El Tercer Reich - Arthur Moeller van den Bruck



EL TERCER REICH,  Arthur Moeller van den Bruck


Capítulo I
Revolucionario

Queremos vencer la revolución


- En la historia alemana no se ha verificado todavía revolución política alguna. Esto indica que nos encontramos todavía en la fase intermedia de nuestra historia. Los ingleses tienen tras de sí una revolución gloriosa, así como los franceses. Ambos pueblos son más viejos que nosotros. Ellos han sido sometidos a difíciles pruebas, a través de las cuales han construido a los hombres. Ellos, a través de la revolución, se han transformado en naciones politizadas. Además se han construido a través de la lucha nacional armada, en la cual han comprometido sus vidas, la base política de su exitoso desarrollo. Y nosotros hemos experimentado en nuestro perjuicio, la seguridad y la determinación con la que ellos actuaron en tal contingencia mundial; de acuerdo con este cálculo, tras haber provocado la guerra mundial, se lanzaron a la refriega con extrema decisión, con el único objetivo de conducirla al fin, y utilizaron la victoria con fría y burlona determinación, mediante un tratado de paz cuyas condiciones eran, finalmente, generar nuevas ventajas en la transformada situación mundial. 
  • Todas las grandes ideas son, esencialmente, ideas simples. Solo su realización es difícil. 
  • El hecho es, que los alemanes post-bismarckianos no eran hombres de carácter bismarckiano. 
  • Alemania estaba entonces sin ideas. Poseía solamente la idea de su unificación. Lo demás se trataba de una idea ya realizada. 
  • Así transformamos esta ideología filosófica en un imperialismo político, en un principio que, no obstante, no procedía de nuestra íntima convicción: el dato de partida era nuestro Reich, construido mediante acciones de fuerza. Sin embargo no fundamos este imperialismo sobre bases ideológicas, considerándolo un derecho, un derecho de base y una necesidad de vida para una nación superpoblada. 
  • En la guerra mundial venimos sobre todos los campos de batalla. Pero en el ámbito de la política todo estaba en ruinas: la decadencia de la última generación había tomado ventaja. 
  • Al final son los hechos los que nos empujan a extraer las conclusiones pertinentes, y acabamos por afirmar una voluntad; tal decisión llega siempre demasiado rápido o demasiado tarde, nunca en el momento justo: resulta demasiado inmediata o una caducidad demasiado prolongada. 
  • Todo aquello que hacemos y no hacemos resulta ya fallido desde su origen porque hemos nacido de un espíritu enfermo cuyo producto es una mano enferma.
  • Deberemos sentirnos guiados por un sentido de destino: si no completamos tales intentos con nuestra fuerza, estaremos condenados a una caída que no durará solamente decenios, sino siglos en terminar. 
  • Son todavía esos los que se levantan, como optimistas de la revolución, para defender con palabras altisonantes y vacías sus conquistas. Ellos se han empeñado en proclamar la eterna validez de los principios: democracia mundial, liga de los pueblos y leyes suprarestatales, entre las cuales están el fin de todas las guerras y la paz eterna sobre la tierra fundada sobre valores espirituales. No quieren darse cuenta, no quieren ver ni escuchar que por culpa de ellos ahora se sufre bajo el poder extranjero, desde el momento  que los acuerdos de paz han producido la desesperación y personas privadas de patria, mientras en el mundo continúan existiendo guerras. Son obtusos por naturaleza y están convencidos en todo momento de haber hecho siempre las cosas más racionales. No conozco la contradicción existente entre razón e intelecto, contradicciones que se manifiestan en todas las partes del mundo, y con las cuales tropezamos continuamente. Por un lado, tenemos una razón para hacer ver a los hombres las cosas como ellos quieren que sean, mientras que por otro tenemos un intelecto que las muestra, inexorablemente, como ellas son realmente.  
  • La revolución ha desilusionado las expectativas, y no solamente aquellas socialistas: la desilusión más grande deriva del hecho de que ésta no se ha afirmado en ningún individuo procedente del pueblo así como la democracia no ha estado en condiciones de producir estadista alguno con capacidad para guiar a la nación. 
  • El pueblo no ha querido la revolución, sin embargo la ha completado. 
  • Creíamos pertenecer a los salvajes y sin embargo, éramos seres domesticados. 
  • Una revolución debe fundarse sobre la justa sensibilidad, sobre la justa fuerza y el justo sentido del derecho, como le corresponde a los hombres democráticos. 
  • Se puede luchar contra los efectos de la revolución cuando hay un buen motivo para pensar que la situación de emergencia de la nación no se resuelve con la nueva vía emprendida, sino que antes hay que convencerse de que la situación será todavía más grave. 
  • No tenemos en cuenta haber estado solos combatiendo contra diez adversarios, ni el hecho de haber sido empujados a esta revolución alemana por la simulación de ideales populares a los cuales esos diez adversarios deben su triunfo. 
  • Aquel que hoy es revolucionario, mañana será conservador.
Capítulo II

Socialista

Cada pueblo tiene su socialismo

  • Todos los errores del socialismo se condensan en la frase de Karl Marx: “La humanidad se plantea solamente los problemas que está en condiciones de afrontar”. No. La humanidad asume solamente problemas que no está en condiciones de afrontar. Aquí está su grandeza. Aquí está el genio que la guía. Aquí está el demón que la empuja. 
  • Y esta es la esencia de todas las utopías que no encontramos nunca realizadas. Es la esencia de todas las esperanzas milenaristas que no se cumplen nunca. 
  • Marx no ha comprobado la veracidad de su frase. 
  • Marx irrumpía en la materia, pero permanecía también implicado en la materia. Y hoy el socialismo permanece engatusado por el socialismo. El marxismo reconduce la materia a la materia; establece las modalidades de su transformación, pero no se puede preguntar por las causas. Marx mismo comprobó la insuficiencia  de una doctrina que se contentaba con explicar todos los seres mediante el principio del desarrollo y la evolución según una dialéctica materialista. Sin embargo, rechazó aportar la prueba, asumiendo  este principio como un dato de hecho. No buscó, insistimos, la causa y no comprendió haber demorado el problema de la causa. Marx generó un estancamiento de la materia, materia material, materia estadística y materia racionalista afirmando plenamente el “principio terreno”, según el cual el mundo era solo materia. Y justo este principio ha sido considerado por los marxistas la especificidad y el mérito más grande de Karl Marx. Sin embargo permanece en pie la pregunta: ¿Pero quién mueve la materia?
  • Marx no comprende que los acontecimientos, antes de desarrollarse, deben fijarse. No se da cuenta de que, aquello que llamamos desarrollo, presupone un surgimiento, y que no presenta un carácter progresivo y uniforme, sino que se resume en un proceder a saltos que resulta incontrolable en sus consecuencias. Comete entonces un grave error al no considerar que el desarrollo de los acontecimientos no siempre conduce al objetivo fijado, sino bien podría desviarse hacia resultados diferentes, si no opuestos. 
  • En realidad el marxismo tiene todos los signos peculiares de una utopía materialista. Marx confió al proletariado la construcción de un perpetuum mobile, en la rígida convicción de que, en cuanto concebido de forma lógica, habría sido también reproducible. Pero este perpetuum mobile se identifica con el mundo mismo, y el demiurgo no permite a nadie dañar su obra. 
  • Nuestra lógica racionalista se relaciona con la verdad como la experiencia estadística se relaciona con la realidad. Ella comprende todo aquello que se puede alcanzar, pero no aquello que es decisivo. La lógica nos persuade del progreso, mientras que la historia se opone a tal principio. La humanidad siempre ha sido un punto de inicio del cual no se conoce el recorrido ni el punto de llegada. 
  • Desde hace siglos los hombres penan sobre la tierra: la felicidad estaba aquí, la infelicidad allá. Ninguna religión, ninguna humanidad ni ningún arte del Estado ponía remedio a la falta de justicia. Ninguna fuerza espiritual, ética o política que actuaba sobre el hombre conseguía llegar al nivel de la realización completa de la justicia social en la humanidad. La culpa estaba en los hombres, en la medida que no eran dignos de los valores por ellos adscritos. La carne permanecía siempre débil. El hombre pensaba continua y exclusivamente en su yo. En este punto Marx concibió la idea de considerar al hombre en base a su verdadero yo, y de seducirlo con los placeres de la carne. 
  • Marx fijó el problema no desde lo interno, sino desde lo externo. Él no buscó una transformación de los hombres singulares, sino que tuvo en cuenta las tendencias comunes y, especialmente, las referidas a la codicia. No consideró a los hombres desde su fuerza, sino desde su debilidad, y no se preocupó de los daños que podría sufrir el alma, pero les mostró al “mundo” que debían afrontar. En efecto, Marx quería ayudar a los hombres, del modo que él consideraba justo hacerlo y en el modo en el cual ellos querían ser ayudados. Pero si los grandes fundadores de religiones  habían prometido a los hombres la vida eterna y no habían dado importancia a la terrenal, Marx actuó de forma distinta a ellos. Se dirigió a los hombres de forma muy humana. Basó su solicitud sobre intereses prácticos, corpóreos y cotidianos, o sea, intereses económicos. Su acción fue una estratagema. 
  • Marx no fue realmente partícipe de su realidad. Como hebreo era realmente un extranjero en Europa, aunque participaba igualmente de las victorias de los pueblos europeos y buscaba entender su sentido. Pero lo hacía como si quisiese adquirir un derecho de hospitalidad entre estos pueblos, por el hecho de que les ayudaba en sus necesidades y les mostraba una solución. Pero él no era todo uno con la historia de ellos; su pasado no estaba vinculado a tal historia, y la tradición que encontraba en su afirmación de la historia presente no era la misma que él tenía en su sangre. Marx no había vivido durante milenios con estos pueblos, tenía una sensibilidad distinta, pensaba de otra manera. Si sus ideas fueron tomadas sobre los hombres a los cuales se dirigía, no se revelaron firmes en tanto no estaban arraigadas, sino que permanecían en la superficie, implicando solamente a un conjunto de elementos exteriores. 
  • Se puede individuar a Marx sólo desde una perspectiva hebrea. Sus componentes son mosaicos, macabeos y talmúdicos; él está vinculado al guetto. Está muy lejos de Cristo, pero de cualquier modo él es también muy cercano, como aquel Judas que intentó expiar su traición. En toda su obra no hay ni una palabra de amor hacia los hombres, sino de oscura pasión que transpira odio, venganza y represalias. 
  • La doctrina de Marx es internacional, y por eso ha conseguido disgregar a Europa y seducir a los europeos. 
  • Marx no consideró a la parte no-proletaria de la humanidad europea, no la comprendió, porque no les pertenecían y no tenia acceso a los valores por ésta producidos en el curso de los siglos y dejados en herencia en lo posterior, herencia en la cual no habían participado sus antepasados. 
  • Marx demostraba preferencias en los enfrentamientos del proletariado, que representaban algo nuevo en el mundo, a pesar de que el filósofo alemán era extraño a ellos. No obstante, los asimiló; sin embargo, el proletariado no había asumido herencia espiritual alguna. Por este motivo Marx se vinculó al proletariado, haciéndose cargo de éste, y el proletariado se vinculó a él. Más allá de que Marx no se preocupó de analizar el surgimiento de esta clase, tampoco consideró las distintas historias que ésta había vivido en cada uno de los países singulares, historias extremadamente diferenciadas. Consideró a los proletarios como simples hombres y le violentó la nacionalidad que cada uno de ellos poseía  y que se negó a homologarlos como clase unitaria. Y no le vino nunca a la mente la idea de preguntarse, al menos una vez, si hubiese sido posible un socialismo de los hombres sin la instauración de un socialismo de los pueblos. 
  • Los hombres pueden vivir solamente si existen los pueblos a los cuales pertenecen. 
  • El marxismo ha prometido un tiempo de felicidad y ha experimentado un tiempo de maldición. Ha vivido la ilusión de haber encontrado una vía que condujese a la utopía de la ciencia. Ha considerado la ciencia de manera creativa y sobre su base ha establecido una empresa para los hombres, empresa realizable solo a condición de que sus presupuestos estuviesen “ya presentes en las condiciones materiales” o al menos “estuviesen en fase de formación”. Pero la guerra mundial convulsionó sus cálculos, y la revolución que le siguió demostró su completa inexactitud. El marxismo había considerado al proletariado internacional como una suma de individuos, pero no había hecho las cuentas con la tierra, con los pueblos y las contraposiciones entre los pueblos. Se había interesado solo en el desarrollo económico como problema crucial del mundo, y en base al cual el sistema social capitalista había sido suplantado por un sistema socialista. 
  • En el momento en el que se abre ante el marxismo la posibilidad de adquirir el poder político y de llevar a término su misión social, la doctrina socialista, pensada exclusivamente en términos económicos, se revelo fallida ante la primacía de la política, ante las leyes ineludibles de la historia. 
  • Marx tenía el espíritu de Europa en su contra, el espíritu de un pasado de dos mil años, que no se deja vencer y que se defiende de él. 
  • Hoy vivimos en este tipo de mundo y no en aquel de Karl Marx. Nosotros hemos descubierto el error de cálculo, que todavía hoy constituye el error peculiar del marxismo. Mientras tanto el socialismo no quiere admitir el fracaso, tanto político como económico, de su revolución. 
  • La concepción materialista de la historia es, de todos modos, inequívoca. Su significado está en su decidida unilateralidad con la cual fue pensada y para la cual se presentó como un bloque en el pensamiento histórico, y como tal debe ser rechazado. Si Marx y Engels hubiesen seguido, tardíamente, sus puntos de vista, habrían sabido que este bloque, en su esencia, dependía de un tipo de juicio por ellos formulado. Pero no lo hicieron. 
  • Históricamente, es absolutamente cierto, que cada tiempo tiene su paralela historia materialista, también las edades sagradas tienen sus elementos de contorno material, dado que siempre ha habido hombres, partidos y clases actuando en base a sus intereses específicos. el momento material constituye más bien el segundo momento: el inferior, con tal de que no se trate de una edad del todo materialista. Ciertamente también existen épocas de tal género. Hay edades inferiores. Pero también hay otras edades en las que el primer puesto corresponde a Dios. ¡Dios lo quiere! Es sabido que los hombres, aunque están hechos de materia, se colocan más allá de ésta. Es fundamental, en la medida que explican sus actividades, dar espacio a sus tendencias, desahogo a sus pasiones. 
  • Nosotros pensamos que fue primero el hombre. Marx pensaba que no había ninguna concepción profunda que entender, “que con los acontecimientos de la vida humana, con las relaciones sociales, la existencia social, las concepciones y los conceptos y, en una palabra, también la consciencia del hombre cambia”. Nosotros pensamos que es la consciencia la que cambia la vida. El elemento espiritual es autónomo. En la medida que es autónomo transforma al ser humano. Y solamente transformándose, los hombres pueden crear por sí mismos otras condiciones de vida. El hombre hace la historia y no la historia hace al hombre, y cuando es la historia la que transforma  al hombre, entonces hace que este hombre produzca transformadas condiciones de vida. La historia del hombre es la historia de sus fuerzas espirituales. Estas fuerzas espirituales contienen al cuerpo; el elemento metafísico comprende aquel físico, y el elemento físico comprende a su vez aquel económico. De modo que solo el elemento espiritual puede guiar aquel físico, nunca lo contrario. 
  • La materia no puede actuar por sí misma. En el ámbito económico no es un nuevo orden económico el que puede transformar la vida desde su raíces, sino que es una vida transformada desde sus raíces la que produce un nuevo orden económico. 
  • El materialismo histórico cae en un error cuando piensa que estos grupos de hombres podían subsistir sin un principio estatal. La economía no puede sustituir al Estado, no puede hacerlo la política interna, y mucho menos la externa. La subsistencia de un pueblo no puede llevarse a cabo sin una administración. ¿¡Cómo se podrían regular, sin Estado, los impulsos, fuerzas, voluntades, tendencias y empresas de una nación!?
  • El materialismo histórico quería ser una ciencia de la experiencia. El socialismo se tropezó con la contradicción de referirse al futuro, en el cual, naturalmente no podía tener experiencia. Podía entonces obvia esa contradicción renunciando solamente a la objetividad de la experiencia en detrimento del análisis de las tendencias políticas. 
  • El socialismo no tiene ningún conocimiento de los pueblos, así como nada sabe de los hombres. 
  • El socialismo no quiere admitir que el hombre no ha construido su cuerpo en el curso de un desarrollo histórico, sino que lo ha construido en los orígenes de la historia y que ha recibido su libre impulso desde el cerebro, no al contrario. De hecho, es el hombre mismo quien ha producido su historia, que representaba la culminación de su actuar. 
  • El materialismo habría estado en lo justo si la humanidad hubiese producido solamente materia. Pero la humanidad ha producido sobre todo valores, una jerarquía de valores entre los cuales están aquellos materiales ocupando niveles más bajos. La historia humana no se explica por las solas personalidades de los portadores de estos valores, ni mediante las razas ni las religiones, que son las estructuras de la sangre y el espíritu de cada acontecimiento, y mucho menos mediante hechos económicos, en los cuales vemos solamente los aspectos materiales de los presupuestos espirituales. Se trata más bien de una historia de conexiones. 
  • La concepción materialista de la historia que no se presupone al hombre, sino a la economía, renuncia a la historia en sí misma. 
  • Un día se hará evidente la gran falta de dignidad del siglo XIX, por el hecho de que veía en el estómago la medida del ser humano. 
  • El hombre quiere ir más allá de su naturaleza, y realmente comparte con el animal el hecho de querer vivir. Ya el primer hombre, entonces el “Naturmensch”, se avergonzaba de su condición material, de su dependencia física, de su ser vinculado a la materia, del hecho de ser dependiente de la alimentación, y percibir aquello como algo infame que lo daña, como un elemento de la tierra que lo empobrece y que debe soportar. Vergüenza y conciencia tienen la misma raíz. Partiendo de aquello, el hombre supera al humano a través de la conciencia de su opuesto. en el hombre que va contra su humanidad, que decide, finalmente no preocuparse solamente de su alimentación ni de vivir en función de los factores económicos. Aquí está consciencia que representa la dignidad humana. 
  • El materialismo histórico no ha tomado nunca en consideración este aspecto. Por otro lado, como su propio nombre indica, se trataba de una concepción histórica de la materia. Se trataba de la historia de un hombre dividido y no de su aspecto más elevado. Sin embargo, la historia se vengaba del socialismo y de su concepción filosófica: Se vengaba del hecho de que éste solo pensaba de forma económica, no política; se vengaba mostrando la falsedad del presupuesto del pensamiento materialista, según el cual la historia y la economía se compenetran y la segunda depende de la primera. La sobreestimación de la economía en la época materialista no produce el socialismo, sino la guerra mundial. Su estallido reveló otras fuerzas históricas, y no el dogma del enfrentamiento de las clases ni, por lo tanto, de la consecuente lucha de clases. 
  • El socialismo no pudo afirmar su predominio respecto al capitalismo en el ámbito de una floreciente vida económica, y solamente pudo hacerlo en el ámbito de una economía confusa, enferma y demente. 
  • Nuestro pensamiento se ocupa, y se ha ocupado, solamente del hoy. Esta es una actitud común tanto en el capitalista como en el proletario. Somos abandonados así en base a nuestros intereses de alcanzar un nivel nunca alcanzado por la humanidad: la concepción materialista de la historia celebra hoy su aplastante victoria. 
  • El proletario ha llegado a ser un problema para el cual el socialismo no tiene respuesta: un problema abierto, oscuro y enorme, de cualquier manera un problema en sí mismo. 
  • Junto a estos abandonos, el socialismo fue culpable del error en el cual también incurrió el marxismo, el error más grande en el cual podía caer: rechazaba el problema cuya solución incumbía la vida de todos los pueblos de la tierra, especialmente al pueblo alemán, que era aquel de la superpoblación. Pero, ciertamente, en este caso estaba implicada desde su raíz la teoría de la plusvalía. De hecho la problemática marxista, con sus presupuestos de lucha de clases, viene negada desde la base. 
  • En este punto el marxismo se opone tanto a la naturaleza de las cosas que acaba por disolverse en la utopía. El marxismo no considera las diferencias entre pueblos, diferencias que se basan en la especifidad de sus caracteres: el socialismo de la lucha de clases considera solo a las masas, pero no toda la heterogeneidad del proletariado, de los países singulares.
  • Hay pueblos en el mundo que poseen tierra, espacio, posibilidad de expandirse y alimentarse, y también libertad de movimiento, mientras que hay pueblos que no lo tienen. 
  • Las tierras poco habitadas pueden vivir, aquellas superpobladas no pueden hacerlo.

  • Han vencido los países despoblados, mientras que los superpoblados han perdido. Este es, por ahora el resultado de la guerra mundial.
  • A los vencidos les fue prometida una paz basada en la justicia, pero los vencedores usaron la paz, que era su paz, para dársela a aquellos que ya la tenían. Ellos tenían distintas banderas, con los símbolos de la libertad, la igualdad y la fraternidad, pero las verdaderas banderas de los vencedores son del color gris de una concepción comercial que implica a hombres y tierras. 
  • Los franceses sí se muestran preocupados ante las consecuencias de la despoblación. Se ha preocupado, desde hace cuarenta años, de incrementar sus cuarenta millones de habitantes. Ahora se preocupa de tener suficientes franceses blancos para entrenar a los franceses negros para sus rapiñas. Poseen medio imperio mundial, que los ingleses les han dado como compensación por la guerra vencida. Pero el francés, enamorado de sí mismo, sirve voluntariamente solo en Francia y, visiblemente en la capital, donde lo visitan las personas procedentes de otros países para admirarlo.
  • El pueblo francés puede vivir porque posee un territorio más vasto en relación a lo exiguo del número de sus habitantes. Por el contrario, el pueblo ruso no puede vivir porque los recursos de su tierra no les ofrecen suficiente trabajo y no les aseguran los medios para la subsistencia. Y los alemanes, los italianos y los trabajadores europeos no pueden vivir porque no tienen a su disposición suficiente espacio para trabajar y vivir. 
  • Se ha calculado que en Alemania hay sitio para otros cinco millones de personas. Pero si, en teoría, esta cifra elevada fuese justa, es totalmente falsa. Es falsa desde el punto de vista psicológico.
  • El neomalthusianismo nos sugiere limitar el número de nacimientos. Sin embargo, es un consejo valioso. La naturaleza ha querido la superpoblación. Entonces deberá ser ella quién resuelva el problema. Quizás el neomalthusianismo quiere tomarnos el pelo cuando se encomienda a las palabras de Malthus: “El bienestar hace disminuir el número de nacimientos”. El bienestar no pertenece hoy a nuestras perspectivas. 
  • Somos un pueblo con un excedente de veinte millones de habitantes en nuestra tierra. Se ha prohibido la emigración al proletario, se la ha prohibido a la propia nación. Solo la explosión es posible. 
  • Nosotros no somos un pueblo que pueda ser dividido. No somos un pueblo que pueda vivir en un territorio angosto y reducido. Y el espacio exiguo en el que nos han reducido constituye un peligro siempre amenazante. ¿No queremos entonces transformar este peligro en nuestra política?
  • Cada pueblo tiene su propio socialismo. 
  • El bolchevismo era ruso, solamente ruso. 
  • La idea de economía comunitaria se reclama a aquel que ha cultivado la vida en la célula. Y la idea-guía de una nueva juventud reclama a aquel que no deja la vida en manos del hombre, como forma derivada, sino que la atribuye a aquel que lo precede. El socialismo alemán no es atomista, es orgánico. Y es dualista y bipolar., en la medida que corresponde a toda la tierra en todos sus ámbitos, desde aquel geográfico a aquel trascendente, es dualista, y debe re equilibrarse entonces en su antítesis. Ello supone un individuo diferenciado y no homologado como el hombre occidental actual. Sin embargo, esto no quiere decir que estas diferencias deban separarnos, sino que más bien deben unirnos. El socialismo es para nosotros: Enraizamiento, gradualidad y estructura. Solo el marxismo conoce el socialismo internacional. 

Capítulo III

Liberal

La ruina de los pueblos

  • La sospecha que gravita hoy sobre el liberalismo en Alemania es la sospecha por un sistema: por una trampa, por una red de intriga extendida por el mundo, en cuya malla Alemania finalmente estaría enredada. La sospecha que envuelve a la masonería es de la misma raíz. Esta asociación secreta, difundida entre ciudadanos de todo el mundo, es muy cercana a los principios liberales. Se tenía conocimiento de que fueron representados por los llamados “artesanos libres”, que antes de la guerra se conjuraron contra Alemania, y que durante el curso de la guerra decidieron su destrucción. También se sabía que eran casi exclusivamente estadistas masones aquellos que se reunieron en Versalles. Por este motivo se ha reconstruido la historia de la masonería: para revelar el secreto que la envuelve, para desvelar los nexos que la vinculan a todo aquello que ante la humanidad siempre ha aparecido ctónico y enigmático. Se nos ha preguntado cuál es el motivo por el que las logias fueron divididas entre aquellas de los iniciados, y aquellas de los no iniciados: ¿Se trataba quizás de motivos políticos? Se ha creído descubrir el origen de la masonería en los misterios egipcios y en aquellos de Eleusis. Se nos encomienda a los Druidas y los “Asesinos”. Viene seguida por parte de las órdenes caballerescas, pasa a través de los Rosacruz para alcanzar a los ilusionistas y, quizás, a los hermanos de las logias. Y finalmente llegan los oscuros acontecimientos de 1717 con la fundación de las nueve altas logias inglesas , y de 1789 con el estallido de la revolución francesa, posteriormente a la revolución rusa de 1917 y aquella alemana de 1918.
  • Debemos considerar que en el recorrido de la historia de la masonería, nos encontramos con una disgregación de principios, que presupone un hombre del todo particular, en el cual vemos la tipología del liberal: un individuo con la mente vacía, débil, la cual no está en condiciones de dar orden a los propios principios, o que se preocupa de ponerlos aparte. 
  • La masonería es solo una directiva general. Ella se refleja en el liberalismo. La actividad de una se confunde con aquella de la otra, aunque no siempre es fácil distinguir sus raíces. 
  • En la masonería se cumple solamente el intento de encontrar un elemento sustitutivo a un mundo desacralizado, intento que se concreta en la constitución de un mundo “hermanado”.
  • El liberalismo conduce a la estupidez o al crimen. Una cosa no es independiente de la otra; son principios que se sostienen recíprocamente. 
  • La actividad de las logias es anónima, la masonería no da nombres, señalando su falta de personalidad. Ésta es su fuerza y ésta es su debilidad. Esta peculiaridad es indicio, entre otras cosas, de su particular psicología. La masonería puede utilizar solamente la “inteligencia” y el pequeño demón, no el carácter y el gran genio. No tiene fundador. Su historia no se vincula a nombre alguno. No tiene representantes seculares, héroes ni mártires. Nadie se ha sacrificado todavía por el bien de las logias. Si se valora la masonería por los valores a ella intrínsecos, se ve cómo representa al más pobre de los movimientos espirituales. 
  • El jesuitismo puede tener como referencia los ejercicios espirituales del fanático vasco.
  • La masonería no posee nada ni a nadie. Está privada de todo signo lingüístico clásico. 
  • El carácter sectario de la masonería se identificó con el liberalismo, como un reagrupamiento político de pequeños hombres, ciertamente no sabios, hombres de negocios o sometidos a los negocios. Tenían como elemento característico el no preocuparse de la socialidad, sino del poder. Podemos decir que sus principios se transferían directamente de las logias al liberalismo. He aquí lo indicado respecto a las logias en el Buletin du grand orient de France a propósito de los años 1899-1900: “¡Que nadie pueda moverse más, si no lo quiere la masonería, absoluta dominadora de la tierra!”. Esta declaración es parte de las muchas expresiones de estupidez características del hombre liberal. 
  • En lo demás, se intentaban enmascarar las ambiciones privadas con una apariencia pública. E igualmente necesitaba salvaguardar aquel concepto de libertad que unía a masonería y liberalismo. Las dos vías  tendieron a homologarse, y de esta coincidencia de instintos secretos nace un partido político. Es cierto que nadie, en el ámbito de un pequeño grupo, podría mostrar que persigue un poder totalmente personal, pero ¿qué ocurre si más personas se le unen y mediante el número y el mutuo apoyo, se arriesgan a hacerse con aquel poder que no podría ser acaparado por un solo individuo? ¿Qué ocurre si un cierto número de personas se asegura el poder mediante la repartición de las fuerzas disponibles y la conducción de una actividad bien organizada y finalizada sin escrúpulos? Y todavía más, ¿qué ocurre si el espacio utilizado para alcanzar tales fines, denominado espacio de la libertad, es confundido con el terreno de juego de las intrigas?
  • El liberalismo presupone que todo aquello que él hace, lo hace en beneficio del pueblo. En efecto, se pone de parte del pueblo y lo sustituye por un “yo egoísta”.
  • El liberalismo  ha alejado al hombre de los altos valores, valores que él asume originariamente del pueblo, para absorberlos, remodelarlos y devolverlos de nuevo al pueblo. 
  • El liberal no expresa ninguna sociedad articulada, sino una sociedad disgregada. Justo or este motivo no puede elaborar valores comunes al pueblo y la sociedad. El liberal tiene solamente valores falsificados, los ha modificado en base a su voluntad y les ha dado una “elaboración” personal. Y justo esto ha determinado la ruinosa disgregación que hoy  ha producido entre los componentes de un mismo pueblo. La apelación al pueblo sirve a la sociedad liberal solamente para sentirse autorizado y ejercer su libre arbitrio. El liberal ha utilizado y difundido el eslogan de la democracia para defender sus propios privilegios sirviéndose de las masas. 
  • Pero al hombre liberal el pueblo le es completamente indiferente. El liberalismo es el partido del arribismo. Es el partido de quien ha entendido ofrecerse, entre el pueblo y los espíritus elevados, que son aquellos que, procediendo del pueblo, cumplen con sus deberes de forma creativa, sin cálculos cual expresión de un pueblo o una nación caracterizados por el espíritu creativo. Por el contrario, aquellos que pertenecen a esta clase intermedia no han acompañado el crecimiento de una nación, aquella en la cual se han introducido como cuerpos extraños. Ellos se sienten únicos, y no se preocupan de nadie y mucho menos del pueblo. Son totalmente extraños en la historia del pueblo en el cual actúan. No comparten sus tradiciones, y no han tenido participación alguna en su pasado. Ni tan siquiera comparten la ambición en el futuro. Ellos solo buscan las ventajas en el presente. La última idea está dirigida a la gran Internacional, en la cual son ignoradas las diferencias entre lenguas, razas y culturas: se debería ser gobernado como un único pueblo, de una familia formada por hermanos seleccionados de las inteligencias de todos los países, los cuales asumirían en sí mismos las prerrogativas morales del mundo en su totalidad. Ellos pliegan a la nacionalidad ante este internacionalismo, y para hacerlo se sirven también del nacionalismo. 
  • Los liberales, desde su concepción internacionalista, utilizan ahora el pacifismo o después el militarismo en función de las circunstancias. Lo utilizan de vez en cuando como medios para cumplir sus objetivos e intereses. Si el sentido de la duda hace que se pregunten: “¿Con qué objetivo vivimos?” su propio cinismo responde: “¡con el de vivir!” Así viven ellos y se crean el medio para poder vivir.
  • El liberalismo, convertido en nacionalista, se ha servido de las enemistades entre los pueblos como medio intrigante para sus objetivos políticos. Ha incitado a unos pueblos contra otros provocando la destrucción. 
  • El egoísmo es la característica del liberal, que abandona en el diluvio las cosas de las que vive. En contraposición a todo conservadurismo, que se conecte siempre con la fuerza del hombre, el liberalismo explota su debilidad. El liberalismo busca poner en práctica trucos para extraer fuera de su debilidad. Se hace de forma que se vive del perjuicio al prójimo, ocultando este desorden bajo la apariencia del ideal. Este es su cálculo. Cálculo hasta ahora realizado. 

  • El liberalismo ha destruido la civilización. Ha aniquilado las religiones. Ha destruido las patrias. Ha representado la disolución de la humanidad. Los pueblos de naturaleza no conocen forma alguna de liberalismo. Para ellos el mundo es una experiencia de vida unitaria que el individuo cumple con sus semejantes. Así perciben la vida como una lucha que les implica y les une. 
  • Aquellos pueblos que se fundaron sobre un principio solitario, o aquellas naciones que han dejado de ser pueblos, han dado al liberalismo todo el espacio que éste pretende. Tales pueblos, en un estrato inferior, han permanecido como masa, mientras que en el superior han estado constituidos por una clase privilegiada. 
  • El liberalismo tuvo comienzo con un falso concepto de libertad, nacido de un malentendido. Y terminó con un falso concepto de libertad, del cual continuaba sirviéndose cuando no defendía la libertad, sino sus propios intereses. 
  • Los ingleses hablaban siempre de libertad. Pero ellos procuraban su propia libertad a costa de dañar la libertad de los otros. 
  • Una cosa es el liberalismo en Europa, y otra el liberalismo en Alemania. Se sabe bien que el liberalismo de los países occidentales fue medio usado por el Tercer Estado, un juego destinado a afirmar el propio poder. éste supo engañar al pueblo con las promesas de 1789, y sobre todo supo explotarlo en su propio beneficio. Se sabe también que la libertad es la voz más atrayente del ternario de los eslóganes de los derechos humanos, con los cuales las masas han estado bajo tutela, y en lugar de ir hacia las peligrosas barricadas, se dejaron conducir hacia las inocuas urnas. 
  • Son liberales los dos partidos estadounidenses, y la única diferencia está en que los ingenuos que se encuentran en todos los partidos son liberales de buena fe, mientras los falsos lo son en buena fe. 
  • Actualmente los masones alemanes, que son todos liberales, tienden a excusarse cuando se hacen notar las intrigas de las logias alemanes ante la guerra, y juran no saber nada, callando con esto sobre su función. Nosotros estamos dispuestos a creerles, no hay necesidad de que lo confirmen. Cada país tiene su propia masonería: a las logias alemanas se ha confiado la función de abandonarse a la buena fe alemana. Y el liberalismo tergiversó el concepto que procedía de Occidente y que penetraba en Alemania. 
  • Alemania fue rendida al liberalismo alemán, y cada ciudadano se confió con extrema ingenuidad. Así la derrota era segura, dado que tenía en la estupidez humana el mejor aliado. 
  • Ha sido siempre un privilegio de la juventud luchar por la libertad. Si la libertad fuese todavía una peculiaridad del liberalismo, entonces la juventud no lo abandonaría, sino que permanecería vinculado a éste. Pero el liberalismo no tiene nada que ver con la libertad. El hombre liberal cree siempre ser su abogado. Pero él. justamente, es abogado en un sentido totalmente equivocado, por el hecho de que lleva consigo el arte del acomodamiento, la capacidad de adaptar la realidad siempre a su propio beneficio. Él, como hombre de letras, hace guiños al libertinaje, y lo demás es asignado al artista, al aventurero o al criminal. Pero la sospechosa cercanía entre ellos y el liberal indica hasta qué punto este liberalismo constituye el elemento de disgregación que invade a los Estados, introduciéndose tanto en la vida de los individuos como de la comunidad. 
  • En el liberal, la juventud alemana identifica al enemigo. 

Capítulo IV

Democrático

La democracia es la participación de un pueblo en su destino

  • Se reconoce la democracia en un pueblo si éste sabe lo que quiere. 
  • La democracia es la participación del pueblo en su propio destino. Y el destino del pueblo, deberíamos decir, pertenece al pueblo. La pregunta es siempre la misma: ¿Cómo es realizable una efectiva participación?
  • El socialista decía: “cada pueblo tiene el parlamentarismo que merece”. ¡Cierto, cierto! Pero nosotros hemos llegado a otra conclusión: pensamos que el tiempo del parlamentarismo ha terminado. Y justo en esta tierra, en la que el parlamentarismo se ha comprometido fuertemente, más que en ningún otro país. Por lo demás, Alemania es un país demasiado noble para el parlamentarismo. 
  • La democracia o es la expresión de la autoestima de un pueblo o no es nada.
  • Una revolución no permanece nunca revolucionaria. Una revolución muestra siempre una tendencia a convertirse en conservadora. 
  • Algunos alemanes, que en la época de las masas habían permanecido individualistas, dirigieron su pensamiento hacia Nietzsche, que ha representado el polo opuesto respecto a Marx en la historia espiritual del siglo. Individualmente en el comienzo de los acontecimientos que hemos vivido, Marx, con su pensamiento, ha favorecido el desarrollo de aquel materialismo en el que han terminado los demócratas de la revolución. De hecho, y ante todo, Marx ha desarrollado un pensamiento materialista y una concepción materialista de la historia. Él había perpetrado un engaño infernal en los enfrentamientos de la humanidad al tratar la materia como idea. Sin embargo, es necesario tener presente que cada movimiento libera siempre un movimiento contrario. Así, cuando el marxismo cae en la red democrática, he aquí que con Nietzsche resurgía un pensamiento aristocrático. ¿Fue Nietzsche el verdadero representante de un movimiento tal de oposición, afirmándose después el la irrupción de las masas por el diagnosticada y despreciada como expresión del “triunfo de la mediocridad”?
  • Nietzsche fue el combatiente que luchó contra todo aquello que es masa, ausencia de articulación y jerarquía. Él, “en la era del sufragio universal, en la cual cada uno puede apelar al juicio frente a cada uno”, se ha sentido el restaurador de un orden jerárquico. Él hablo de las “terribles consecuencias de la igualdad” diciendo: “Toda nuestra sociología no conoce otro instinto que aquel del rebaño, o sea, de la suma de ceros, en la cual cada cero tiene iguales derechos, y donde es virtuoso ser cero”. Pero Nietzsche ha diferenciado la base biológica del pueblo, proletariado y democracia. 

  • El mismo marxismo, cuya doctrina contemplaba la resolución del problema del proletariado, no ha hecho nunca la pregunta ni ha respondido a ella: ¿Cómo ha surgido el proletariado?
  • Marx dirigió sus objetivos al proletariado por sus vínculos naturales. Como hebreo no tenía patria. Dijo al proletariado que era falsa la afirmación por la cual una tierra y un pueblo habrían constituido una unidad. Lo convenció de que su único bien común fuese el interés económico que unía a los proletarios de todos los países y más allá de los limites estatales o lingüísticos. 
  • Marx prestó atención a la plusvalía solamente como totalidad, para poder decir a la clase proletaria que la fábrica le pertenecía: como si las masas hubiesen inventado las máquinas, construido las fábricas y hecho las empresas. 
  • No entendió cómo el problema residía en el excedente de los hombres respecto al espacio. Vio solamente que éstos buscaban un lugar, una ubicación conectada con la posibilidad de trabajo, y que esta posibilidad de trabajo no era más que su “armada de reserva industrial”. Pero, de hecho, él observaba un estadio tardío del sistema de producción capitalista y lo juzgaba en base a la particular situación de Inglaterra. 
  • Todavía busca afirmarse la palabra de Marx en su poder sobre las masas: “La liberación de la clase trabajadora solo puede ser obra de la misma clase trabajadora”. Pero las masas están en un error. Y más poderosa que estas palabras que intentan seducir, es la realidad que ha sido tergiversada. Aquí el proletariado experimenta en sus propias carnes, que no existen clases oprimidas sino en su conciencia, y que existen naciones oprimidas. ¿No deberá entonces rebelarse el proletariado en conexión con la lucha de liberación que afrontará la nación a la cual él pertenece?
  • Marx pone el acento sobre la exigencia de la clase trabajadora de liberarse en sí misma. No creemos que un pueblo solo pueda liberarse, y ponemos el acento sobre la pregunta: ¿Nunca podrá liberarse la clase trabajadora como tal?
  • El marxismo, con la génesis del proletariado, ha errado en la comprensión de su sociología como de su psicología. 
  • Debemos, si queremos tener una respuesta a aquella pregunta, entender exactamente el aspecto psicológico. ¿Quién es el proletariado de una nación? ¿Qué significa ser proletario?

  • Es proletario aquel que quiere ser proletario.
  • No es la maquina, ni la mecanización del trabajo, ni la dependencia salarial en el ámbito del sistema de producción capitalista lo que hacen al hombre proletario, sino la conciencia proletaria. 
  • El mundo ideológico del proletariado es simple. Esta es su fuerza. Pero este mundo, entre otras cosas, es angosto, inadecuado en sus presupuestos, privado de fundamentos, privado del sentido del crecimiento, privado de una visión estructural y de conjunto. Y en esto está su debilidad, su falta de visión y, en un cierto sentido, su falta de perspectiva. El ostracismo que lo caracteriza le es innato. Originariamente, todos nosotros, en cuanto hombres, hombres primordiales, somos proletarios, sentados desnudos sobre la dura tierra. Pero inmediatamente surge una estructura ordenada, a la cual es preciso adaptarse. Quien no alcanza el desarrollo suficiente para adecuarse a tal sistema permanece en lo bajo, no se eleva, antes se precipita. 
  • Una masa se forma a través de generaciones, y también su formación es una elección. El gran peso de la masa permanece. El proletariado existe siempre. El socialismo es un intento de acelerar este crecimiento en nombre del desarrollo. Pero el proletariado continúa existiendo. Detrás del cuarto estado, todavía en formación pero que rápidamente se convertirá en burgués, urge decidir el quinto y el sexto estado, que quizás no representan a una sola clase sino a una nación entera esclavizada, con banderas de las cuales hoy nadie conoce los colores. El proletariado es para siempre. 
  • Aquel que no quiere ser proletario se distingue del proletario por los valores que produce en sí mismo y que le dan una sensibilidad espiritual más profunda y una perspectiva más amplia. 
  • El proletario concibe el mundo como él lo ve. Pero él está en condiciones de ver solo su mundo proletario, no aquel que existe a su alrededor. El proletario piensa de forma astuta pero en términos breves. No tiene tradición alguna de pensamiento. Piensa de forma ingenua, y puesto que afirma hacer solo aquello que considera justo, cree actuar de forma justa. si pensásemos de forma histórica, entonces sabríamos, desde una profunda experiencia de los hombres, que el ascenso de proletariado ha representado una verdadera desilusión. 
  • El no proletario se separa siempre de la masa proletaria: este es un hombre dotado, un hombre responsable de sí mismo, partícipe de los valores espirituales de una gran nación y que tiene la fuerza para ir más allá de las clases. El proletario no está nunca seguro de que sus hijos y las generaciones sucesivas no sean ya proletarios, no saben si lo querrán ser todavía, desde el momento en el cual sean insertos espiritualmente en un común contexto social. En efecto, una revolución puede acelerar este proceso. En una revolución la voluntad política del proletariado tiende a la violencia, no al poder. Y la violencia actúa de forma eficaz, pero es pasajera. Solo el poder es duradero. Y siempre surge de una revolución el hombre que, siendo proletario y no pensando de forma conservadora, se debe comportar de manera conservadora, en la medida que debe obedecer a la voluntad de la vida. 
  • La revolución ha confundido la literatura con la política. Ha pensado en la enfatización de la paz, de la libertad y la igualdad como si fuesen expresiones políticas. De este error iluminista deriva la ausencia de paz, de libertad e igualdad que caracterizan nuestra vida. Es un error de diletantes. El proletario no tenía tradición política alguna. Su escuela era el partido. Pero el partido no tenía genio alguno. El genio siempre viene producido por el tiempo y la eternidad. 
  • La ley del conservadurismo creativo solamente tiene eficacia para el trabajo político, y toma continuamente forma en su gran y eterno contenido. La revolución ha confundido la literatura con la política. Ha penado en la enfatización de la paz, de la libertad y la igualdad como si fuesen expresiones políticas. De este error ilusionista deriva la ausencia de paz, de libertad e igualdad que caracterizan nuestra vida. Es un error de diletantes. El proletariado no tenía tradición política alguna. Su escuela era el partido. Pero el partido no tenía genio alguno. El genio siempre viene producido por el tiempo y la eternidad. 
  • El conservador no limita su pensamiento a la economía, sino que expande su vida hacia poderosas emociones, a ideas y proyectos, que definen una vida en sentido histórico. Piensa por encima del tiempo, en los acontecimientos eternos de la naturaleza humana, que insertan la vida cotidiana en un largo curso histórico. Pon en relación las enseñanzas legadas por todos los tiempos y todas las partes del mundo con las necesidades vitales de su pueblo, que para él representa el centro natural de la humanidad. Reencuentra en la nación al propio yo como comunidad. Tiene en su esencia todo cuanto pertenece al hombre, su realidad terrena, su voluntad vital y sus finalidades. Habrá liberación para el proletariado cuando eleve su pensamiento por encima de la economía, y cuando busque construir este mundo proletario en el interior de un mundo histórico. Todo dolor humano expresa nobleza. Solo el dolor proletario no ennoblece. La impotencia no puede ser nobleza. Y es impotente aquel que piensa solo en términos económicos y no comprende la realidad espiritual. 

  • Quien abandona el pensamiento proletario deja de ser proletario.

  • Siempre es posible que a una primera revolución siga una segunda: en la socialdemócrata, en la comunista, en la parlamentaria, en la terrorista, en la estatal-política, en la mundial-revolucionaria. Pero la segunda revolución provocará un surgimiento todavía más rápido de un contra movimiento conservador, que representará, como unión de los pueblos de Europa, la única posibilidad de vida tanto para los individuo como para los pueblos.
  • El conservador es aquel que no reniega de nada, mientras todo es negado, que sabe mantenerse todavía íntegro mientras todos vacilan. 
  • Es reaccionario buscar una vía de escape político allí donde ha habido un fin histórico.
  • Es conservador ver continuamente un comienzo.

  • El comunismo alemán ha admirado siempre, y solamente, al ejemplo ruso, pero nunca ha ofrecido un ejemplo alemán.
  • ¡El comunismo ha hecho de la revolución mundial solo una política de partido y en esto ha naufragado!
  • Es cruel quitar a los hombres toda esperanza. Pero aquí debe ser cortada una esperanza que conduce a la locura y la ruina. No existe ningún Reich milenario. Existe solo, y siempre, el Reich de la realidad de una nación hecha en su propia tierra. 
  • Hoy, los trabajadores ven las cosas desde un solo punto de vista. No ven que todo cuanto acontece concierne a todo el pueblo. Se sienten como una nueva clase social. Entran por primera vez en nuestra historia y piensan que pueden no tener en cuenta esta historia, ellos que hasta ahora no habían tenido ninguna participación en la misma. Han creído ser llamados por la propia fuerza a dar inicio a la historia actual, y que habrá un futuro totalmente desvinculado del pasado. Pero ya han experimentado en este presente que no se podía alcanzar un objetivo prefijado sin la posesión de aquellos valores que han constituido la constante de aquellos compatriotas que han edificado nuestra historia. Tampoco la clase obrera alemana cae fuera de la historia alemana, sino que adquiere significado solamente cuando participa con conciencia. Y esta conciencia la podrá recibir solo cuando retome la posesión de los valores propios compartiéndolos con sus conciudadanos, así como comparte la lengua y la historia. ¡Siempre hemos perdido en esta historia cuando nos hemos dividido!

  • El comunismo sabe ahora que la paz eterna sobre la tierra debe ser conquistada mediante la lucha. Sabe que renunciar a las masas significa renunciar a la victoria. 
  • La catástrofe que vivimos tiene su motivo más allá de Marx y de Nietzsche. La catástrofe va más allá del individualismo, herencia final y agotada, fenómeno de la época liberal provisto de fuerza aparente, expresión de una fase de renuncia y de transición. El futuro no pertenece a las problemáticas más allá de las personas de carácter.


Capítulo VI

Reaccionario

La política se deja conducir de forma retroactiva



  • El conservador vive en la conciencia de la eternidad, por encima de toda temporalidad. Pero al mismo tiempo ve el presente abierto hacia el futuro. 
  • Reaccionario es quien confunde política  e historia y querría que la historia fuese hacia atrás.