Por qué es importante Orwell, Christopher Hitchens


- Jamás quiso que se pensara que había diluido sus opiniones con la esperanza de ver su nombre difundido entre los lectores; esto, por sí mismo, es una pista de por qué Orwell todavía es importante.

- La imagen del escritor que vive en una buhardilla esclavizado por su trabajo, y que considera que su fracaso es una señal de sus elevados principios, resulta excesivamente familiar, y Orwell se burló a fondo de ella en su novela Que no muera la aspidistra.

- Solemos utilizar el término orwelliano de dos modos: describimos una situación como orwelliana cuando queremos dar a entender la existencia de una tiranía aplastante, del miedo y el conformismo; y describimos una obra literaria como orwelliana para reconocer que la resistencia humana a esos terrores es irreprimible. No está nada mal para una vida tan corta.

- Los tres grandes temas del siglo XX fueron el imperialismo, el fascismo y el estalinismo.

- Nosotros, que vivimos bajo el cálido y arrogante resplandor del poscolonialismo y de la pedantería de los estudios poscoloniales, olvidamos a veces nuestra deuda con la pionera insistencia de Orwell.

- Consideraba axiomático que el fascismo significaba la guerra... Pero fue en el frente español donde llegó al conocimiento del comunismo, y entonces comenzó un combate de diez años con los partidarios de esa doctrina, un combate que constituye, para la mayoría de nuestros contemporáneos, su legado moral e intelectual.

- Lo primero que sorprende a cualquier estudioso de la obra y la vida de Orwell es su independencia.

- Se ganó la vida a su manera y jamás tuvo que llamar amo a ningún hombre.

- Tuvo que vencer la desconfianza y el rechazo que le inspiraban los pobres, la repulsión hacia las masas "de color" desperdigadas por todo el imperio, su desconfianza hacia los judíos, su torpeza con las mujeres y su antiintelectualismo.

- Solo uno de sus prejuicios heredados -el del escalofrío generado por la homosexualidad- parece haberse resistido a ese proceso de aprendizaje autodidacta; ahora bien, Orwell solía describir esa "perversión" como una desgracia o malformación causada por condiciones artificiales o crueles; su repugnancia iba dirigida al "pecado" y no al "pecador" -siempre y cuando recordase hacer esa falsa distinción-. (Existen algunos indicios de una temprana experiencia desagradable en las monacales instituciones británicas pudo haber tenido algo que ver con su actitud posterior.)

- A pesar de que a los "moros" se les acusaba de muchas atrocidades y de que en el bando republicano se consideraba particularmente importante no caer prisioneros de ellos, en los escritos de Orwell no hay rastros de ninguna actitud xenófoba o -término de origen posterior- racista hacia los súbditos coloniales de España. (De hecho, Orwell pasó una o dos temporadas en Marruecos, escribiendo una novela, justo antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, y en su diario muestra una gran simpatía hacia los habitantes del país, incluidos los judíos y los bereberes.)

- Su investigación y notas para El camino de Wigan Pier habrían asombrado al mismísimo Friedrich Engels.

- Entre la izquierda política y cultural, la sola mención del nombre de Orwell es suficiente para provocar un escalofrío de repugnancia.

- Hubo un tiempo en el que la derecha y la izquierda de Gran Bretaña discutían sobre la "pertenencia" de Orwell. Por aquel entonces ambos bandos lo querían en sus filas.

- La prueba de la última década de la carrera de Orwell, marcada por el activismo y el compromiso con la democracia y la descolonización, y por la escritura de dos novelas con un permanente tono antitotalitario.

- En el momento de mayor popularidad de Gandhi, Orwell lo criticó por basarse en exceso en la "fuerza del espíritu" y en la no violencia, y por ser demasiado pasivo en su resistencia. Cuando Addis Abeba (capital de la antigua Abisinia, hoy en día Etiopía) se liberó del fascismo italiano, Orwell protestó por el hecho de que la bandera inglesa fuera izada antes que la de Abisinia. Jamás permitió que sus lectores olvidaran que formaban parte de un imperio que explotaba a las colonias, y llegó a escribir que Hitler por más que lo intentara, no conseguiría reducir al pueblo alemán al abyecto estatus de los criados indígenas.

- ¿Qué escritor puede releer su propia producción sin encontrar partes que le abochornan?... puede que una frase como "un humanitario es siempre un hipócrita" contenga una parte de verdad, y de hecho la contiene, pero no fuera de contexto... Tenemos también los famosos estallidos de mal genio contra los excéntricos, los vegetarianos y los homosexuales que desfiguran la prosa de Orwell y que probablemente merecen una crítica.

- Suele decirse, para intentar justificar a los intelectuales de los años treinta, que a estos les resultaba imposible saber cómo era realmente el estalinismo.. También se dice - o suelen decir los apologetas - que, cuando por fin averiguaron la verdad, fueron capaces de reprimir sus dudas por el bien de la causa. Lo sorprendente en el caso de Orwell es que jamás pasó por una fase estalinista, jamás tuvo que ser curado o purgado de una repentina "desilusión". Asimismo, mostraba poca paciencia con aquellos que mencionaban las ilusiones originales como excusas para ingenuidad posterior. Esto - que denota cierta superioridad moral- es sin duda una de las razones del intenso desprecio que Orwell despertaba entonces y despierta todavía.

- A diferencia de innumerables contemporáneos, cuyas deserciones del comunismo darían lugar más tarde a espectaculares confesiones y memorias, Orwell jamás pasó por una fase de rusofilia o de adoración a Stalin. A mediados de 1940 escribió que había aprendido a confiar en su intuición cuando se trataba de ciertas cuestiones:

       Desde 1934 sabía que la guerra entre Inglaterra y Alemania era inminente, y tuve la absoluta certeza de ello a partir de 1936. Podía sentirlo en el estómago, y jamás me engañaron, por un lado, los pacifistas y su cháchara, ni por otro, las personas del Frente Popular que fingían temer que Gran Bretaña se disponía a entrar en guerra contra Rusia. Tampoco me sorprendieron nunca los horrores como los de las purgas rusas, porque siempre había presentido que eso -no exactamente eso, pero algo parecido- estaba implícito en el dominio de los bolcheviques. 

- En España había presenciado las falsas denuncias y el montaje del estalinismo, y había estado muy cerca de ser una de las víctimas, mucho más cerca de lo que jamás llegó a saber.

- Aunque Orwell jamás se consideró un seguidor de León Trotski, basó su figura en Emmanuel Goldstein, el vilipendiado hereje de 1984.

- Orwell registró rápidamente el impacto de Retour de l'URSS, de André Gide, uno de los primeros autores que viajaron a Moscú para escribir alabanzas del régimen y regresaron asqueados.

- Orwell daba por sentado que se había producido una hambruna espantosa en Ucrania en los años treinta, algo que fue negado por muchos periodistas compañeros de viaje que sostenían haber visitado el lugar de los hechos.

- La mayoría de los antifascistas que querían luchar en España se incorporaban a, o eran elegidos para, las Brigadas Internacionales, que operaban bajo la estricta disciplina del Partido Comunista. El hecho de que Orwell se incorporase a un grupo disidente como el del POUM le permitió ver lo que realmente ocurría en Cataluña, la historia de una revolución traicionada.

- Orwell fue testigo presencial del intento de golpe de Estado comunista en Barcelona a principios de mayo de 1937, y unos documentos del Archivo Militar Soviético de Moscú que acaban de hacerse públicos dejan bien claro que en efecto se planeó un putsh a gran escala. Si este hubiera triunfado, se habrían llevado a cabo los preparativos para otro "juicio mediático" al estilo de las farsas de Moscú. En cualquier caso, el gran líder catalán Andreu Nin, fundador del POUM, fue secuestrado, salvajemente torturado y -como no se rindió- asesinado. Tras ello, los portavoces comunistas declararon que Nin se había escapado para unirse a los nazis.

- Orwell jamás lo supo, pero si él y su esposa no hubieran conseguido huir de España mientras la policía les pisaba los talones, es muy posible que los hubieran sentado en el banquillo como protagonistas de dichos juicios farsa.

- Aunque Orwell relata con un tono autocrítico ligeramente absurdo la confiscación de sus papeles y cartas en la habitación del hotel de su esposa, le habría sorprendido averiguar que dichos documentos fueron de hecho escudriñados minuciosamente en Moscú.

- Es cierto que Orwell fue uno de los padres fundadores del anticomunismo; que tenía un fuerte sentido del patriotismo y un instinto muy potente para detectar lo que podríamos llamar la diferencia fundamental entre el bien y el mal; que despreciaba el gobierno y la burocracia y que era un tenaz individualista; que desconfiaba de los intelectuales y académicos y tenía fe en la sabiduría popular; que sostenía una ortodoxia bastante tradicional en las cuestiones sexuales y morales, que despreciaba a los homosexuales y aborrecía el aborto; y que parece haber sido un defensor del derecho de la propiedad privada de las armas. También prefería el campo a la ciudad, y los poemas que rimaban.

- Cuando Nixon y Kissinger visitaron China, país al que en más de una ocasión habían amenazado con un ataque nuclear, y proclamaron que en adelante Washington y Pekín serian aliados contra el Imperio soviético, estábamos ante unas noticias que ya habíamos leído previamente, en las páginas de 1984 que describían los abruptos cambios de lealtad entre Oceanía, Eurasia y Asia Central.

- Orwell hizo más que inventar la expresión "guerra fría". En cierto sentido, fue uno de los primeros "guerreros fríos". Durante toda la década de los cuarenta se produjo una conspiración oficial para guardar silencio sobre el destino de alrededor de diez mil militares polacos, asesinados en los bosques de Katyn mediante disparos en la nuca administrados individualmente por agentes de la policía soviética. Se consideraba poco diplomático mencionar esta masacre, incluso después de que varios informes bien documentados se hubiesen hecho públicos. El ejército invasor alemán, que había puesto el crimen al descubierto, cargó con la culpa (y con la acusación, por parte de los abogados soviéticos , en Nuremberg). Orwell, Arthur Koestler y unos pocos más intentaron ventilar la cuestión durante la guerra y posteriormente, pero se encontraron con la indiferencia oficial y, de hecho, con la complicidad con la mentira soviética en las altas instancias del gobierno. Anthony Poewll captó muy bien la atmósfera moral que rodeó al incidente en su novela Los filósofos militares, una de las tres obras ambientadas en la Segunda Guerra Mundial que formaban parte de Una danza para la música del tiempo. Las autoridades británicas, tanto las laboristas como las conservadoras, se negaron a reconocer la culpabilidad soviética hasta julio de 1988, por temor a "calentar la guerra fría". La Federación Rusa aceptó oficialmente la responsabilidad en 1990.

- Orwell escribió su única introducción a la novela expresamente para edición ucraniana, y se vio desbordado por ofertas para traducirla al letón, al serbio y a otros idiomas. (Indicó  a su agente que no se cobrara nada por esas publicaciones.) Sin embargo, el destino de la edición ucraniana fue finalmente triste. Aunque llegó a cierto número de lectores, la mayoría de los ejemplares fueron secuestrados y confiscados por las autoridades militares estadounidenses en Alemania, quienes luego los entregaron al Ejército Rojo para su destrucción. Como se ve, el Ministerio de Información británico no era el único que consideraba necesario contribuir al cultivo del amour-propre por parte de Stalin.

- Esta Tercera Guerra Mundial, sostenía, ya había comenzado. Lo había hecho en la Navidad de 1944, cuando los soldados británicos habían abierto fuego contra una manifestación comunista en la plaza central de una Atenas recién liberada. Como padrino del anticomunismo, Burnham, poco antes de su muerte en 1987, recibió de manos de Ronald Reagan la Medalla de la Libertad.

   Orwell no sobrevivió para ver el macartismo, y había criticado fuertemente la política británica en Atenas, que veía como la imposición a los griegos de una indeseada monarquía reaccionaria. Sin embargo, desde un primer momento le desagradaron y produjeron desconfianza las ambiciosas teorías de James Burnham, y resulta bastante evidente que extrajo de ellas la sombría  predicción del mundo tripolar y militarizado que aparece en 1984.

- A Orwell también le desagradaba profundamente la propaganda sobrenatural, sobre todo en su versión católica romana, pero le gustaba la arquitectura eclesiástica y en sus escritos demostraba cierto conocimiento del Antiguo y el Nuevo Testamento.

- El autor aborrecía la crueldad hacia las criaturas que no pueden quejarse, pero consideraba que el vegetarianismo era más que ridículo. Los animales le gustaban mucho, pero solía representar a los fanáticos propietarios de mascotas como seres un poco despreciables. Tenía un perro llamado Marx, pero lo hacía trabajar en la granja. Adoraba la pesca, pero cuesta imaginárselo con una pecera en su casa. Amaba el paisaje, pero no quería que -como había ocurrido a lo largo de la historia inglesa- se despoblase el campo para dejar sitio a las ovejas, los faisanes o los ciervos. Y es que los frutos de la "Creación" tienen su lugar, pero ese lugar forma parte de un todo.

- En El camino de Wigan pier incluyó el feminismo en su famosa taxonomía de creencias extravagantes o absurdas, junto a los bebedores de zumos, cuáqueros fugados, los que calzan sandalias y otros personajes excéntricos. Por lo tanto, parece que para Orwell el supuesto equilibrio de poder entre ambos sexos favorecía suficientemente a la mujer.

- Orwell sentía repulsión por el control de la natalidad y el aborto. Cada vez que se veía obligado a tratar alguno de estos dos temas, evitaba un análisis profundo y se escabullía asqueado.

- Cada vez que emprendía el retrato literario de un futuro Estado tutelar de carácter absurdo, incluía, entre la lista de características distópicas, una referencia despreciativa a una clínica abortiva o de control de la natalidad.

- A lo largo de su vida, Orwell jamás dejó de disculparse por sus carencias como escritor de ficción. Y antes de morir, ordenó a sus albaceas que se aseguraran de que al menos dos de sus novelas -La hija del reverendo y Que no muera la aspidistra- no fueran publicadas nuevamente.

- Cerca del final de su vida, le escribió a Anthony Powell para comentarle con desesperación que sentía que había hecho un estropicio con 1984, obra que describía como "un desastre espantoso, una buena idea arruinada".

- Orwell, al igual que otros críticos del imperialismo, era propenso a acusar a las mujeres blancas de tratar mal a los sirvientes, de hacer que los hombres se volviesen todavía más racistas y de introducir, en ambientes coloniales ya demasiado tensos, el miedo histérico a la violación y el saqueo por parte e los nativos. Pero la antipatía de Orwell residía en un nivel más profundo.

- Dijo que con mucho gusto mataría a Hitler, pero que no podía odiarlo, pues le resultaba muy evidente que se trataba de un personaje extremadamente patético. Y a última hora modificó las pruebas de imprenta de Rebelión en la granja para que la historia dijese: "Todos los animales, excepto Napoleón, se echaron sobre sus vientres". El original rezaba "incluido Napoleón", pero los exiliados rusos le habían asegurado que Stalin había permanecido en Moscú durante el ataque alemán, y Orwell quería ser justo con él. Este es el mismo Orwell que en la Guerra Civil española no quiso dispararle a un soldado fascista mientras el hombre salía corriendo de la letrina e intentaba sujetarse los pantalones; el mismo Orwell que, en una época de extrema angustia financiera, sacrificó los enormes ingresos que hubiese obtenido gracias a su inclusión en la lista del Book of the Month Club porque se negó a aceptar pequeños cambios en la novela.

- Él, a través de su compromiso con el lenguaje como compañero de la verdad, nos mostró que las "opiniones" en realidad no cuentan; que lo importante no es lo se piensa, sino cómo se piensa; y que la política tiene una trascendencia relativa, mientras que los principios logran perdurar, al igual que lo hacen los pocos individuos irreductibles que se mantienen fieles a ellos.