El pueblo inglés, George Orwell


(Escrito a principios de 1944 pero inédito hasta 1947)

Inglaterra a primera vista

Casi todas las generalizaciones sobre Inglaterra se basan en la clase proletaria e ignoran a los otros cuarenta y cinco millones de personas.

Los miembros de la clase obrera, por norma, son bastante bajos, de extremidades cortas y movimientos rápidos, y con una tendencia entre las mujeres a ponerse rechonchas al principio de la mediana edad.

Casi con seguridad, consideraría que las características principales del común de los ingleses son la falta de sensibilidad artística, la cortesía, el respeto por la ley, el recelo hacia los extranjeros, el sentimentalismo con los animales, la hipocresía, unas diferencias de clase exageradas y la obsesión por el deporte.

Un inglés no tiene la sensación, como la tiene un campesino español o italiano, de que la ley no es más que un fraude.

La típica xenofobia inglesa es más intensa entre la clase obrera que entre la clase media. Fue en parte la resistencia de los sindicatos la que impidió una entrada realmente cuantiosa de refugiados procedentes de los países fascistas antes de la guerra, y cuando se internó a los refugiados alemanes en 1940, no fue la clase obrera la que protestó.

Las peculiaridades del idioma inglés hacen prácticamente imposible que cualquiera que haya dejado el colegio a los catorce aprenda una lengua extranjera de mayor. En la Legión Extranjera francesa, por ejemplo, los legionarios británicos y estadounidenses rara vez suben de rango, porque son incapaces de aprender francés, mientras que un alemán lo hace en pocos meses. A los obreros ingleses, por lo general, les parece amanerado incluso pronunciar correctamente una palabra extranjera.

Es posible que los espectáculos más horribles que haya en Inglaterra sean los cementerios de perros de  Kensington Gardens, el de Stoke Poges (que linda, de hecho, con el camposanto en el que Gray escribió su famosa Elegía) y otros lugares. Y también estaban los centros de Precauciones frente a Ataques Aéreos para animales, con camillas en miniatura para gatos, y en el primer año de la guerra tuvo lugar el espectáculo del Día de los Animales, que se celebró con toda la pompa habitual en plena evacuación de Dunkerque. Aunque las mayores locuras las cometen las mujeres de clase alta, el culto a los animales es característico de toda la nación, y seguramente esté relacionado con el declive de la agricultura y la baja tasa de natalidad. Los varios años de racionamiento estricto no han conseguido reducir la población de perros y gatos, e incluso en los barrios pobres de las ciudades las tiendas para entusiastas de los pájaros exhiben alpiste de canario a precios que llegan a los veinticinco chelines la pinta.

Los miembros de las clases altas son por término medio varios centímetros más altos que los de la clase obrera.

Los ingleses fueron los inventores de varios de los juegos más populares del mundo, y los han difundido de forma más amplia que cualquier producto de su cultura.

No hace mucho más de cien años, la seña distintiva de la vida inglesa era la brutalidad. El pueblo llano, a juzgar por los periódicos, se veía arrastrado a una espiral prácticamente incesante de peleas, prostitución, borracheras y hostigamientos de toros.

Cuando se cree en unos mitos, estos tienden a hacerse realidad, porque establecen un estereotipo, o "imagen", al que la gente corriente intenta parecerse lo mejor que puede.

Tienen una notable disposición a admitir que los extranjeros son más "listos" que ellos, y aun así les parecería un ultraje a las leyes de Dios y la Naturaleza que Inglaterra estuviese gobernada por extranjeros.

La perspectiva moral del pueblo inglés

Durante tal vez ciento cincuenta años, la religión organizada, o las creencias religiosas conscientes de cualquier clase, han tenido muy poca influencia en el conjunto del pueblo inglés. Solo alrededor del 10 por ciento de la población se acerca alguna vez a un lugar de culto si no es para casarse o para que lo entierren. Es probable que un leve teísmo y una creencia intermitente en la vida después de la muerte estén bastante extendidos, pero las principales doctrinas cristianas hace mucho que cayeron en el olvido.

Todos los cultos que han estado de moda en los últimos doce años -el comunismo, el fascismo y el pacifismo- son en el fondo formas de adoración al poder.

El sentimiento popular de simpatía hacia la Unión Soviética llevaba algún tiempo creciendo, pero Finlandia era un país pequeño atacado por uno grande, y ese era el factor decisivo para la mayoría de la gente.

Las pequeñas nacionalidades oprimidas por los turcos hallaron a sus simpatizantes en el Partido Liberal, en aquel momento el de la clase obrera y de la clase media-baja. Y en la medida en que se preocupó por esos asuntos, el sentimiento popular británico estuvo a favor de los abisinios contra los italianos, de los chinos contra los japoneses y de los republicanos españoles contra Franco. y también simpatizó con Alemania en el periodo en que esta era débil y estaba desarmada, y no es de sorprender que veamos un movimiento parecido después de la guerra.

No sabemos, en realidad, qué postura adoptaría la gente corriente del país respecto a la India si la decisión fuera suya. Todos los partidos políticos y todos los periódicos, sea cual sea su tendencia, han conspirado para evitar que los ciudadanos vean el asunto con claridad.

No es como para sentirse orgullosos que Inglaterra siga tolerando suplicios como la flagelación, que se sigue practicando en parte por una ignorancia psicológica generalizada y, en parte, porque los hombres solo son flagelados por crímenes que los despojan de la comprensión de casi todo el mundo.

La practica desaparición del alcoholismo de entre los vicios ingleses no se ha debido al fanatismo antialcohol, sino a la competencia de otros entretenimientos, a la educación, a la mejora de las condiciones industriales y al precio elevado de la propia bebida. Los fanáticos se han encargado de que el inglés se beba un vaso de cerveza entre dificultades y con un leve sentimiento de estar haciendo algo malo, pero no han conseguido evitar que lo beba.

La perspectiva política del pueblo inglés

Si le pidiésemos a un grupo de gente elegida al azar de cualquier estrato social que definiera el capitalismo, el socialismo, el comunismo, el anarquismo, el trotskismo o el fascismo, nos darían respuestas en su mayoría vagas, y algunas serían increíblemente estúpidas.

A pesar de las muchas subdivisiones, en la práctica Gran Bretaña solo tiene dos partidos políticos, el conservador y el laborista, que entre ambos representan ampliamente los principales intereses de la nación. Sin embargo, a lo largo de los últimos veinte años la tendencia de estos dos partidos ha sido la de irse pareciendo cada vez más el uno al otro. Todo el mundo sabe de antemano que puede confiar en que ningún gobierno, sean cuales sean sus principios políticos, hará ciertas cosas.

Las diferencias entre partidos se están difuminando en casi todos los países, en parte porque, en general, salvo quizá Estados Unidos, todo deriva hacia una economía planificada.

La prosperidad del país depende en parte del imperio, al tiempo que todos los partidos de izquierda son en teoría antiimperialistas.

Una vez en el poder, tienen que escoger entre abandonar algunos de sus principios o reducir el nivel de vida de los ingleses.

Un gobierno británico puede ser injusto, pero no puede ser del todo arbitrario. No puede hacer el tipo de cosas que en un gobierno totalitario hace sistemáticamente. Un ejemplo, de los miles que podrían ponerse, es el ataque alemán contra la Unión Soviética. Lo significativo no es que se lanzara sin una declaración previa de guerra -eso es bastante natural-, sino que se lanzara sin ningún tipo de propaganda elaborada de antemano. El pueblo alemán se levantó y descubrió que estaba en guerra contra un país con el que la noche antes mantenía buenas relaciones. Nuestro gobierno no se atrevería a hacer algo semejante, y el pueblo inglés es bastante consciente de ello. El pensamiento político en Inglaterra está muy gobernado por la palabra "Ellos". "Ellos" son los de arriba, los poderes misteriosos que te hacen cosas contra tu voluntad. Pero hay un sentimiento generalizado de que "Ellos, si bien tiránicos, no son omnipotentes. "Ellos" responderán ante las presiones si nos tomamos la molestia de aplicarlas; "Ellos" pueden incluso ser depuestos.

El sistema de clases inglés

En tiempos de guerra, el sistema de clases inglés es el mejor argumento de la propaganda enemiga. A la acusación del doctor Goebbels de que Inglaterra son todavía "dos naciones", la única respuesta veraz que podría haberse dado es que, de hecho, son tres naciones. Pero la peculiaridad de las diferencias de clase en Inglaterra no es que sean injustas -a fin de cuentas, la riqueza y la pobreza coexisten en casi todos los países- sino anacrónicas. No se corresponden exactamente con diferencias económicas, y el fantasma del sistema de castas merodea, por lo que es, en esencia, un país industrial y capitalista.

Es significativo que, en pleno desastre, el hombre más capaz de unir a la nación fuese Churchill, un conservador de orígenes aristocráticos.

Entre las dos guerras, la mayor parte del realojamiento estuvo a cargo de las autoridades locales, que crearon un tipo de casa (la casa de protección oficial, con su baño, su jardín, su cocina independiente y su inodoro en el interior) que está más cerca del chalet de un corredor de bolsa que de la casita de un campesino.

Hace treinta años, en Inglaterra se podía determinar el estatus social de prácticamente cualquier persona por su aspecto, incluso a doscientos metros de distancia. Toda la clase obrera vestía con ropa preconfeccionada, que no solo no se ajustaba bien sino que a menudo seguía las modas de la clase alta con diez o quince años de retraso. La gorra de paño era prácticamente un distintivo del estatus social. Era de uso universal entre la clase obrera, mientras que la clase alta solo la llevaba para jugar al golf o para el tiro al blanco. Este estado de coas está cambiando rápidamente. Ahora la ropa preconfeccionada sigue las modas muy de cerca, se fabrica en muchas tallas diferentes para adaptarse a todo tipo de figura e, incluso cuando está hecha con tejidos muy baratos, a simple vista no es muy diferente de la ropa cara. Así pues, cada año es más difícil, especialmente en el caso de las mujeres, determinar de un vistazo el estatus social.

Cualquiera que sea el destino último de los más ricos, la tendencia de la clase obrera y de la clase media es a todas luces la de fusionarse. Puede ocurrir más rápido o más despacio, en función de las circunstancias. La guerra aceleró el proceso, y puede que otros diez años de racionamiento general, ropa funcional, impuestos elevados y servicios  militar obligatorio lo completen de una vez por todas. Los efectos finales no podemos preverlos. Hay observadores, tanto nacionales como extranjeros, que creen que el nivel considerable de libertad del que se goza en Inglaterra depende de un sistema de clases bien definido. La libertad, según algunos, es incompatible con la igualdad. Pero al menos es seguro que la tendencia actual es hacia una mayor igualdad social, y que eso es lo que desea la inmensa mayoría del pueblo inglés.

El futuro del pueblo inglés

Si hubiera algún lugar donde fuese posible abolir la pobreza sin destruir las libertades, ese sería Inglaterra.

En el periodo de entreguerras, Inglaterra toleró la existencia de periódicos, películas y programas de radio de una necedad inaudita, y estos, cegando los ojos del público ante problemas de vital importancia, generaron en él un alelamiento aún mayor.

En los círculos "progresistas", expresar sentimientos probritánicos requiere un coraje moral considerable. Por otra parte, durante los últimos doce años ha habido una fuerte tendencia a desarrollar una lealtad nacionalista furibunda hacia algún país extranjero, normalmente la Rusia soviética.