La ética del samurái en el Japón moderno, Yukio Mishima

La ética del samurái en el Japón moderno, Yukio Mishima
(Las frases de Yamamoto Jocho van entrecomilladas)


- La juventud tiene dos grandes compañeros: los amigos y los libros. 

- La mayor diferencia entre los libros y los amigos reside en que estos últimos cambian, pero los libros no.

- “La persona tiene que ser excéntrica. En el pasado, la mayor parte de los samuráis lo eran. Su excentricidad los llevaba a actos de arrojo y valor.”

- El arte envejece y muere cuando queda cómodamente limitado en el recinto del arte en sí. En este sentido, va contra mis principios considerar como algo supremo sólo el arte. Éste, en efecto, si no respira continuamente el oxígeno que está fuera de sus límites, se agota enseguida. El arte, como la literatura, para vivir necesita sacar alimento y material de cosas llenas de vida. Porque la vida es la madre de la literatura y, al mismo tiempo, su gran enemiga; sí, una vida que se esconde en el corazón del artista y que, simultáneamente, es la perpetua antítesis del arte. Yo, desde hacía muchos años, había descubierto una filosofía de la vida en las páginas de Hagakure y, por eso, creía que este mundo claro y refrescante era un elemento que amenazaba y enturbiaba el mundo de la literatura.

- La economía se ha recuperado; reina la paz,; la juventud bosteza.

- Hoy en día, si uno va a una cafetería con música de jazz y habla con adolescentes y veinteañeros, el tema que domina de principio a fin en sus conversaciones no es otro que la ropa y los complementos del vestido. Voy a contar lo que me pasó a mi. Una vez que entré en uno de esos locales, nada más sentarme, me abordó un chico que estaba sentado en la mesa de al lado y me soltó esta sarta de preguntas: “Sus zapatos son medida, verdad, en qué zapatería los encargó?”, “y los gemelos de su camisa, ¿dónde los compró?”, “¿dónde consiguió la tela del traje que lleva?”, “¿cómo se llama el sastre?”.

- Se habla mucho de lo afeminados que se han vuelto los hombres hoy, resultado, parece ser, de la creciente democratización a la americana que se observa en la sociedad japonesa y de la difusión de nociones como “las señoras, primero” y cosas así. Pero este fenómeno no es nuevo: viene de antes.

- “La chispa del idealismo que brillaba en los ojos de los jóvenes se ha apagado y ahora sólo puede verse un pálido reflejo en esa ‘mirada furtiva de ladronzuelo’. Son, en definitiva, jóvenes que sólo buscan el provecho propio y que están prisioneros de las pequeñeces de la vida cotidiana.”

- En nuestros días, paralelamente, se considera héroe a un jugador de beisbol y a una estrella de la televisión. Cualquier individuo que se especializa en una habilidad que gusta al gran público se convierte en títere de su técnica y encarna los valores de una época. En este sentido no hay diferencia entre técnicos y gente famosa. 

Vivimos en una época de tecnócratas que, al mismo tiempo, es la época de gente con algún talento. La persona con una habilidad extraordinaria enseguida cosecha aplausos entusiastas de la sociedad. A la vez, la gente está bajando el listón de los objetivos de la vida: se trata sólo de llamar la atención al máximo o de parecer muy importante. Se cae en la mera función de pieza de un engranaje o de número de una función. 

- Es difícil vivir y morir bellamente. También lo es vivir y morir con extrema fealdad. Es algo innato a la naturaleza humana. 

- Aquellas personas que intentan vivir y morir bellamente, en realidad están eligiendo una muerte fea, mientras que los que se deciden por una vida y una muerte feas están escogiendo una vida bella. 

- El amor verdadero es aquel que se guarda en secreto, un secreto que se lleva hasta la tumba. 

- Las artes amatorias al estilo americano se basan en declarar el amor, en exigir, en conseguir. La energía generada por el sentimiento amoroso nunca se deja que se acumule en el interior, sino que se expulsa hacia fuera, siempre al exterior. Lo paradójico es que, una vez que el amor se disipa al exterior, el voltaje del amor disminuye. Los jóvenes de hoy gozan de oportunidades de enamorarse y de mantener encuentros sexuales que a las generaciones pasadas les parecerían increíbles. Pero a la vez, lo que se oculta en el fondo de las entrañas de todos esos jóvenes es la muerte del amor. Si el amor nacido en el corazón sigue un camino recto que repite una y otra vez el proceso de lograr su propósito y de dejar de existir en ese momento, entonces surgirá el debilitamiento de la capacidad de amar y la muerte de la pasión, dos fenómenos peculiares de nuestros tiempos. Quizá éste sea el motivo de por qué los jóvenes actuales sufren tantas contradicciones en asuntos amorosos. 

- Nuestra época está dominada por el valor de que lo importante es vivir mucho tiempo. 

- En los países nórdicos, el número de suicidios entre personas mayores es anormalmente elevado. La causa es que no hay necesidad de trabajar ni razón para inquietarse por cómo mantenerse después de la jubilación. Simplemente, a la gente se le ordena que descanse, y esto causa un tedio infinito y una desesperación angustiosa. 

- Cuando se discute el rumbo que debe seguir la sociedad moderna, la gente propone o el ideal del Estado socialista, o el del Estado del bienestar. Uno de los dos. En el extremo de la libertad que garantiza el Estado del bienestar hay aburrimiento;  y, por supuesto, en el extremo del socialista hay represión de la libertad. Aunque el ser humano avanza gradualmente hacia la realización de grandes conquistas sociales, cuando está a punto de lograrlo es invadido por el tedio. Por otro lado, en su subconsciente oculta impulsos  ciegos y profundos. Son manifestaciones dinámicas que nada tienen que ver con sus ideas sociales para el futuro y que expresan las contradicciones de la vida. Por lo que atañe a los jóvenes, esos impulsos se manifiestan de forma directa y radical. Se muestran en la competencia, en el dramatismo de la rivalidad. La juventud posee tanto el impulso de la rebeldía como el de la sumisión. 

- En esta era de la democracia, la consigna es vivir todo el tiempo posible. 

- La vida y la muerte. Una cuestión que no podemos rehuir en nuestra vida cotidiana. La sociedad moderna olvida constantemente el significado de la muerte. ¿Lo olvida? No, realmente no lo olvida. Lo que pasa es que evita enfrentarlo. 

- No nos gusta pensar en la muerte. No nos agrada sacar de la muerte el beneficio de su lección, y así poder aprovecharnos. Por el contrario, siempre nos esforzamos por fijarnos objetivos alegres, positivos, vitales. Hacemos todo lo posible por no hablar del poder con que la muerte poco a poco va carcomiendo nuestras vidas. Esta actitud pone en evidencia el proceso por el cual apartamos el tema de la muerte de la superficie de la conciencia y lo encerramos en la mazmorra más lúgubre y profunda del subconsciente. Con este comportamiento represivo, a la vez que convertimos el impulso de la muerte en un instinto peligroso y explosivo, nuestra ideología racional y humanista dirige el foco de su atención a la libertad alegre, al progreso. Ignoramos el hecho de que sacar la muerte del nivel de la conciencia es un elemento importante para tener salud mental.

- Pensar en la muerte a diario es como pensar en la vida todos los días. Hay que reconocer que cuando hacemos nuestro trabajo pensando en que vamos a morir hoy, el trabajo se pone de repente a irradiar luces vivas: se vuelve radiante. 

- El amor por la mujer o por un jovencito, cuando es inocente y casto, no se diferencia en nada de la fidelidad al señor. 

- Los cimientos de la filosofía del amor de Hagakure descansan en esta idea. Su autor cita como ejemplo el amor homosexual, que en su tiempo se consideraba un sentimiento más elevado y espiritual que el heterosexual, y concluye que la forma más intensa y verdadera de amar que tiene el ser humano evoluciona a fidelidad y devoción por el señor. 

- “La vida humana solo dura un instante. Hay que pasarla haciendo lo que a uno le gusta. En este mundo flotante es estúpido dedicarse a algo que uno aborrece y sufrir por ello. Naturalmente, esta verdad es un secreto que no he podido revelar a los jóvenes porque, si la interpretan mal, se verían perjudicados.”

- El tiempo cambia al hombre, lo hace voluble y oportunista, lo corrompe o lo mejora. Pero si el ser humano siempre tiene delante la muerte y siente que solamente existe vida en cada momento que vamos viviendo, entonces comprende que no hay que respetar tanto el paso del tiempo. 

- Morir por enfermedad es un desenlace natural y, como tal, es un hecho sujeto a las leyes de la naturaleza. En cambio, la muerte voluntaria es un privilegio de la libertad individual. 

- Aconsejar es gratis. Nos puede costar mucho prestar cien yenes, pero a nadie le importa dar un consejo, como tampoco a nadie le importa dar un vaso de agua. Los consejos casi  nunca sirven como aceite eficaz para lubricar las relaciones entre personas. Al contrario: casi siempre acaban incomodando a la gente, desaniman y, con frecuencia, despiertan resentimientos. Yamamoto lo sabía muy bien. No nos vendrá mal considerar atentamente la sensibilidad y delicadeza con que recomienda tener ese difícil tacto necesario a la hora de corregir a los demás. es una demostración perspicaz y realista de su conocimiento de la psicología humana. Yamamoto no pertenece ni por asomo a ese grupo de personas optimistas (y, frecuentemente, las más ignorantes de la naturaleza humana) a quienes les encanta sermonear al prójimo. 

- “Cuando se visita a alguien que ha sufrido un contratiempo, es sumamente importante cualquier palabra de aliento que se le diga, pues tal expresión traducirá los sentimientos del corazón. Un samurái jamás debe mostrarse abatido. Por el contrario, ha de aparecer siempre animado, como si estuviera a punto de lanzarse valientemente al campo de batalla para vencer a cualquier enemigo. Si no puede mostrarse así, no vale para nada. Con tal actitud y semblante hay que animar a cualquier amigo que se encuentre en horas bajas.”

- Hoy en día se puede ver por todas partes cómo las madres miman a sus hijos de forma absurda, se alían con éstos en contra del padre contribuyendo así a la mala relación entre éste y su hijo. Especialmente en esta época nuestra en que hay una crisis de la autoridad paterna, no deja de aumentar el número de hijos mimados y consentidos, surgiendo eso que en Estados Unidos se llama “el tipo de madre dominante”. El padre ha quedado aislado. Aquella pedagogía estricta practicada por los antiguos samuráis y que se transmití de padres a hijos ha quedado abandonada, como han sido abandonadas otras transmisiones de modo que a día de hoy la figura paterna ha quedado reducida a la de una máquina que sólo sirve para traer un sueldo a casa. Ya no hay lazos espirituales entre él y sus hijos. El afeminamiento de los hombres de hoy es un tema de crítica actual. De forma paralela, aumenta de forma alarmante el debilitamiento de la figura paterna. 

- “Un samurái jamás debe quejarse. Ha de permanecer vigilante para que nunca salga de su boca una palabra de debilidad. En la palabra más insignificante pronunciada sin querer se puede revelar su verdadera intención.”

- “La persona con fama por dominar una determinada técnica o arte es un tonto. Ha demostrado ser idiota por concentrar toda su energía en una sola cosa descuidando pensar en otras. Alguien así no vale para nada. 

- Los jóvenes que al principio aceptaban de mala gana ser educados por la generación de más edad, cuando se hacen mayores y pueden aleccionar a la generación siguiente, ya no tienen oportunidad de, a su vez, recibir formación de personas de más edad que ellos. De esa manera, se inicia un estancamiento espiritual: se produce una especie de arteriosclerosis que da como resultado inevitable el infarto de toda la sociedad. 

- “Si respetas a los demás, te abstienes de enfrentamientos, te comportas educada y modestamente, y eres considerado en los pequeños detalles con las personas que te rodean, aunque te cueste sacrificios, cada encuentro con los demás será como el primero y nunca te llevarás mal con nadie.”

- Hoy el amor se ha convertido en un asunto de pigmeos. La estatura del amor ha menguado y cuando más se divulga más empequeñece. 

- Egotismo es diferente de egoísmo. Si un hombre siente en su corazón verdadero amor propio y se respeta a sí mismo, no le importará lo que los demás hagan o digan de él. Se abstendrá de hablar mal o bien de los demás. Un hombre así, con este temple orgullosamente independiente, es el ideal de Hagukure. 

“Está mal andar hablando de los demás. Tampoco queda bien hacer elogios. Un samurái debe conocerse bien a sí mismo, entregarse a su propio entrenamiento y mantener la boca cerrada.”

- Esta época nuestra produce estereotipos de hombres amables y simpáticos, personas que caen bien a todo el mundo, de mente acomodaticia y conciliadora, pero con un corazón lleno de frío egoísmo. En Hagakure a hombres así se los llama afeminados. La belleza que predica este libro no es una belleza para atraer el cariño de todo el mundo. Es la belleza de la fortaleza, de la forma externa, del orgullo indómito. Cuando se pretende cultivar una belleza para ser amada por los demás, se incurre en el afeminamiento. Eso es cosmética del alma. Las páginas de Hagakure están llenas de un odio visceral a esta cosmética espiritual. En nuestra época tenemos la costumbre de envolver una medicina amarga en sabores dulces para hacerla así agradable al paladar y fácil de masticar o tragar. En este asunto, la necesidad de ir a contracorriente es tan evidente ahora como en los tiempos de Yamamoto. 

- “Por regla general, no hay que ir adonde a uno no lo inviten. Amigos de verdad hay muy pocos. Hasta cuando a uno lo invitan, la visita suele causar frustración.”

- Una vez que el ser humano satisface todas sus exigencias, resta sólo la muerte como el único deseo insatisfecho. 

- Si, la juventud siente un ansia ideal por la muerte. Por su parte, a las personas que han llegado a una edad mediana las invade, cuanto más edad tienen, el miedo a contraer un cáncer. Y este conocer es un asesino cuya crueldad resulta superior a la de cualquier autoridad política.