El favor del PNV a los "facciosos", Pedro Fernández Barbadillo

Unos días después del alzamiento, las organizaciones territoriales del PNV en Álava y Navarra se adhirieron a los sublevados, mientras que las de Vizcaya y Guipúzcoa reafirmaron su lealtad al Gobierno.

La ofensiva de los nacionales se detuvo a principios de octubre después de haber conquistado Guipúzcoa, salvo Éibar,, y Ondárroa, en Vizcaya. El PNV, partido burgués y clerical, ya no se sentía a gusto con los aliados que había escogido: anarquistas y comunistas. Bilbao fue la única plaza de la España roja donde la Bolsa permaneció abierta, pero en Vizcaya también se asesinaron a sacerdotes y se realizaron matanzas de presos indefensos (4 de enero de 1937)

El 31 de marzo de 1937, el general Emilio Mola rompió las líneas y comenzó un lento avance hacia Bilbao. Al mismo tiempo que Aguirre clamaba por la radio que los vascos resistirían a los invasores, unos delegados de su partido negociaban con el cónsul italiano en San Sebastián, Francesco Cavalletti. Los italianos, cuyo Gobierno había reconocido al de Burgos, presionaban a Franco para que aceptase la rendición condicional del PNV y de sus soldados. El 25 de abril, el caudillo hizo una propuesta formal a los italianos, pero el bombardeo de Guernica dos días después frenó las negociaciones.

Nada se consiguió y el 19 de junio los nacionales entraron sin lucha en la capital de Vizcaya, hicieron unos 10.000 prisioneros y se apoderaron de la industria intacta de la provincia, que el PNV se había negado a inutilizar. Las fábricas vascas produjeron más bombas, balas, fusiles y tanques para los franquistas que para los republicanos.

Una vez expulsados del suelo de la aberri -la patria-, los nacionalistas perdieron las escasas ganas de hacerse matar por la República, la revolución y el antifascismo, por lo que se renovaron las negociaciones con los italianos -entre los principales negociadores estaban Juan Ajuriaguerra y el canónigo Alberto Onaindia, al que el PNV le prohibió durante años dar su versión de lo que vio y supo-. Las deserciones y rendiciones de milicianos vascos -muchos de ellos eran católicos y derechistas que se habían alistado entre los gudaris para evitar caer en los batallones socialistas, comunistas o anarquistas- se producían por cientos.

Para encubrir la rendición y que no se les pudiese acusar de traición, los nacionalistas reclamaron a los italianos que se produjese un ataque y llevaron su vileza hasta el grado de indicar los sectores donde era mejor realizarlo: desde Reinosa y el puerto del Escudo en dirección al norte para cortar la provincia en dos. Entonces las tropas abertzales quedarían copadas y su entrega parecería justificada.

Los abertzales reunidos en Santoña y Laredo no pudieron huir porque se lo impidieron los nacionales y no aparecieron los barcos esperados. Además, otros batallones de obediencia izquierdista a los que llegó el rumor del acuerdo y la vía de huida también desertaron. El número de prisioneros de los que se apoderaron los alzados rondó los 30.000.

A pesar de semejante traición, el PNV siempre ha conseguido que la izquierda se haya olvidado de lo que hizo en Santoña. Algo asombroso en estos tiempos de "memoria histórica". Como suele decir Pío Moa, el PNV es el único partido de derechas capaz de "chulear a la izquierda".

Así describe Jon Juaristi (La tribu atribulada) el final de la guerra para los nacionalistas vascos:

"Yo creo que para el PNV fue una suerte que Franco ganara la guerra. La victoria de la República había sido desastrosa para los nacionalistas. Para empezar, los que se rindieron en Santoña habrían sido fusilados por traidores. Es cierto que los franquistas fusilaron a unos cuantos, pero, si llegan a ganar los otros, no habría quedado un gudari para contarlo. Y eso lo sabía hasta el último penado del Dueso, hasta el último enrolado en los batallones de castigo. Y, de paso, sería interesante conocer cuántos gudaris terminaron la guerra en el bando vencedor, disparando contra los rojos. Yo he localizado un montón."

¿Cuándo pedirá perdón el partido fundado por los hermanos Arana por su traición y el favor que le hizo a Franco? Y puestos ya a purificarse, ¿cuándo pedirá perdón por los 224 asesinados en las cuatro cárceles de Bilbao el 4 de enero de 1937 -más muertos que en el bombardeo de Guernica, o los asesinados en los buques-prisión Altuna Mendi y Cabo Quilates, una vez constituido el Gobierno vasco (7 de octubre de 1936)? Al menos, José Antonio Aguirre, reconoció en 1956 la responsabilidad del Gobierno vasco por la matanza del 4 de enero.

La cripta construida en el cementerio de Derio donde reposan muchos de los muertos el 4 de enero está prácticamente abandonada. En una exposición realizada en Bilbao en 2015 sobre la cárcel de Larrínaga que abarcaba los años 1871 a 1968 no se mencionaba a los 55 presos asesinados ese día. ¿Muertos indefensos sin derecho a memoria porque el bando hoy "malo" les honró hace décadas?

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