Paracuellos: el bulo de la "quinta columna", Pedro Fernández Barbadillo

Desde la mayoría absoluta de José María Aznar, el PSOE, desorientado y sin ideas-fuerza adoptó el proyecto político de la "memoria histórica", elaborado por el PCE. De esta manera, la izquierda se ha echado al monte de la propaganda, y las mentiras no sólo se mantienen, sino que aumentan.

Varios ejemplos de mentiras veteranas son los siguientes: octubre de 1934 fue una reacción popular ante la amenaza de una derecha fascistizada; el coronel Yagüe cometió una matanza de hasta 4.000 personas en Badajoz -¡el 10% de la población de la ciudad!; la Legión Cóndor bombardeó Guernica en un día de mercado; el asesinato del diputado Calvo Sotelo fue uno más entre las docenas de muertos en tiroteos callejeros y el Gobierno no estuvo implicado; el Ejército Nacional tenía mejor armamento que el Popular debido a los suministros italianos y alemanes; etcétera.

Entre las mentiras nuevas están las de que Franco hizo asesinar a Amado Balmes, gobernador militar de Las Palmas; Cataluña fue víctima oprimida por la dictadura franquista; los franquistas robaban niños a los rojos; y el horario oficial español lo impuso Franco por admiración a Hitler.

Por mucho que algunos historiadores e investigadores se opongan a esas mentiras, difundidas por las televisiones, y las desmonten, sus esfuerzos para apagar los fuegos son insuficientes, debido a la indiferencia de la derecha por la batalla cultural y la verdad histórica. La consecuencia es que el discurso del odio crece y crece entre los españoles más jóvenes.

La matanza de un mínimo de 4.500 personas, incluidos 276 menores de edad -datos del principal investigador de la represión de izquierdas en la provincia de Madrid, José Manuel Ezpeleta- ejecutada en noviembre y diciembre de 1936 en Paracuellos del Jarama, Torrejón de Ardoz y Aravaca, es uno de los hechos innegables de la guerra. Como también lo es la responsabilidad del comunista Santiago Carrillo, consejero de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid, que daba las órdenes y ocultaba lo que sucedía. Otro hecho es que las sacas y fusilamientos se podían haber detenido, como hizo el anarquista Melchor Rodríguez.

El Gobierno del Frente Popular enloquecía a sus tropas y su población civil con una campaña de terror, en la que sobresalían la supuesta matanza de Badajoz y las violaciones de mujeres realizadas por los soldados marroquíes.

Milicia Popular, periódico del Quinto Regimiento, por boca del comisario de la unidad, el italiano Vittorio Vidali, agente soviético, dio más detalles y añadió lo que les interesaba a los comunistas (Paul Preston, en El holocausto español):

"El general Mola ha tenido la complacencia de indicarnos
el lugar donde se encuentra el enemigo... La 'quinta columna' es un 
conglomerado de todos los elementos que hay emboscados
en Madrid todavía, de gentes que simpatizan con el 
enemigo o que son "neutrales", en contra
de los cuales ha tomado ya nuestro
Gobierno medidas oportunas, que 
han empezado a ponerse
en práctica."

Ya desde poco después del 18 de julio, partidas de milicianos y policías detenían a sospechosos, saqueaban las casas y encarcelaban, o asesinaban, a muchos detenidos. La expresión "quinta columna" fue como la cerilla que cae en el polvorín. Bastaba acusar a alguien de "quintacolumnista" para que fuese encarcelado o linchado, como en la URSS las acusaciones de ser un "kulak" o un "trotskista" eran un billete de primera para el gulag.

Ruiz subraya que "el discurso del PCE en 1936 hacía hincapié en que la eliminación del enemigo era una condición sine qua non para la victoria en la Guerra Civil. Este mensaje fue recalcado una y otra vez aquel mes de noviembre. Mundo Obrero declaraba el día 3 que el partido tenía "la obligación vital de aniquilar" a la 'quinta columna'."

Ésta fue la justificación que emplearon los comunistas, mandados por Carrillo, para trasladar a los presos "facciosos" -de los que muchos no habían tenido ninguna relación con los alzados en julio- a otras cárceles más alejadas del frente. Su destino era una zanja.

Pero, ¿de verdad Mola pronunció tan imprudentes palabras?, ¿por qué él, que conocía el valor de la propaganda y manipulación de masas, ya que había sido director general de Seguridad entre 1930 y 1931, iba a desvelar la existencia de centenares de aliados y dictar así una condena contra ellos?

Ruiz asegura que "la autoría de Mola sigue sin haber sido demostrada". Como la expresión "quinta columna" apareció por primera vez en el comunista Mundo Obrero justo tras la pérdida de Toledo pudo haber sido acuñada por los comunistas "para proporcionar un arma de propaganda eficaz en la lucha contra los espías". Además, en esas semanas había en Madrid "adiestrados periodistas y policías soviéticos": Mijail Koltsov, Ilya Ehrenburg, Lev Lazarevich Nikolsky -jefe del NVVD en España-...

Esa "autoría comunista" explicaría el misterio del supuesto patinazo de Mola. Ruiz aduce que el estudio más completo sobre la "quinta columna" en Madrid, el realizado por Javier Cervera (Madrid en guerra. La ciudad clandestina), "demuestra que no hubo una organización clandestina en contacto con los franquistas hasta finales de 1936".

Además, el 7 de noviembre, con las tropas nacionales en los suburbios de Madrid, Mola ordenó una investigación para saber si había en la ciudad "servicios organizados para atender las primeras necesidades cuando se ocupe Madrid". Si es verdad que conocía esa "quinta columna", ¿para qué iba a dar esa orden?

Mola murió el 3 de junio de 1937 y nunca confirmó si pronunció la expresión tal como se la atribuyó la propaganda comunista, pero a los comunistas les vino como anillo al dedo. Qué casualidad, ¿verdad?

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