En el vientre de la ballena, George Orwell


- Durante los años del boom, cuando abundaban los dólares y el valor del cambio del franco era muy bajo, invadió París un enjambre de artistas, escritores, estudiantes, diletantes, turistas, libertinos y simples vagos, probablemente como nunca se ha visto en el mundo. En algunos barrios de la ciudad, los presuntos artistas debían de ser más numerosos que la población activa. De hecho, se ha calculado que a finales de los años veinte llegaron a ser hasta treinta mil los pintores que pululaban por París, en su inmensa mayoría impostores. La gente se había acostumbrado tanto a la presencia de los artistas que las lesbianas de voz áspera, con sus pantalones de pana, y los jóvenes vestidos con disfraces griegos o medievales podían pasear a su antojo por la calle sin llamar la atención, y a orillas del Sena, cerca de Notre Dame, era prácticamente imposible pasar debido a la cantidad de caballetes desplegados. era la época de los genios desconocidos. La frase que corría en boca de todos era: "Quand je serai lancé?". Pero, como pronto se vio que nadie iba a ser lanzado al estrellato, el fracaso cayó  sobre todos ellos como una nueva glaciación. La chusma cosmopolita de los artistas desapareció como por ensalmo, y los espaciosos cafés de Montparnasse, que solo diez años antes estaban llenos hasta la bandera incluso de madrugada, repletos de hordas de alborotadores que se las daban de interesantes y entendidos, se han convertido en tumbas lúgubres que ni siquiera visitan los espectros.

- En los Estados Unidos de mediados del siglo XIX, los hombres se sentían libres e iguales, y eran libres e iguales en la medida en que tal cosa es posible fuera de una sociedad puramente comunista.

- Whitman por suerte para sus creencias, quizá, murió demasiado pronto y no llegó a presenciar el deterioro de la vida que se produjo en Estados Unidos con el ascenso de la industria a gran escala y la explotación de la mano de obra barata que suponían los inmigrantes.

- Decir "acepto" en una época como la nuestra es decir que uno acepta los campos de concentración, las porras de caucho, Hitler, Stalin, las bombas, los aviones, la comida en lata, las ametralladoras, los putsches, las purgas, los eslóganes, las cadenas de montaje, las máscaras antigás, los submarinos, los espías, los saboteadores, la censura de la prensa, las cárceles secretas, las aspirinas, las películas de Hollywood y los asesinatos políticos.

- Pero la actitud en general sigue siendo la de "traguémonoslo todo".

- Rusia era Tolstói, Dostoievski y los condes exiliados que conducían un taxi. Italia era las galerías de pintura, las ruinas, las iglesias y los museos, pero no los Camisas Negras. Alemania era el cine, el nudismo, el psicoanálisis, pero no Hitler, del cual prácticamente nadie oyó nada negativo hasta 1931.

- El movimiento comunista en Europa occidental empezó como un movimiento en pro del derrocamiento violento del capitalismo, y degeneró en pocos años hasta ser un instrumento de la política exterior de Rusia. Probablemente fue algo inevitable una vez que el fermento revolucionario que siguió a la Gran Guerra hubo remitido casi por completo. Por lo que alcanzo a saber, la única historia exhaustiva en inglés sobre este asunto es La Internacional Comunista, de Franz Borkenau. Lo que aclaran los hechos que recoge Borkenau, aún más que sus deducciones, es que el comunismo nunca podría haberse desarrollado hasta llegar a convertirse en lo que hoy es si hubiera existido un sentimiento revolucionario real en los países industrializados. En Inglaterra, por ejemplo, es obvio que ese sentimiento no ha existido dede hace muchos años. Las cifras de miembros de todos los partidos extremistas son patéticas, por lo que esa inexistencia se demuestra con toda claridad. Es, por tanto, natural que el movimiento comunista británico esté controlado por personas que mentalmente son sumisas a Rusia y que no tienen más objetivo real que manipular la política exterior de Gran Bretaña en aras de los intereses rusos. Claro está que ese objetivo no se puede reconocer abiertamente, y es este hecho el que le da al Partido Comunista su muy peculiar carácter. El tipo de comunista más militante es, en efecto, un agente que publicita los intereses de Rusia y que se las da de socialista internacional. Se trata de una pose fácil de mantener en ocasiones normales, pero que se vuelve muy difícil en momentos de crisis debido a que la URSS no tiene más escrúpulos en su política exterior que el resto de las grandes potencias. Las alianzas, los cambios de fachada, etcétera, que solo tienen sentido como parte del juego de la política del poder, tienen que ser explicados y justificados en términos del socialismo internacional. Cada vez que Stalin cambia de socios, hay que darle al "marxismo" una nueva forma, así sea a martillazos. esto entraña súbitos y violentos cambios de "línea", purgas, denuncias, la destrucción sistemática de la literatura de partido, etcétera. Cualquier comunista es de hecho susceptible, en cualquier momento, de tener que alterar sus convicciones más fundamentales o bien abandonar el partido. El dogma incuestionable del lunes puede ser la herejía más abyecta el martes. Y así sucesivamente. 

- Ello supuso que el comunista inglés o francés se viera obligado a convertirse en un buen patriota y en un imperialista, esto es, a defender precisamente todo lo que llevaba quince años vituperando.

- En el mundo de 1935 a duras penas era posible mantener una indiferencia política a toda costa. Ahora bien: ¿por qué todos estos jóvenes recurrieron a algo tan ajeno a ellos como era y es el comunismo ruso? ¿Por qué unos escritores iban a dejarse atraer por una forma de socialismo que imposibilita la honradez intelectual? La explicación, en realidad, reside en algo que ya se había dejado sentir antes de la Depresión, antes de Hitler: el desempleo galopante de la clase media.

- El patriotismo, la religión, el imperio, la gloria militar..., todo ello en una sola palabra: Rusia. El padre, el rey, el jefe, el héroe, el salvador... todo ello en una sola palabra: Stalin. El demonio: Hitler. El cielo: Moscú. El infierno: Berlín. Todas las grietas quedaron selladas. Al fin y al cabo, el "comunismo" intelectual inglés es algo que se explica por sí solo. Es el patriotismo de los desarraigados.

- En 1937, toda la intelectualidad estaba mentalmente en guerra. El pensamiento izquierdista había sufrido un proceso reduccionista hasta no ser más que "antifascista", es decir, negativista, un torrente de literatura del odio dirigida contra Alemania y contra los políticos que se suponía que eran afines a Alemania, que no dejaba de aflorar en la prensa. Para mi, lo más aterrador de la guerra de España no fue la violencia que tuve ocasión de presenciar, ni tampoco las pugnas entre partidos tras el frente de batalla, sino la inmediata reaparición en los círculos de izquierdas del ambiente mental que había predominado en la Gran Guerra.

- Las buenas novelas las escriben los que no tienen miedo.

- Sin embargo, hay irresponsabilidades de bastantes tipos. Por norma, los escritores que no desean identificarse con el proceso histórico del momento en que viven, o bien lo ignoran, o bien luchan contra él. Si son capaces de ignorarlo, probablemente son idiotas. Si logran entenderlo bien y desean luchar contra él, es probable que tengan la inteligencia suficiente para comprender que no podrán ganar.