Hideo Kobayashi
Alianza Literaria 









(A este Dalí a la japonesa lo privaron del Nobel su juventud, sus excentricidades y sus opiniones políticas ultranacionalistas).

- Siempre habrá alguien dispuesto a ayudar a los débiles. Es decir, a la debilidad hay que dejarla tal como está. Más bien, se puede afirmar que actualmente vivimos en una época en la cual es la fuerza la que es maltratada. Sí: debido a los denuestos que en nuestros días merece la fuerza, se desprecia la ética de los que aspiran a ser fuertes. Por eso no puedo pensar en otra cosa que no sea el renacimiento de la fuerza. Por muy cabeza dura que me consideren, no dejaré de afirmar que mi misión en esta vida es el renacimiento de la fuerza.

- Estoy harto de escuchar la idea, moneda corriente de la posguerra a esta parte, de que el terrorismo está mal y ha matado a la gente. En la Revolución Rusa y también en la francesa mataron a todos los nobles. Si a los revolucionarios les hubieran preguntado: “¡Eh, vosotros! ¿Es que no se os ha ocurrido pensar en todo lo que sufrió María Antonieta cuando la mataron?”, ¿se habría detenido la corriente revolucionaria? Por mi parte, si yo pudiera ayudar al débil, lo haría. ¿Sabe usted por qué admiro a los oficiales que se alzaron en el incidente del “dos-dos-seis”? Pues porque no derramaron la sangre de ninguna mujer ni de ningún niño. Creo que fue estupendo. Es sucio matar a mujeres o a niños. En las guerras de ahora, como esta de Vietnam, se mata indiscriminadamente, sin importar que se trate de mujeres o niños. Es sucio; y yo odio la suciedad. Pero cuando hablamos de un acto bello, aunque sea terrorista, yo lo apruebo. El ser humano tiene que ser fuerte. 

- Como detesto todo lo que no es puro, no desearía recibir ningún sueldo del Partido Liberal Demócrata. Si recibiera algo de dinero de ellos, de los políticos, todo lo que quiero decir se iría a la ruina. Dicho claramente: en este momento y soy un ser antipolítico. Todo lo que quiero hacer ahora es un movimiento por la justicia. Y digo esto sabiendo que tal vez alguien se ría. Mi objetivo es promover la justicia en el mundo actual. 
- No me interesan los movimientos de orden espiritual, pero me parece que el llamado ser humano no tiene otra salida que vivir de acuerdo con lo que ha elegido y mantenerse fiel a su voluntad. Si, como resultado, así se alcanza una revolución social, creo que es suficiente. Lo que no me gusta es que sean otros quienes me impongan su justicia de librea. 

- El problema para mí es la justicia. No me importa lo que diga la gente. 

- Por lo que respecta a Europa, el erotismo únicamente se halla en el mundo del catolicismo. Esta religión cuenta con mandamientos severos cuya violación constituye el pecado. Y el pecador, le guste o no, deberá comparecer ante Dios. Pues bien, el erotismo es el método de establecer contacto con la divinidad a través del pecado. Es el tema de una mis obras teatrales, Madame de Sade. En el siglo  XVIII, el marqués de Sade puso en práctica este método y  no lo hizo tan sólo por oponerse al sistema, es decir, por un asunto de dimensiones banales como el político. Si la Revolución francesa no se hubiera visto compensada por el pensamiento de Sade, no se habría convertido en una verdadera revolución. Es decir, si no hay un pesimismo capaz de negar por completo el optimismo de una revolución, ésta no funciona. 

- En el relativismo del mundo actual el erotismo no pasa de ser una especie de sexo libre. No se opone a nada. Es un sexo sin relación alguna con lo absoluto. En mi opinión, nada más lejos del verdadero erotismo.

- Si no existieran los dioses, habría que hacerlos nacer. Y es que sin Dios no hay erotismo. Y debido a esta forma de pensar mía, he hecho lo imposible por hacer renacer el absoluto. Es entonces cuando surge el erotismo. ¿Qué tiene que ver todo esto con el sexo cotidiano? Pues nada. Digamos que se trata de una suerte de “panerotismo”. Eso es. Esta búsqueda es el objetivo principal de mi literatura. 

- Siento antipatía hacia el emperador como individuo. Y rechazo frontalmente el anuncio de su conversión en ser humano -llamémoslo así- que realizó cuando acabó la guerra. 

- Lo que se dice enemigos son el gobierno, el Partido Liberal Demócrata y todo el sistema político de la posguerra. También lo son el Partido Socialista y el Comunista. Sí, porque para mí este partido, el Comunista y el Liberal Demócrata son la misma cosa. Sí, son exactamente lo mismo: el símbolo de la hipocresía. Jamás caeré en las garras de esa banda. Espere y verá lo que hago.

- De momento, ya tengo tomada la decisión de no caer nunca en las garras de esa gente. De todos modos, no sirve de nada que hable ahora. Por favor, tenga un poco de paciencia y observe los acontecimientos… En este momento se dirán “Ha venido un tonto a echarnos una mano; a darnos el dinero que ha ganado escribiendo”. A mí me conviene que piensen así; al fin y al cabo, ahora sólo estoy interpretando este papel. Es un tema que tiene que ver con el bajo nivel de la política. Lo importante es que hasta el final no caiga en sus garras… Es absolutamente necesario que la institución imperial renazca según mis ideales. Es mi obsesión.

- Hace poco se publicaba en un periódico la escena de una comisión que investigaba la crueldad. Era en Sucia. En el banquillo de los testigos había de pie un campesino vietnamita con heridas y vendajes en el cuerpo. Vestía con harapos. Era compadecido por los miembros de la comisión, caballeros de mediana edad, bien vestidos y con perros caros en sus casas. Ahora les tocaba escuchar la querella del campesino con entusiasmo y, llevados por su simpatía hacia éste, dejaban escapar repetidamente expresiones de rechazo por lo que oían. El periodista que escribió esta crónica afirmaba sentir cierta artificiosidad en la conducta de esos hombres. A mí todo esto me hace pensar que el sistema político sueco tiene problemas.  

Hace ciento cincuenta años, Suecia perdió una guerra con Rusia, y por no haberse recuperado de su herida, tengo la impresión de que se ha convertido en un país afeminado que vive en el relativismo. Para compensar la perdida del espíritu del pueblo, este país se ha refugiado en el ideario de la paz de la humanidad. Estos ideales lo han conducido a adoptar el relativismo  como sistema político. De ahí ha surgido la noción de lo que se llama “Estado del bienestar”. El concepto de que el valor máximo de la humanidad es el bienestar social es una engañifa. Por eso, hasta este Partido Liberal Demócrata que tenemos en Japón ahora reflexiona sobre el asunto. No conozco cuál es la posición del Partido Comunista o del Socialista al respecto, pero sí estoy seguro de que en diferentes ámbitos de nuestra sociedad está teniendo lugar una reflexión sobre la noción del Estado del bienestar. 

- En los tiempos de la Restauración Meiji (en el siglo XIX), los patriotas morían uno detrás de otro. Y me desagrada que se crea que los hombres de aquella época morían porque eran simples, o porque eran pobres o porque eran samuráis. No. No importa la época en que se viva ni la clase social a la que se pertenezca.: la persona valora mucho la vida. Es parte de la naturaleza del ser humano. No puedo pensar que exista alguien en el mundo que no valore su vida. Sin embargo, el hombre tiene que ser capaz de separarse sin vacilar de ella, debe demostrar que tiene el valor de morir. No importa cuál sea el pretexto para mostrar tal arrojo, podrá ser una restauración, podrá ser una revolución. Lo que pasa es que la educación de la posguerra ha impregnado por completo las mentes de los miembros del Zenkyöto, una educación que, naturalmente, atribuye el máximo respeto  y valor a la vida humana. 

- La liberación total es imposible; a lo sumo podría realizarse únicamente en un ámbito relativo. Ni siquiera en un país tan liberal como Suecia estará permitido el llamado “homicidio de placer” hasta que el ser humano pueda gestionar su vida social. Jamás podrá el sexo alcanzar el absoluto en medio de una liberación así de relativa. El absoluto no se consigue de ningún modo sin la presencia de prohibiciones y mandamientos. Por eso el catolicismo es estupendo. Es la religión que tiene más erotismo. 

- Mi interés por el caso Solzhenitsyn está relacionado con el que tengo por el destino de la novela. Este genero se ha desarrollado a partir del siglo XIX teniendo como base una idea de la libertad característicamente teñida de los derechos fundamentales del hombre de la Revolución francesa. Es una libertad neutral que no pertenece a la derecha ni a la izquierda, una libertad opositora al sistema. Llegado a este punto, me surge la siguiente pregunta: ¿qué es la libertad en el seno del sistema estatal de la Unión Soviética? En este país, antes existía una clase gobernante cuyo poder se transmitía por vía hereditaria. Ahora el pueblo, en un ejercicio de plena libertad, ha asumido el poder político y ha formado un Estado comunista cuyo ideal es la dictadura proletaria. Dicho de otro modo, la formación del Estado, del sistema político, se halla determinada por una libertad no opositora al sistema. Es decir, el Estado soviético se puede considerar la plantación de una libertad pública y no opositora al sistema. Ahora bien, en el sistema comunista es natural que libertades como la del individuo o la libertad neutral o la opositora sean secundarias. Sin embargo, esta clase de libertades, aunque constituyan una fuerza pequeña, son capaces de detener la carrera brutal de la masa, que es algo que no puede hacer de ninguna manera la libertad no opositora. Éste es el motivo de que en ese país se haya llegado al estalinismo. 

- En los países libres, cuando se descubre a alguno de estos críticos neutrales desfasados respecto a su tiempo, de inmediato se monta la fiesta: “¡Ah, ahí tenemos a un aliado, a alguien con nuestro mismo ideario de libertad, a alguien que se atreve a criticar el sistema soviético desde dentro! ¡Qué admirable conciencia la suya y qué gran ejemplo para todos los intelectuales!”. Sin embargo, la misma noción de intelectual con conciencia ya es algo clasista en sí. Es un prejuicio de los países libres. De esa manera, atrapados por sus propios prejuicios, ponen por las nubes a Solzhenitsyn y le conceden el Nobel. Y cuanto más lo elogian, más se enfurecen en el país de origen del elogiado. Es natural que el gobierno soviético esté furioso. 

- Hoy en día, esta libertad se vende a partes iguales al frutero, a la mujer del pescadero, a la abuela del estanquero. El escritor es como el frutero y el pescadero… ¿O es que no vivimos en una democracia? Se habla de la libertad y de los privilegios del artista, pero, en realidad, no se tiene ni una ni otros. Claro que no. Lo único que nos diferencia está en el uso: el pescador tiene la libertad de ganarse la vida vendiendo pescado; el novelista hace lo mismo cuando proyecta su obra literaria. La libertad de hoy está estandarizada, está despojada de individualidad. Hasta con el sexo pasa igual. Se habla de sexo libre, pero en realidad lo único que se hace es ofrecer a todos la misma taza de té. Así es. 

- Las mujeres no comprenden que refutar su posición va en desventaja para ellas. -Qué tontas por no darse cuenta!

- La idea de la muerte no es adecuada cuando se habla de arte. ¿Por qué? Pues porque el arte tiene que vivir, vivir y vivir largamente; de lo contrario, ni puede completarse ni pulirse. En cambio, si hablamos de acción, uno puede morir incluso a los dieciocho años. Sólo entonces se consigue la perfección. A mi parecer, vivir sin hacer nada, envejecer lentamente, es una agonía,  es desgarrarse el propio cuerpo. Todo esto me ha llevado a pensar que, como artista que soy, debo tomar una decisión.

- Los seres humanos somos muy simples: cuando se está bajo, se compensa con algo; cuando se está alto, se rebaja con algo. Es lo que le pasa al común de los mortales. Tomemos esa mesa como ejemplo. Si notamos que está coja de una pata, la cortamos un poco de la otra. ¿Y si está baja de ésta? Pues la cortamos de la primera pata. ¿Y si de una tercera? Pues la cortamos un poco de la cuarta pata. ¿Qué pasa con la mesa si no dejamos de cortar aquí y allá? Pues que pronto se queda sin patas. ¿No ocurre lo mismo con la vida? Yo ahora siento que me hallo al borde del momento de mi vida en que todas las patas de la mesa han desaparecido. 

- ¡Ah, a lo mejor es mi última obra! (Nota: El mar de la fertilidad)  No sabría decirle. De momento, no tengo ningún plan para el futuro. Estoy agotado.

- El teatro me tiene cansado. Lo que quería decir ya lo dije en “Mi amigo Hitler” y en “LA terraza del rey leproso”. 

Crítica a la modernidad, Joseph De Maistre

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- Si bien el soldado también ejecuta a otros hombres sobre el campo de batalla sin ser por ello objeto de reprobación por nadie, el verdugo ejerce la misma función, pero pese a hacerlo como garante del orden del universo, y respaldado por la ley, sufre el mayor de los rechazos.

- El soldado es, como el verdugo en otra situación.

- La razón humana es claramente incapaz de guiar a los hombres; porque pocos están capacitados para razonar bien y ninguno es capaz de razonar bien del todo.

- Aquello que hoy se llama idea nueva, pensamiento ardiente o gran pensamiento, se llamaría casi siempre, en el diccionario de los escritores del siglo XVII, audacia criminal, delirio o atentado.

- Es imposible equivocarse sobre Dios si no se tiene conocimiento del mismo.

- ¿Por qué se ha cometido la imprudencia de conceder la palabra a todo el mundo?

- El foso de un castillo y su fin.

Supongamos que yo hago excavar un foso en torno a mi castillo; uno dice que sirve para conservar el pescado; frente a otro que sostiene que lo he excavado para defenderme de un ladrón; un tercero, finalmente, dice que sirve para sanear los terrenos. Todos pueden estar equivocados. Solamente quien se limita a decir “Lo ha hecho excavar con un objetivo que sólo él conoce” tendría ciertamente la razón.

- La teocracia papal.

Ninguna soberanía es ilimitada en el verdadero sentido de la palabra, y ninguna puede serlo: siempre, y en todas partes, ésta ha sido, de cualquier modo, limitada. Una intervención del poder espiritual era, sin duda, aquello más natural y menos peligroso, especialmente entre las naciones jóvenes y agresivas. La hipótesis de todas las soberanías cristianas reunidas por la fraternidad religiosa en una suerte de república universal, bajo la supremacía atemperada del poder espiritual supremo, esta hipótesis, decíamos, no tenía nada de inconveniente (…) ¿quién sabe qué habría sucedido si la teocracia, la política y la ciencia hubieran podido encontrar un tranquilo equilibrio, como siempre ocurre cuando las cosas son abandonadas a sí mismas y se deja actuar al tiempo? Las más terribles calamidades, las guerras de religión, la revolución francesa etc, nunca habrían sido posibles este orden de cosas. 

- La Iglesia y la esclavitud 

Sería inútil demostrar difusamente aquello que no es ignorado por nadie, y aquello que el mundo entero, hasta el cristianismo, ha estado siempre lleno de esclavos, y que lo sabios nunca han censurado tal uso. La verdad de esta afirmación es absolutamente incontestable.

La religión comenzó a trabajar sin tregua en la abolición de la esclavitud; algo que ninguna otra religión, ningún legislador o filosofo nunca se habría atrevido a emprender, ni tan siquiera a soñar. El cristianismo, que actuaba divinamente, justo por esto actuaba lentamente, porque todas las operaciones justas, sean del tipo que sean, se completan siempre de forma inadvertida.


- Utilidad de una lengua litúrgica universal.

¡Qué idea sublime aquella de una lengua universal para la Iglesia universal! De un lado a otro, el católico que entra en una Iglesia de su rito está en su propia casa, y nada es extraño a sus ojos. Llegando siente aquello que ha sentido toda la vida; puede unir su propia voz a aquella de sus hermanos. La fraternidad que resulta de una lengua común es un vinculo misterioso de una fuerza inmensa. 

- Una lengua inmutable para una religión inmutable.

Y, finalmente, una lengua que cambia a continuación, mal se adhiere a una religión inmutable. El movimiento natural de las cosas altera continuamente las lenguas vivientes; y sin hablar de aquellos grandes cambios que la saturan completamente, existen otros que no parecen importantes, pero que, en cambio, lo son, y mucho. La corrupción del siglo se apodera cada día de ciertas palabras y se divierte corrompiéndolas. Si la Iglesia hablase nuestra lengua podría depender de la imprudencia de un bello espíritu convirtiendo la palabra más sagrada de la liturgia en ridícula o indecente. Por ese motivo, desde este punto de vista, también la lengua religiosa debe ser sustraída del dominio del hombre. 


- La enfermedad aguda no es transmisible, mientras que aquella que consume los tumores se convierten en enfermedades originarias que pueden corromper a toda una raza.

- El mal lo ha profanado todo, y el hombre en su totalidad es una enfermedad.

- Nadie es inocente, no existen los justos en el sentido absoluto de la palabra, y somos todos culpables porque estamos degradados en nuestra naturaleza.

- Nunca he llegado a entender esta perpetua argumentación contra la providencia, basada en la infelicidad de los justos y la prosperidad de los malvados. Si el hombre recto sufriese porque es recto y si el malvado tuviese la suerte por ser malvado, la demostración sería incontestable; sin embargo ésta cae de inmediato cuando se supone que el bien y el mal son distribuidos indiferentemente entre todos los hombres (…) se ha probado claramente que los males de cada género llueven sobre todo el género humano como las balas sobre un ejercito: sin distinción alguna entre las personas. Sin embargo, si el hombre honesto no sufre porque es un hombre honesto, y si el malvado no tiene suerte porque es malvado, la objeción cae en beneficio del buen sentido.

- Aunque el mundo es recto solamente desde las leyes generales no creo que vosotros tengáis la pretensión o los fundamentos del suelo en el cual nos encontramos fuesen socavados por un corrimiento de tierras, que Dios suspenda las leyes de la gravedad en nuestro beneficio solamente porque esta tierra rige actualmente entre hombres que nunca han matado ni robado: tened por seguro que también caeremos nosotros, y acabaremos aplastados.

- Cada hombre, en cuanto hombre, está sujeto a todos los males de la humanidad; la ley es general, por ese motivo es justa. Pretender que la dignidad o las virtudes de un hombre tengan el poder de sustraerlo a la acción de un tribunal inicuo o  engañado sería como querer que su dignidad y virtudes lo exonerasen de la apoplejía o de la misma muerte. 

- El niño sufre y muere porque pertenece a una masa que debe sufrir y morir a causa de la degradación que ha experimentado en sus inicios y porque desde aquella degradación se ha derivado la triste ley según la cual, cada hombre, en cuanto hombre, está sujeto a todos los males que pueden golpear al hombre. Por ese motivo todo nos conduce a esta gran verdad: todo mal, o hablando más claramente, todo dolor es un suplicio impuesto por alguna culpa actual u original.

- Si una falsa opinión reina sobre un pueblo, no la encontraréis tomada por el pueblo vecino; o si alguna vez parece extenderse, ya no digo sobre la totalidad del planeta sino sobre un gran número de pueblos, el tiempo la borra con su paso.

- Sin el cristianismo el hombre no sabe quién es él, porque se encuentra aislado en el universo, y no puede compararse a nada; el primer servicio que le ofrece la religión es aquel de mostrarle cuánto ha costado éste: “Miradlo, es un Dios que hace morir a un Dios”.

- Quien ha transcurrido su vida sin que nunca le hubiesen interesado las cosas divinas; quien ha limitado su espíritu y enardecido el corazón con estériles especulaciones que no pueden hacerlo mejor en esta vida ni prepararlo para la otra; éste, está convencido, rechazará tales pruebas, y no habrá entendido nada. Existen verdades que el hombre no puede captar con el “espíritu de su corazón”. (…) Cuando el hombre más hábil no posee el sentido religioso, no solamente no podemos convencerlo, sino que no tenemos ni tan siquiera medios para que nos entienda; lo que demuestra solamente su infortunio. 

- El castigo es un gobernador eficaz; él es el verdadero administrador de los asuntos públicos, él es el verdadero legislador, y los sabios lo llaman el garante de los cuatro órdenes del Estado para el exacto cumplimiento de sus deberes. El castigo gobierna la humanidad entera; el castigo la custodia; el castigo la vela mientras los hombres de guardia duermen. El sabio considera el castigo como la perfección de la justicia. Cuando un monarca deja de castigar, el más fuerte acabará por quemar al más débil. La raza humana en su integridad es mantenida en el orden del castigo; de hecho la inocencia es rara, y es el temor de la pena el que permite al universo disfrutar de la felicidad que le es destinada. 

- Pese a que toda grandeza, todo poder y toda sujeción se basan en el verdugo: él constituye el horror y el vinculo de la asociación humana. Quitad del mundo a este agente incomprensible, y en ese mismo instante el orden dará paso al caos, los tronos se hundirán y la sociedad desaparecerá. 

- Existe en el ámbito temporal una ley divina y visible que castiga el crimen; y esta ley, estable como la sociedad que la hace subsistir, es aplicada invariablemente desde que las cosas tuvieron origen: porque el mal existe sobre la tierra y actúa constantemente, en consecuencia debe ser retomado por medio del castigo; y, de hecho, vemos en toda la faz de la tierra una acción constante de todos los gobiernos para detener o castigar todo atentado del crimen; la espada de la justicia no tiene vaina: debe amenazar continuamente o golpear. 

- Si se considera al hombre con su razón, sus sentimientos y sus afectos no es fácil explicar cómo la guerra es humanamente posible. Sin embargo, en el hombre existe una enorme degradación, un elemento de amor que lo conduce hacia sus propios iguales: la compasión le es tan natural como el respirar. Y entonces, como por arte de magia, al primer redoble de tambor, está listo para despojarse de estos caracteres sagrados e ir sin resistencia, y hasta con una cierta alegría, que también tiene un carácter particular, a herir o masacrar sobre el campo de batalla al hermano que nunca le ha ofendido y que, igualmente, avanza para hacer sufrir la misma suerte. 

- No existe más que violencia en el mundo; estamos viciados por la filosofía moderna, la cual ha dicho que todo está bien, mientras el mal lo ha ensuciado todo, y se puede decir con certeza absoluta que todo está mal porque nada está en su lugar. Habiéndose basto en proporción según la regla de la armonía. Todos los seres se lamentan, y tienden con cansancio y con dolor hacia otro orden de cosas. 


- No existe ni un solo instante en el que un ser viviente no sea devorado por otro.

- Por encima de estas numerosas razas animales se ha colocado al hombre, cuya mano destructora no se escatima a ser viviente alguno; él asesina para alimentarse, asesina para vestirse, asesina para adornarse, asesina para atacar, asesina para defenderse, asesina para instruirse y asesina por asesinar: rey supremo y terrible, ha necesitado de todo y nada se le resiste. 

- Observad bien y la descubriréis bien en todas las obras filosóficas del siglo XVIII. Ellas no lo dicen abiertamente: “No existe Dios alguno”, aserción que habría podido comportar algunos inconvenientes prácticos; por el contrario dicen: “Dios no está aquí. No está en vuestras ideas, las cuales vienen de los sentidos; no están en vuestros pensamientos, los cuales no son más que sensaciones reelaboradas; no están en los azotes que os afligen, los cuales son fenoles físicos como otros, explicables a través de las leyes que conocemos. Dios no piensa en vosotros; no ha hecho nada en particular por vosotros; el mundo está hecho tanto por insectos como por vosotros. Dios no se venga de vosotros porque sois demasiado insignificantes etc”. 

- Para ser criminales nosotros debemos vencer a nuestra naturaleza: el salvaje la sigue, siente la necesidad del delito, no tiene remordimientos. Mientras que el hijo asesina al padre para evitarle los padecimientos de la vejez, la mujer destruye su propio seno el fruto de sus amores barbaros para sustraerse de las fatigas de la lactancia. El salvaje arranca la cabellera sanguinolenta del enemigo todavía vivo; lo descuartiza, lo asa y lo devora cantando.

- Existe en la revolución francesa algo de satánico que la distingue de todo aquello que se ha visto hasta ahora. ¡Se recuerdan las grandes sesiones! El discurso de Robespierre contra el sacerdocio, la solemne apostasía de los sacerdotes, la profanación de los objetos de culto, la institución de la diosa Razón y aquellas escenas inauditas en las que las provincias buscaban superar a París; todo esto salió de la esfera ordinaria de los crímenes y parece pertenecer a otro mundo. 

- Aquellos que han instituido la república lo han hecho sin quererlo o sin saber aquello que hacían: han sido llevados por los acontecimientos; un plan preestablecido no habría tenido éxito. 

- Desde hacía tiempo no se había visto un castigo así de espantoso, infligido a un gran número de culpables. Están entre los inocentes, sin duda, entre aquellos desventurados, pero son muchos menos de los que se imagina comúnmente.

Todos aquellos que se las han ingeniado para liberar a su pueblo de su credo religioso; todos aquellos que han opuesto sofismas metafísicos a las leyes de la propiedad; todos aquellos que han dicho: haced daño para que podamos obtener un beneficio; todos aquellos que han aconsejado, aprobado y favorecido las medidas violentas empleadas contra el rey: todos ellos han querido la revolución, y todos aquellos que la han querido han sido justamente las víctimas, según nuestras restrictivas visiones. 

- La filosofía política moderna es, en su conjunto, demasiado material y demasiado presuntuosa para tomarlas como verdaderamente funcionales en el mundo de la política. Una de sus locuras es aquella de creer que una asamblea pueda constituir una nación, que una constitución, es decir, que un conjunto de leyes fundamentales que convienen a una nación y que deben dar cualquier forma de gobierno, sea una obra que solamente requiera de ingenio, conocimientos y ejercicio; que se pueda aprender el oficio de lo constituyente y que, algunos hombres, el día que a ellos les venga en gana, puedan decir a otros hombres: haced un gobierno, como se dice a un trabajador: hazme una trompeta de fuego o un marco para las medias. 


- Entonces todo se reduce a la regla general: el hombre no puede hacer una constitución y ninguna constitución legítima podría ser escrita. No se ha escrito nunca ni se escribirá nunca el conjunto de las leyes fundamentales que deben constituir una sociedad civil y religiosa. Pero después de que la sociedad sea constituida, sin que se pueda decir de qué modo, es posible hacer declarar o ilustrar por escrito ciertos artículos particulares; pero casi siempre estas declaraciones son el efecto o la causa de grandísimos males y cuestan más a los pueblos de lo que valen.

- La constitución de 1795, como sus hermanas mayores, está hecha por el hombre. Pero no existe el hombre en el mundo. En mi vida he visto a franceses, italianos, rusos etc; también sé, gracias a Montesquieu, que se puede se persa; pero en cuanto al hombre declaro no haberlo encontrado nunca en mi vida; si existe yo no lo conozco. 

- Ciertamente se puede preguntar si la República posee la mayoría; pero que ella la tenga más o menos carece de importancia: el entusiasmo y el fanatismo no son condiciones duraderas. En política como en mecánica las teorías engañan si no se toman en consideración las distintas cualidades de los materiales que componen las máquinas. 

- Para hacer la revolución francesa ha sido necesario derribar la religión; ultrajar la moral, violar todas las propiedades y cometer todos los delitos:  para esta obra diabólica ha sido necesario emplear tal número de bribones que quizás no han sido vistos tantos vicios intentando llevar a cabo tantos males. 

- El rey no debe hablar el lenguaje de las revoluciones. 

- No existe idea más feliz que aquella de reunir ciudadanos pacíficos que trabajen, recen, estudien, escriban, den limosnas, cultiven la tierra y no cuestionen nunca a la autoridad. 

- Una juventud impetuosa, innumerable, libre para su desgracia, ávida de honores y riquezas, que se precipita hacia enjambres sobre la vía de los impíos. 

- Si se pregunta cuál es el gobierno más natural para el hombre, la historia le responde: es la monarquía. 

- Se ha demostrado de forma rigurosa que los pueblos están hechos para el mismo régimen, que toda nación tiene todo aquello que se le adecua mejor, y que, sobre todo, “la libertad no es la guía de todos los pueblos, y que cuanto más se refleja sobre este principio enunciado por Montesquieu, tanto más se advierte la verdad”. Ya no se entiende qué significan las proclamaciones sobre los vicios del régimen monárquico. Se tiene el objetivo de hacer sentir más vivamente tales abusos a los infelices destinados a soportarlos, es un pasatiempo realmente bárbaro. Los empuja a rebelarse contra un gobierno hecho para ellos, es un crimen sin nombre. 

- Rousseau, que nunca ha podido perdonar a Dios no haberlo hecho nacer Duque de igual manera, ha mostrado mucha acelera contra un régimen que vive, especialmente, de distinciones. Principalmente se lamenta de la sucesión hereditaria que expone a los pueblos “a darse por líderes a los niños, monstruos e imbéciles pudiendo evitar el inconveniente de tener que discutir sobre la elección de un buen rey”. 

- Entonces el régimen monárquico es aquel que más puede prescindir de las habilidades del soberano, y probablemente aquí está la primera de sus ventajas. 

- Nosotros no queremos que se juzguen a los soberanos, no queremos juzgarlos.

- Se puede afirmar en general que todos los regímenes no monárquicos son aristocráticos porque la democracia es solamente una aristocracia electiva. 

- La monarquía es la soberanía demandada por un solo hombre; y la aristocracia es esta misma soberanía demandada por algunos hombres (más o menos).

- Rousseau diría, hablando de la monarquía hereditaria: “Se arriesga a tener por líderes a chiquillos”. Otro ejemplo de su sagacidad; todavía se debe observar que el argumento es más débil cuando se aplica a la aristocracia, si se considera que la inexperiencia de los senadores de veinte años es ampliamente compensada por la sabiduría de los ancianos. 

- Y como la ocasión se presenta naturalmente, observaremos que la mezcla de jóvenes y hombres maduros es justo una de las mejores características del régimen aristocrático; todas las funciones están sabiamente distribuidas en el universo: aquella de la juventud es la de hacer el bien, aquel de la senectud impedir el mal; el ímpetu de los jóvenes, que demanda solamente acción y creación, es muy útil para el Estado; pero ellos están demasiado inclinados a innovar, a demoler, y provocarían muchos daños sin la presencia de los viejos, cuya función es la de detenerlos; pero estos últimos a su vez se oponen también a las reformas útiles, es demasiado rígida, y no sabe adaptarse a las circunstancias, y alguna vez un senador de veinte años puede encontrarse oportunamente al lado de un viejo de ochenta años. 

- Le democracia pura no existe, al igual que el despotismo absoluto. “Si se interpreta este término en su resultado más riguroso -dice correctamente Rousseau- nunca habría existido una verdadera democracia y nunca existirá. Está contra el orden natural que el gran número gobierne y que el pequeño sea gobernado”. 

- En un sentido estricto creo poder definir la democracia: es una asociación de hombres sin soberanía. Si bien ningún pueblo, como ningún individuo, puede poseer un poder coercitivo sobre sí mismo, si existiese una democracia pura, en su pureza teórica, no existiría, evidentemente, soberanía en este Estado: porque es imposible entender por esta palabra otra cosa que un poder represivo que actúa sobre el súbdito y que es situado fuera de él. Por eso el término súbdito, que es un término relativo, es extraño a las repúblicas, porque si en una república no existe un soberano propiamente dicho tampoco puede existir un súbdito, así como no puede existir un hijo sin un padre. 

- En las democracias la justicia es a veces débil, y otras apasionada. 

- Si bien el castigo de un culpable o de un acusado ilustre es un auténtico disfrute para la plebe, que así se consuela ante la inevitable superioridad de la aristocracia, la opinión pública favorece poderosamente estos tipos de juicios; pero si el culpable es un individuo cualquiera o si el delito no hiere el orgullo ni el interés inmediato de la mayoría de los individuos de un pueblo, la opinión predominante se resistirá a la acción de la justicia y la paralizará. 

- Generalmente la justicia es siempre débil en la democracia cuando camina sola, y siempre cruel y desconsiderada cuando se apoya en el pueblo.

- La masa del pueblo influye muy poco sobre las elecciones así como sobre otros asuntos. 

- Ciertamente no quiero negar a los atenienses que constituyan un ejemplo admirable por tantos versados; pero creo también que se les ha admirado demasiado. Cuando leo la historia de “este pueblo ligero, sospechoso, violento, rencoroso y ávido de poder” es incapaz casi siempre de ser útil, yo me inclino hacia el sentimiento de Voltaire, que llamaba a la democracia ateniense el gobierno del canalla. 

- En una república de una cierta extensión, aquello que se llama democracia no es sino el sacrificio absoluto de un gran número de hombres por la independencia y el orgullo de un pequeño número. 

- Se debe partir de un principio general e incontestable, y esto significa que cada régimen es bueno cuando está establecido y existe desde un tiempo prolongado sin contestación.

- El problema no es saber cuál es el mejor régimen, sino cuál es el pueblo mejor gobernado según los principios de su régimen. 

- ¿La población permite valorar un régimen? La población no es el único termómetro en la prosperidad de los Estados; debe estar acompañado por la riqueza y el bienestar del pueblo, y es necesario que la población sea rica y posea bienestar. Un pueblo cuya población fuese aumentada al mayor nivel posible, y donde cada individuo poseyese solamente lo estrictamente necesario, sería un pueblo débil e infeliz. La mínima sacudida política lo oprimiría y traería calamidades. Una nación de quince millones de hombres puede ser no solamente más feliz, afirmación que no tiene necesidad de ser probada, sino también más poderosa que otra de veinte millones: esto lo han probado perfectamente los economistas. 


- El mejor régimen para cada nación es aquel que en el espacio ocupado por esta nación es capaz de procurar la mayor felicidad y fuerza posible al mayor número de hombres durante el periodo más largo posible.