Que no muera la aspidistra, George Orwell


- Las personas vitales de verdad, tanto si tienen dinero como si no, se multiplican casi de manera tan espontánea como los animales.

- Una de las mayores crueldades que se pueden cometer con un niño es enviarle a un colegio donde todos sus compañeros son más ricos que él. 

- Todo muchacho inteligente de dieciséis años es socialista. A esa edad no es posible distinguir el anzuelo que se esconde tras un cebo bien nutrido. 

- El dinero ocupa el lugar de Dios. 

- Lo terrible es adorar el dinero y carecer de él. 

- Todo el que llama a una casa vacía por fuerza parece un idiota. 

- Estoy seguro de que con cinco libras semanales todo el mundo sería socialista. 

- “¿Qué significa para ti el socialismo?”
    Algo parecido al “mundo feliz” de Aldous Huxley, pero no tan divertido. Cuatro horas diarias en una fábrica modelo enroscando pernos del número 6003, raciones servidas en papel encerado en un comedor comunal, idas y venidas multitudinarias del Hostal Marx al Hostal Lenin, clínicas abortivas gratuitas por doquier, y, por supuesto, todo muy bien organizado. El problema es que no queremos eso. 

- ¡Las mujeres, qué asunto tan fastidioso! Es una pena que no podamos prescindir de ellas; al menos podríamos ser como los animales unos minutos de feroz lujuria y meses de castidad glacial.

- ¡Cuán injusto es estar llenos a rebosar de deseos tan martirizantes y no poder satisfacerlos!

- Lo único que ata a una mujer a un hombre es el dinero. 

- Lo paradójico es que a menudo cuesta mucho más hundirse que flotar. Siempre hay algo que te empuja hacia arriba. 

- No deja de ser extraño que nuestro comienzo y nuestro final sean tan espantosos. Un feto es tan repugnante como un cadáver.