El color prohibido, Mishima


- Podría decirse que la manera en que los artistas se ven obligados a falsear sus sentimientos es la opuesta a la manera en que las personas corrientes tienen que hacerlo. Los primeros mienten para revelar, los segundos para disimular.

- El placer es un invento trágico del hombre, y es preciso que no sea nada más.

- Lo primero que ha de hacer el arte es violar las reglas de la realidad. Y ha de ser así a fin de que pueda existir por sí mismo. 

- Con frecuencia, si uno lleva a la práctica una idea fija, logra curarse de ella. Pero, si bien se cura de la idea, no así de su causa. 

- En general, el divorcio sólo tiene lugar cuando no lo quiere uno de los cónyuges. 

- Cuando uno se convence de que, al enamorarse, resulta tremendamente vulnerable, la idea de haber vivido hasta entonces desconocedor de esta verdad le hace estremecerse. Por esta razón el amor vuelve virtuosas a ciertas personas. 

- “El ser humano ama sobre todo aquello que se le resiste”.

- La belleza perfecta ha de estar unida  a la perfección del cuerpo desnudo, y los fragmentos dispersos son la promesa de una obra de arte reconstruida.

- El cuerpo de un hombre es como el brillo de una llanura luminosa de la que se tiene una perfecta perspectiva. A diferencia del cuerpo femenino, no ofrece el asombro de descubrir un pequeño manantial en cada paseo, como tampoco una mina, donde, al adentrarse uno, percibe cristalizaciones. Todo es exterior, la encarnación de la pura belleza visible. Uno pone todo su amor, todo su deseo en la primera curiosidad ardiente, y luego el amor invade el espíritu o se desliza alegremente sobre otro cuerpo.

- La creencia en que la belleza impone el silencio ha acabado por pertenecer al pasado. La belleza ya no impone el silencio. Incluso si la belleza pasa en medio de un banquete, los comensales no interrumpen sus conversaciones.

- La función de la crítica no consiste ahora en la imitación de la belleza, sino en su evaluación.

- No solo la belleza impone el silencio, sino también la indiferencia. 

- Al hacernos mayores interiorizamos la vergüenza. En cambio, a los jóvenes se les ve la vergüenza en la piel. 

- Cuanto más intenta un corazón el acercamiento, tanto más parece alejarse el otro corazón. 

- El hombre pensante siempre parece lleno de misterio a los ojos de una mujer. La mujer está hecha de tal manera que jamás podrá decir, aunque la maten: “Mi comida favorita es la carne de serpiente”. 

- Cuando uno piensa en la felicidad ajena, sueña sin darse cuenta en la manera de alcanzar su propia felicidad, lo cual, a fin de cuentas, le hace ser más egoísta que si se ocupara tan sólo de su felicidad. 

- En todo hogar se incuba una desgracia. El viento favorable que impulsa a un velero por el rumbo correcto es, en lo fundamental, el mismo que, convertido en vendaval de tormenta, lo hace naufragar. 

- La desdicha de unos constituye en cierta medida la felicidad de otros. 

- No podemos tener la experiencia de la muerte. Sin embargo, de vez en cuando, tenemos la posibilidad de experimentar la muerte. La experimentamos por medio de la idea de la muerte, la de una muerte en la familia, la de un ser querido. En una palabra, la muerte es el único estilo de vida. 

- En Oriente, la muerte está claramente más viva que la vida. 

- Es natural lo que nace y no lo que ha sido creado. La creación es una función que hace dudar a la naturaleza de sus orígenes, pues, en definitiva, la creación es el método de la naturaleza. 

- La moral de los seres bellos consiste en poder sustraerse a todo deber. La belleza no tiene tiempo de ser responsable cada vez que se manifiesta la influencia de su fuerza imprevisible. La belleza no tiene tiempo de pensar en la felicidad, y todavía menos en la felicidad ajena… Pero es precisamente por eso por lo que la belleza tiene el poder de hacer feliz a quien está preparado para morir sufriendo.

- Quien ama un ideal espera a su vez que el ideal le ame. 

- Los viejos no creen en el futuro, por la fuerza de la inercia que les han inculcado los años, mientras que los jóvenes carecen de esa inercia de la edad.

- En la vida trazamos el rumbo hacia el que pensamos que es el mal menor, pero la satisfacción que nos procura ese instante se mezcla con el placer de humillar nuestros deseos más ardientes y más difíciles de colmar, en el fondo del corazón, y nos contentamos con decirnos que es un mal menor. 

- El noventa por ciento de los éxitos de este mundo se logran a expensas de la juventud. La armonía clásica entre la juventud y el éxito tan sólo subsistía en el mundo de los Juegos Olímpicos, pero se basaba en un sutil principio de ascetismo cuyos componentes eran la abstinencia y la austeridad. 

- ¿Qué es la moral? ¿Puede calificarse como inmoral el gesto de un pobre que, con el pretexto de que el otro es rico, le arroja una piedra? ¿No es acaso la moral un principio creativo que anula la razón particular al universalizar el sistema de las causas? Por ejemplo, en nuestro días, la piedad filial es moral, y lo es tanto más cuanto que su causa ha desaparecido. 

- La victoria está siempre del lado de la mediocridad. 

- La mesa es un mueble extraño. Cuando se sienta a su mesa, el novelista tiene la sensación de que le aprieta entre sus brazos y le resulta difícil zafarse. 

- La obra de arte no debe jamás pertenecer a su creador. 

- A una mujer no se la conquista jamás. ¡Jamás! De la misma manera que un hombre puede llegar a la violación por respeto a una mujer, una mujer puede entregarse a un hombre para demostrarle el desprecio absoluto que le inspira. 

- Un autor no es responsable de las ilusiones que origina su obra ni de la fascinación que provoca.

- El vicio que ha perdido su brillo es cien veces más tedioso que la virtud que ha perdido su brillo.

-  El que ama es tolerante, y el amado siempre es cruel. 

- Lo que vuelve cruel a un hombre es sobre todo la conciencia de ser amado. La crueldad de quienes no son amados carece de importancia. Los llamados humanistas siempre son feos. 

- La negación es un instinto de la juventud, pero el consentimiento no lo es jamás.

- Los nuevos descubrimientos del deseo del pueblo son el totalitarismo y el comunismo, cada uno de los cuales demuestra su intención de distinta manera, pero el primero ha intentado concentrar, haciéndolo revivir, el deseo deteriorado del pueblo, encendiendo una llama por medio de una filosofía similar a un excitante artificial. El nazismo tenía honda comprensión con el deterioro. Yuichi se veía obligado a compartir el profundo pensamiento sobre ese deterioro dentro de la organización de las juventudes hitlerianas a las que pertenecían hermosos jóvenes, y en la mitología artificial del nazismo y los principios ocultos de la homosexualidad. Por otro lado, el comunismo se ha concentrado en la observación del deseo pasivo que pertenece en el fondo del deseo deteriorado y el nuevo e intenso deseo de los pobres acentuado por el mecanismo económico del capitalismo, y de esta manera el temor a una tendencia que se remonta a diversos elementos económicos primitivos ha provocado en Estados Unidos una moda de estudios de análisis psicológicos en absoluto ortodoxa. El aspecto masturbatorio de esta moda consiste en creer que se ha encontrado la solución por medio del análisis, buscando el origen del deseo. 

- Hoy en día, cuando en la sociedad democrática no hay más que hipocresía, una vez desaparecida la bondad, es el momento en que la maldad puede aportar de nuevo su energía. Yuichi creía en la fuerza de la fealdad que había visto con sus propios ojos, y pretendía situar esa fealdad al lado de los numerosos deseos del pueblo. La nueva ética del comunismo destacaba al lado de la ética civil muerta de la sociedad democrática, pero las abundantes maldades de la revolución no eran lo mejor desde el punto de vista de la conciencia objetiva que él consideraba como la única correcta, salvo el deseo de venganza que nace de la ira provocada por la pobreza. Desde luego, el mayor de los males radica únicamente en el deseo irrazonable, en el deseo sin objeto. ¿Por qué es así? El amor con la finalidad de propagar la especie, el egoísmo con el objetivo de distribuir beneficios, la pasión por la revolución de la clase obrera a fin de alcanzar el comunismo son virtudes que existen en las diversas sociedades vigentes. 

- No nos avergüenza el vicio, sino el ridículo.

- Hoy en día se ha erradicado de nuestra cultura el interés extremadamente detallado por la inmoralidad que tan importante había sido. La metafísica de la inmoralidad ha muero y no ha quedado más que su ridículo, y éste no es más que objeto de burla. Eso es todo. La enfermedad del ridículo ha desbaratado el equilibrio de la vida. 

- En el arte moderno, desde Don Quijote, se tiende a la veneración del ridículo. 

 Cuando los valores en los que una persona ha creído firmemente y que han constituido los pilares de su vida son escarnecidos, lance un grito de rebeldía. La mayoría de los hombres maduros pertenecen a la misma categoría humana que las  mujeres virtuosas. 

- Cuando se reflexiona en exceso, a menudo se acaba por actuar con torpeza. 

- Hay escritores para quienes el hastío tan solo consiste en alardear de hastío, con lo podríamos llamar el don del hastío o el hastío del don. 

- Cuando se escribe una novela, es difícilmente imaginable que el autor no trate de arrogarse aquello que desprecia, y por el contrario, el intento de hacerlo es un cómodo atajo. 

- En el amor que un artista siente por su modelo, el deseo carnal y el deseo espiritual se unen de un modo tan perfecto que la frontera entre ambos acaba por diluirse. 

- Uno no vive su juventud en soledad. De la misma manera que un gran acontecimiento tiene necesidad de que se le inscriba de inmediato en la historia, así una juventud encerrada en un hermoso cuerpo ha de tener cerca de ella alguien que la describa. 

- De la misma manera que la arena que se desliza desde la ampolleta superior de un reloj de arena adopta la misma exacta en la parte inferior, así cuando la juventud se vive hasta su final, es preciso que todas las gotas que caen de la clepsidra cristalicen y formen en seguida a su lado una estatua inmortal.