La toma de Badajoz - Yagüe El general falangista de Franco, Luis E. Togores



Antes de comenzar el ataque Yagüe arengó a sus hombres: “¡Caballeros legionarios! Los rojos afirman que no sois soldados, sino frailes disfrazados. ¡Entrad en Badajoz a decir misa!”


Yagüe resumía a Franco la toma de la ciudad en las siguientes palabras:


Mes de Agosto de 1936.
Excmo. Sr. Don Francisco Franco B.
Sevilla


Mi querido general: la toma de Badajoz ha sido una operación de mucha barba, como podrás ver por la relación de bajas. Nuestra artillería contra esas murallas servía lo mismo que los fusiles, y en vista de que los pájaros resistían, tuve que entrar a la bayoneta. 

Esta operación me ha enseñado muchas cosas. Primera, las operaciones no pueden hacerse sin la cooperación de la aviación cuando hay que ocupar varios pueblos. Si se trata de uno solo, sí, porque la marcha puede hacerse de noche o asaltar el pueblo al amanecer. Pero si se trata de varios ya el segundo hay que avanzar y combatir de día, y la aviación causa muchas bajas y sobre todo desmoraliza enormemente a la gente, y la desbandada se produce inmediatamente. Hacen falta cañones antiaéreos y caza o aviación nuestra, ante la que huyen hasta los cazas enemigos.

Segundo, los tanques son imprescindibles, porque si no el chorro de bajas hará que estas unidades se queden en cuadro, y como tú sabes, estos soldados no se improvisan. Hoy he mandado a Portugal, como te dije, dos capitanes para ver al capitán Lourenzo y a tu hermano para ver si pueden darnos tanques y cuantos más mejor. Y para levantar el banderín de enganche. 

Tengo noticias de que en Madrid tienen gran cantidad de artillería y que se están fortificando formidablemente: van a ser superiores a nosotros en artillería. Creo imprescindible adquirir seis u ocho grupos de artillería de alcance y potencia superior a la de ellos. Sé que están temerosos del cerco, que es lo único que les preocupa, porque creen que a viva fuerza no se les toma. Yo creo que como no tienen comunicaciones más que con Levante podrían primero los Savoias, volando muy bajo, en sitios que no haya tropas, inutilizar puentes de ferrocarril y carreteras para que su aprovisionamiento lo hicieran de una manera precaria. Estos puentes los arreglarían, pero al día siguiente otros. Después, y una vez sometida Málaga y restableciendo el frente único, avanza una columna a cortar por el sur y reforzar a Mola, para que prolongue su flanco izquierdo; y son nuestros. 

Estas columnas van a necesitar dos unidades más para que las agrupaciones de primera línea tengan tres unidades y la de reserva y maniobra do; y como tienen fuerzas suficientes para organizar dos columnas, mandarle a Mola cuatro o seis unidades. Somos los amos. 

Perdona esta oficiosidad, pero después de la toma de Badajoz la hemos planeado y me dicen te la trasmita. 

He organizado en Badajoz y lo estoy haciendo en la provincia, restablecer el ferrocarril. Obras Públicas ha salido hoy mismo para arreglar puentes y alcantarillas. Como del regimiento no quedan más que rastros, he movilizado las cuotas de reemplazo. Estoy organizando Falange en plan militar, y organizando los Carabineros, Guardia Civil y de Asalto que nos fueron leales. 

Esta Comandancia de la Guardia Civil está desorganizada. Pedí a Cáceres que me mandasen las fuerzas de Badajoz que se habían refugiado en aquella provincia y me dijeron que lo harían enseguida. 

Tengo noticias de que en Francia empezarán a entregarles aparatos mañana o pasado y habrá que tomar precauciones. 

Te mando a Sevilla al teniente coronel de artillería Iturzaeta y al capitán de Estado Mayor Sáez, que me dice Castellón que no los necesita y a mí me sobra gente. 

Creo que mañana podré empezar a mandarte camiones y coches, aunque por aquí no han dejado nada, todo se lo han llevado. 

La propaganda es muy necesaria. Ellos tiran periódicos y proclamas y las columnas y pueblos no ven un solo periódico nuestro. Creo que se debía repartir con profusión.

Con todo respeto y cariño te abraza tu subordinado y amigo

Juan Yagüe. Rubricado.
Badajoz, 15 de agosto de 1936.



     Para los partidarios del bando nacional la toma de Badajoz se convirtió en un hito de la justicia de su causa. Numerosas poblaciones extremeñas y de toda España pusieron calles con el nombre de Yagüe y le nombraron hijo predilecto. Muchos años después de la liberación de Badajoz le seguían llegando cartas al ya general Yagüe agradeciéndole su decidida actuación durante la Guerra Civil.


Las matanzas de Badajoz


El día que liberaron Badajoz las tropas de Yagüe había pasado casi un mes desde el alzamiento militar. En las cuatro semanas de guerra transcurridas ambos bandos se habían lanzado con encarnizamiento a la persecución y eliminación de sus enemigos ideológicos. No debemos olvidar que lo más terrible de una guerra civil respecto a otras guerras es que, en ésta, se convierten en enemigos no sólo los soldados contrarios que visten uniforme y portan armas, sino toda la población civil del bando enemigo, sin importar su edad, sexo y condición. Muy especialmente en los primeros momentos del conflicto. 

La represión roja en Extremadura es, hoy, de sobra conocida. Andalucía oriental y las provincias extremeñas de Cáceres y Badajoz habían quedado bajo el poder de los sectores más extremistas del Frente Popular al comenzar la guerra, que habían procedido, sin dilación, a una enorme limpieza social mediante la matanza indiscriminada de muchos de sus vecinos. 

Ángel David Martín Rubio, sin lugar a dudas el historiador más solvente sobre las cifras de represión en Extremadura, de ambos bandos, durante la Guerra Civil, nos da los siguientes datos contrastados en relación a Badajoz. La cifra de asesinados por el Frente Popular fue en la provincia de Badajoz de 1.461 personas, de las que 34 lo fueron en la propia capital de provincia. Cifras bajas si las comparamos con las de ciudades como Madrid o Málaga. Estos asesinados no pertenecían a las clases más pudientes y conservadoras de la sociedad extremeña, pues sólo el 15,15 por ciento eran propietarios, seguidos de un 12,46 por ciento de labradores, 11,22 por ciento de miembros de profesiones liberales y un 9,84 por ciento de artesanos. Por militancia política la mayor parte de los asesinados eran miembros de la CEDA (el 57,06 por ciento) y falangistas el 26,21 por ciento. En el caso de los falangistas, se trata de un cifra enorme, 130 miembros de FE de las JONS ejecutados, sobre todo si consideramos los pocos miles de seguidores que tenía José Antonio Primo de Rivera en toda España. 

En un mitin pronunciado en el teatro de Minayo de Badajoz, en presencia del gobernador civil, por el diputado socialista Nicolás de Pablos, éste anunció textualmente el “exterminio de las derechas”. Una línea de actuación que era defendida por Largo Caballero, Margarita Nelken y otro muchos líderes del Frente Popular, de manera pública y reiterada. Estas actitudes, nada más empezar la guerra, se convirtieron en una realidad mediante el asesinato y masacre de ciudadanos españoles de toda clase, edad y condición, como la cometida en Granja de Torrehermosa por el miliciano Zambomba y sus correligionarios sobre un anciano, varias mujeres y niñas de la familia De Llera y de sus parientes De la Gala:


Hace pocos años, Televisión Española presentó una larga serie sobre la Guerra Civil dirigida por conocidos historiadores. En uno de los capítulos transmitieron la horrible escena de una de las numerosas matanzas ocurridas durante los primeros meses de la contienda. El locutor del programa afirmó que se trataba de uno de los tristes episodios de la represión nacionalista en Salamanca. Quiso el caso que dos de los supervivientes (telespectadores en ese momento) de aquella tragedia reconocieran el lugar y los hechos. La provincia no era la de Salamanca, sino la de Badajoz; la localidad el pueblo de Granja de Torrehermosa; la fecha el 24 de septiembre de 1936. Los asesinados en este caso no eran tampoco los sublevados, sino un grupo de desalmados de pueblos cercanos a la Granja, gobernado por un ayuntamiento socialista que presidía Anselmo Martínez. Los asesinados eran familiares de los dos sorprendidos televidentes, que habían logrado sobrevivir a aquellos hechos. Lola Durán y su hijita, entonces de un año, lograron salvarse de la matanza…

Cayeron Ventura de Llera y de la Gala (un hombre anciano), sus hermanas Piedad y Felisa, mientras que la hija de esta última quedaba mutilada en la mano derecha. También murió Rosario de la Gala de Llera, de quince años, y la pequeña María de las Nieves de la Gala Durán, de tres años, cuyo cuerpo desfigurado me ha acompañado siempre en la memoria. Su padre, Felipe, había caído días antes. Las criadas Rafaela Barroso y Josefa Calero corrieron la misma suerte aquel horrible 24 de septiembre. Una chiquilla, Encarnita Rubilla, de trece años, recibió un disparo en el vientre que no consiguió matarla hasta muy entrada la madrugada. Su madre, Eloísa, moría del mismo modo en casa de unos parientes de la familia De la Gala de Llera. El Zambomba y sus compañeros de hazañas tan heroicas no se dieron cuenta de que Encarnita y Felisa estaban vivas, aunque la primera lo estuviese solamente hasta las tres y media de la madrugada. También se salvó una hermana de María de las Nieves, Lili, de cuatro años y medio, que, escondida en una tinaja de aceite de la despensa, oyó los disparos e intuyó lo que estaba ocurriendo. 

Llera, L., Historia de España: España actual, el régimen de Franco (1939-1975)

 
No nos engañemos: para unos Yagüe es un héroe y Carrillo un asesino, o viceversa, sin entrar en matices, que existen por el bando al que estaban adscritos cada uno, por su ideología y nada más. Esto es una realidad incuestionable que demuestra la existencia, aún en la actualidad, de las dos Españas. 

Hoy día sabemos que la represión de Badajoz existió y que fue muy dura, pero también sabemos que fue inteligentemente instrumentalizada por la propaganda frentepopulista, y que lo sigue siendo por aquellos sectores de izquierda que mienten, más de siete décadas después, herederos de aquellos. Badajoz fue una de las grandes bazas de la propaganda política del bando republicano, muy útil para demonización de sus enemigos, gracias a su superior sistema de comunicación política, que habían creado desde el mismo comienzo de la Guerra Civil española. Es el único capítulo, en lo relativo al arte de la guerra, en el que los frentepopulistas fueron, y lo siguen siendo sus partidarios, netamente superiores a los nacionales. 


Los medios rojos de comunicación

A las pocas semanas de empezar la guerra el Frente Popular contaba con una poderosa maquinaria de propaganda, igual o mejor que la existente en los países europeos más adelantados en esta materia. La sensibilidad hacia estos temas de las autoridades republicanas propició que el dinero no fuese un problema y por ello incorporasen los métodos y medios más avanzados de su tiempo al esfuerzo propagandístico de guerra. La República contrató a los mejores equipos de expertos nacionales y extranjeros, y su máquina de propaganda empezó a funcionar a todo tren. Así lo puso de manifiesto el corresponsal estadounidense y testigo presencial del proceso Edgard Knoblaugh: 
Máquinas de escribir, multicopistas y rotativos comenzaron la ingente tarea de moldear la opinión pública de dentro y fuera de España. En lo doméstico era sencillo, pues consistía principalmente en idear medios para levantar la moral, pero en el extranjero era más complicado, pues la España republicana era juzgada desfavorablemente en muchos países debido a la interminable serie de actos de violencia inhumana que precedieron a la guerra y a las despiadadas liquidaciones de no combatientes que le siguieron. La labor de los propagandistas era conseguir modificar la opinión mundial, muy especialmente la de los países de los que la España republicana deseaba obtener ayuda moral o material. Los Estados Unidos fueron su objetivo primordial, y solo había que echar una ojeada a los periódicos estadounidenses para darse cuenta de lo eficaz de la campaña. 
Knoblaugh E., ¡Última hora: guerra en España!

A pesar de algunos errores iniciales en sus acciones de manipulación, pronto la propaganda roja comenzó a tener un éxito verdaderamente impresionante. Los sectores culturales de la izquierda europea, así como los partidos y medios de comunicación vinculados al comunismo y al socialismo, hicieron de perfecta caja de resonancia de los infundios y manipulaciones de los departamentos dedicados a la guerra propagandística a favor de la República española:

… el grueso de la propaganda se destinaba al consumo extranjero. Su eficacia era destacable. En muy poco tiempo la prensa mundial se olvidó de los excesos lealistas, y lo que al principio fuera catalogado como “gobierno rojo”, se convirtió, tras la influencia de la hábil propaganda, en “gobierno democrático” que luchaba por mantener la democracia defendiéndola de la “horda de invasores”. 

Son de sobra conocidos los periodistas que, por no plegarse a las directrices propagandísticas republicanas, vieron en peligro sus vidas y fueron expulsados de España. El propio Knoblaugh* es un caso, junto a Willian Carney del New York Times, Roland Winn y John Allwork de Reuter, este último detenido siete veces hasta que fue expulsado. También tenemos a la corresponsal independiente estadounidense Jane Anderson, que se salvó por los pelos de ser fusilada, entre muchos otros.

*Knoblaugh, a raíz de una serie de entrevistas con miembros de las Brigadas Internacionales de origen polaco, checo y británico, fue advertido por un amigo español que trabajaba en el Ministerio de Gobernación de que existía la posibilidad de que sufriese un accidente mortal cualquier día. Eddie Neil, compañero de Knoblaugh en Associated Press, murió en el frente de Aragón junto con otros dos corresponsales cuando estalló una bomba dentro de su coche. 

Junto a estos había otros corresponsales como Yay Allen, corresponsal del Chicago Tribune, reconocido partidario del Frente Popular e íntimo amigo de Largo Caballero y Negrín, que puso su máquina de escribir descaradamente al esfuerzo de guerra republicano, olvidando su deber para con sus lectores estadounidenses de contar la verdad. 

Solo eran bien vistos por el Gobierno los representantes de los medios de prensa que se prestaban a jugar el juego que se les imponía. Algunos de ellos se convirtieron en meros agentes de propaganda -nunca se acercan al frente para evitar se capturados por los nacionales-, y sus noticias y crónicas se mostraban abiertamente inclinadas a favor del bando republicano, por lo que no estaban capacitados para informar objetivamente sobre la guerra. 

Una larga serie de mitos propagados por el Frente Popular aún perviven en la actualidad, falseando la realidad de los hechos, siempre a favor de la propaganda que en su día ampliamente difundió el Frente Popular con extraordinaria eficacia. Mentiras que el imaginario popular ha hecho suyas y que hoy resultan, en muchos casos, difíciles de cambiar, pues forman ya parte de nuestra memoria colectiva, una memoria falsificada en sus comienzos, pero que se ha convertido en “verdad incuestionable” por la reiteración y el paso del tiempo. Así, el bombardeo de Guernica, la defensa del Alcázar de Toledo por Moscardó, el enfrentamiento entre Unamuno y Millán Astray en Salamanca las matanzas de Badajoz… forman parte de este imaginario posterior a la Transición, defendido a capa y espada por los nuevos panegiristas de lo políticamente correcto y de la memoria histórica oficial, sin capacidad para cuestionar y buscar la verdad, sea cual sea ésta. 

Los testigos y sus recuerdos

  Mario Neves, corresponsal del El Diario de Lisboa, llegó a Badajoz el día 15. Los combates habían terminado el día 14. El mismo día 15 entró en la ciudad. A las doce de la mañana interrogó brevemente a Yagüe en la Comandancia Militar de la plaza sobre el número de fusilados:

Estamos de nuevo en la Comandancia, donde hemos logrado llegar hasta el teniente coronel Yagüe. Es un hombre alto, fuerte, de cabellos grises, que está visiblemente atareado, recibiendo constantemente notas que sus oficiales le entregan y dando órdenes rápidas.

Nos recibe de pie y enseguida nos confiesa que se encuentra muy satisfecho con el resultado que las fuerzas de su mando lograron ayer. Y añadió: “La acción del ejército sublevado que se llevó a cabo ayer a las puertas de Badajoz ha sido la más importante desde que estalló la revolución”. Le preguntamos si había muchos prisioneros. Nos respondió que sí y nos informó de que habían sido aprehendidos tres mil fusiles, algunas ametralladoras y una pequeña batería de cañones de infantería. “¿Y fusilamientos? -arriesgamos nosotros-. Hay quien habla de dos mil…” El comandante Yagüe nos mira sorprendido por la pregunta y declara:

- No deben de ser tantos…
- ¿Van a quedarse mucho tiempo?
- Mi deseo es partir en cuanto pueda hacia Madrid.
- ¿La campaña será larga?
Con una sonrisa, que cierra sus breves declaraciones:
- No.Ellos corren mucho…

El 14, 15 y 16 son los días en que la represión está en manos de los legionarios y los soldados de Regulares, tropas veteranas que no se andan con tonterías. Su inmediata salida para Mérida y hacia Madrid dejó muy rápidamente el control de la plaza en manos de Guardia Civil, falangistas y gentes de derechas. La mayoría de ellos encarcelados previamente por las milicias obreras y a punto de ser fusilados hasta que se produjo la liberación de la ciudad. 

A la altura del día 17 la represión ha sido mínima, ya que las cifras de cadáveres son muy bajas, encontrándose mezclados los muertos de ambos bandos habidos en los combates, a los que se suman, sin lugar a dudas, los milicianos cogidos con las armas en la mano sin tiempo para escapar. La primera represión, la ejecutada en pleno combate e inmediatamente después, es la realizada por las tropas de Yagüe. No muy grande, aunque sí difícil de cuantificar, al ser imposible de separar los muertos en combate de los fusilados. 

Para calcular las primeras cifras de la represión el testimonio de Neves resulta fundamental. Vistos sus escritos queda claro que tras su primera entrevista con Yagüe, en la que adelanta una cifra al azar, no vuelve en ninguna de sus crónicas a aportar una cantidad sobre los fusilamientos en Badajoz, salvo la de poco más de trescientos cadáveres en proceso de incineración, entre los que se encontraban al menos los cuerpos de veintitrés legionarios muertos en la brecha de la muerte, como hemos visto. Los escasos datos que aporta Neves resultan muy significativos, ya que son tomados por todos los historiadores como los de más valor. 

Otra fuente sistemáticamente citada sobre la represión de las tropas nacionales en Badajoz son los artículos del estadounidense Jay Allen, corresponsal de The Chicago Tribune. Allen reconoce que llegó a la ciudad nueve o diez días después de su liberación por las tropas de Yagüe, muchísimo tiempo en términos periodísticos para poder dar información de primera mano. No fue testigo ni de los fusilamientos, ni siquiera del enterramiento de los cadáveres. En sus crónicas y escritos insiste Allen en la cifra de cuatro mil fusilados y en la historia de las marcas de culatas en el hombro que, sin lugar a dudas, no había podido ver. Habla, como poco, de oídas. Escribió Allen:

He llegado aquí desde Badajoz, ciudad que está a varios kilómetros de distancia, en España. Subí a la azotea para mirar atrás. Vi fuego. Están quemando los cuerpos. Cuatro mil hombres y mujeres han muerto en Badajoz desde que los moros y legionarios rebeldes del general Francisco Franco treparon sobre los cuerpos de sus propios muertos para poder cruzar sus murallas tantas veces empapadas de sangre. *

*Exageración evidente, pero comprensible como licencia periodística, pues dado el tamaño de una plaza de toros y su drenaje, habría hecho falta una verdadera tromba tropical de sangre para inundar el coso. 

… Hemos realizado un experimento de campo, fácilmente realizable por cualquier aficionado al tiro, en el que se ha demostrado que las marcas de retroceso de una culta, en el caso de que se produzcan, no duran más de tres o cuatro días. Cuando llegó Allen a Badajoz era imposible que a algún combatiente le quedase alguna marca de culata provocada por los combates del día 14.

… Tenemos a otros muchos corresponsales que, como John T. Whitaker, enviado especial de The New York Herald Tribune, publicaron diversas noticias y crónicas. Nunca estuvo en Badajoz, ni lo pretende, pero pone en boca de Yagüe, al que nunca llegó a entrevistar, las siguientes palabras: “Por supuesto que los hemos matado”, me dijo. “Qué esperaba? ¿Iba yo a cargar cuatro mil rojos conmigo mientras mi columna tenía que avanzar a marchar forzadas? ¿Iba yo a dejarlos libres en mi retaguardia para que Badajoz volviera a ser rojo?”. 

Señala Moisés Domínguez Ñuñez que “Brut no llegó a filmar las famosas Matanzas de Badajoz -a pesar de lo que digan algunos historiadores- Pathé nunca cortó las escenas de las matanzas porque simplemente no hubo escenas que cortar…

Hoy tenemos claro que tras la toma de Badajoz se produjo una dura, lógica y esperable represión, pero que poco tiene que ver con las mentiras y mitos vertidos sobre enormes masacres, corridas de toros sangrientas, etc. Bastante dura fue la Guerra Civil como para que sea necesario inventarse semejantes episodios. La eficiente propaganda republicana y el deseo de titulares y noticias escalofriantes son la base sobre la que se comenta el mito de las matanzas de Badajoz. 

La gota que colma el vaso del mito propagandístico republicano sobre la represión de Badajoz nos la da el diario de La Voz de Madrid, del 27 de octubre de 1936, que afirmaba que Yagüe había presidido los fusilamientos en la plaza de toros, en un cato horrendo y festivo, al que habían asistido “venerables eclesiásticos, virtuosos frailes, monjas de blancas togas y mirada humilde”.

Para García Santa Cecilia, uno de los investigadores que ha estudiado con más independencia y rigor la documentación periodística existente, queda claro que no hubo tal fiesta -los fusilamientos masivos en la plaza de toros, ante numeroso público- pero sí que se produjo una dura represión por parte de las fuerzas nacionales tras tomar la ciudad. Tesis que coincide en muchos puntos con lo escrito por el comandante inglés Geoffrey MacNeill-Moss en The Legend of Badajoz. 

La historiografia y el mito de Badajoz

Hoy sabemos que se produjo una indudable represión tras la liberación de la ciudad por los nacionales. Yagüe nunca lo negó, aunque discrepó sobre las cifras. Agustín Carande Tovar, jefe local de Badajoz, admitió cincuenta años después que se realizaron fusilamientos en la plaza de toros, aunque afirmó que se habían exagerado mucho las cifras y que los fusilados habían sido todos soldados y milicianos apresados con las armas en la mano. Sin lugar a dudas menos de mil, y sin llegar siquiera a cientos. 

Está claro que es Yagüe, como máxima autoridad de la ciudad durante los primeros días tras su liberación, el responsable de declarar el estado de guerra, y por tanto recae en él el protagonismo y la responsabilidad histórica de los muertos por causa de la represión. Pero la realidad es que, tras los primeros fusilamientos por parte de los miembros del ejército de África, de los soldados, carabineros y milicianos cogidos con las armas en la mano, actos inmediatos a los combates, el obligado descanso de la tropa, su reorganización y su rápida salida rumbo hacia Mérida produjo que las acciones represivas quedasen en manos de falangistas -sobre todo de camisas nuevas- y de los guardias civiles y de Asalto recién liberados. 

A las bajas enormes que causó el combate entre los republicanos hasta diez veces superiores que entre los atacantes -la cifra podría estar en torno a los dos mil defensores muertos en combate-, de las que ningún historiador parece acordarse, es necesario sumar los muertos de la primera represión -la realizada de forma inmediata por los militares nada más entrar en la ciudad-. Todas estas bajas sin lugar a dudas fueron enterradas junto a los muertos de los combates, y son difícilmente separables de los anteriores. 

Se han dado numerosas cifras, en muchos casos sin base científica, disparatadas. Se ha llegado a hablar hasta de nueve mil personas fusiladas en los primeros días, lo que supondría la casi totalidad de los varones adultos de una ciudad de escasos cuarenta mil habitantes. Las cifras contrastadas más fiables de las que disponemos hasta la actualidad dicen que hasta finales de 1936 fueron fusilados medio millar de prisioneros, una cantidad nada despreciable, que junto a los muertos no registrados y los caídos en los combates elevan la cifra de muertos de Badajoz como consecuencia de la guerra, sobre todo en el mes de agosto, a una horquilla como mínimo de mil quinientas personas y como máximo de dos mil quinientas. 

También es de reseñar que, a pesar de la Ley de Memoria Histórica, no se han encontrado las enormes fosas donde algunos autores afirman que están enterrados entre cuatro y nueve mil cadáveres. 


En cualquier caso, sin caer en maniqueísmos y posiciones ideológicas “buenistas”, que nada tienen que ver con la realidad de una terrible guerra civil, los vencedores hicieron lo mismo que en otros momentos de la historia, en igual situación, habían hecho otros. Nos guste o no, la guerra es así, y decir cualquier cosa es manipular el pasado y juzgarlo con criterios ahistóricos. Roma, cuando tomó Cartago, pasó a su población a cuchillo y prendió fuego hasta sus cimentos a la ciudad, y echó sal en sus campos para que no pudiesen nunca volver a ser cultivados. 

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