El hombre político, Arthur Moeller van den Bruck




- El ser humano desprecia por naturaleza la política, como los problemas, y sobre todo el dinero, de la economía y todos aquellos componentes, añadidos con disgusto, pero que todavía pertenecen a la necesidad vital de una nación. El hombre, el tipo de hombre que aquí presentamos, no se preocupa de estas cosas.

- La historia en su integridad, en estrecha conexión con la política conducida por los hombres de gobierno de un país, va más allá de la vida de los individuos. Los hombres políticos nacen en este contexto. ellos entran en un ámbito de experiencias políticas que llegan a ellos de siglos pasados. Ellos heredan estas experiencias de hombres, de pueblos, de problemas políticos que ellos resuelven con la capacidad de actuar en su tiempo y terminar su función. Por tanto, la política se vuelve Tradición. 

- Hay un Bismarck doble. Hay un segundo Bismarck, el Bismarck posterior a 1872, que no comprendía el sentido de su propia obra: el sentido europeo de la obra alemana. La verdadera fuerza fue la del primer Bismarck, el Bismarck anterior a 1872, el que se había mantenido allá en los cuarenta, de los ideologismos políticos, del nacionalismo democrático. Aquello que no pudo el entusiasmo lo pudo su sentido de la realidad. Allí donde los ideólogos debieron desistir él nos llevó hacia la Realpolitik

- La juventud no es un problema de edad. La juventud es una forma de entrega. La juventud quiere hacer mejor las cosas. La juventud es desconfianza frente a todo aquello que encuentra y que entiende que ha estado mal hecho. La generación de 1919 retoma el trabajo que ha sido errado en 1872. Las generaciones viven siempre en relación recíproca. Como la generación de 1872 continuó viviendo en la de 1888, así ahora los outsider de la generación de 1888 chocan con la generación de 1919. Ella recuerda la afirmación de Nietzsche según la cual los alemanes no han tenido todavía un “hoy”. Con ello el filósofo fue a la raíz del problema. 

- Nosotros hemos necesitado de una juventud que construya, no de aquella que destruye. 

- Un pueblo no está nunca perdido si comprende el sentido de su derrota. Pero los hombres que poseen tal comprensión no los encontramos allí donde el pensamiento permanece como inmovilizado. Los podremos encontrar, al contrario, allí donde se afirma un pensamiento totalmente nuevo. 

- Desde Versalles los alemanes de la frontera asentados a lo largo del Saar, del Rhin, llegando del Vístula hasta más allá de los confines, son invadidos por un áspero rencor, debido al contacto diario con el enemigo que ahora se encuentra dentro de los confines del Reich y que no es un simple ser humano, y como tal sensible y conciliador sino un francés, un belga o un polaco. Así el amargo grito tiene una motivación todavía más amarga: ¡Toda Alemania debería haber sido ocupada para que la nación comprendiese de una vez por todas qué le había ocurrido!

- Mientras que el alemán en la patria no querría admitir que la guerra mundial, para nuestros múltiples opositores, fue consecuencia de problemas económicos o de sentimientos anti-alemanes sobre la base de una política de potencia, el alemán de más allá de nuestros confines ha visto cómo todo aquello fue conscientemente preparado. Mientras el alemán habitante de la propia tierra hoy reniega de las motivaciones que condujeron a la guerra.

- El alemán del extranjero sabe quiénes son los culpables por haberlos observado y conocido. 

- La guerra ha producido un alemán mejor, un alemán consciente: el alemán político, el 
único alemán que saber que el mundo de fuera es diferente de como lo había concebido. 
- El verdadero alemán que vive en el exterior no ha negado nunca la germanizad, siempre la ha reconocido. Sobre todo nunca ha compartido la francofilia de los intelectuales. Él conocía a los franceses como a los portugueses. Ve que estos pueblos no están a la altura de desarrollo de aquellos con los que les tocó competir para poder ser considerados verdaderamente colonizadores. Bien diferente era la situación de los ingleses. El inglés entró en competición con el alemán. Llegó a ser su antagonista. El alemán asumió de esto la gran práctica derivada de la vida de Ultramar. Pero lo hizo con el cuidado de darle una forma específicamente alemana, transformando la actitud del gentleman inglés en la propia del “hombre de mundo" alemán. En los latinos, el alemán había reconocido a los herederos de una pasada época colonial, demasiado decías para ser todavía conquistadores. En los anglosajones reconoció, por el contrario, a los representantes sobrevivimos de la época colonial, que llevaron ala idea, la experiencia y la capacidad del conquistador y estructurados moderno. 

- En el alemán emigrado convivían tradición idealista y la militar. Con él se estaba preparando un nuevo tipo de emigrado europeo, al cual se le podía dar crédito en aquello que él mismo creyó que podía hacer: produciendo una nueva época colonial diferente a la de los ingleses. 

- La paz de Versalles caza a los alemanes de aquellas tierras que creyeron que habían sido adquiridas definitivamente por la madre patria. Interrumpe además todas aquellas vías de explotación en el mundo, en las cuales los alemanes estaban interesados, y destruye el comercio moderno, el tráfico moderno. 

- El alemán continental no comprende todavía la guerra mundial. El alemán en el exterior la comprende. Ha sido una alemán del exterior el que ha pronunciado la palabra “guerra comprendida”, y todavía hoy es el único alemán en comprender, por experiencia propia, que la guerra ha sido una contraposición entre pueblos viejos y jóvenes, en la cual los pueblos viejos han vencido una vez más. El pensamiento de los pueblos jóvenes era el pensamiento que animaba a los alemanes que vivían en el exterior. En esto reside una particular tragicidad. 

- No seremos más alemanes en el exterior. Pero quizás la historia tenga preparada una venganza tardía. La guerra mundial ha dividido nuevamente la tierra. Pero vendrá el tiempo en el cual las partes del mundo pertenecerán a sí mismas. Y habrá sido la Guerra Mundial la que habrá producido estas transformaciones. En Oriente, China, India o Egipto quiero liberarse de la dependencia de Europa. Los dominios australianos serán un día australianos, o americanos más que ingleses. En Sudáfrica, hace poco que se han convertido en Boer. Cuando todos estos destinos se ejecuten, los alemanes en el exterior no serán más los hijos de aquellos europeos afanosos en la defensa de las últimas posesiones coloniales. El “fin de la época colonial” no les importan a los alemanes en otros países. Ellos, ya no están por la labor.


- Tanto Lutero como Von Hutten fueron las figuras decisivas para la formación de nuestra conciencia: tanto la Reforma como el Humanismo definieron el carácter nacional alemán y en términos políticos al nacionalismo. 

- Izquierda y derecha son palabras que han perdido todo su sentido ante la totalidad. Y quien ahora busca una vía a través de la cual acordarse, no ha hecho otra cosa que elaborar zonas comunes que quieren decir todo y no quieren decir nada. La totalidad se plantea solo para quien es capaz de ver en perspectiva: para quien toma distancia, para quien tiene una visión de conjunto, estos son los “outsider”.
El partido es mutable. Los partidos solamente ven su propia facción. Los partidos se interponen entre nosotros y la totalidad. Los partidos son una superestructura. Poco a poco los partidos han ido atando a las masas de modo que éstas han acabado por identificarse con la totalidad. Los partidos mismos son identificados con la totalidad. La totalidad misma ha sido partidocratizada. 

- Fue necesaria la acción de Bismarck, el outsider por excelencia, que con la voluntad debió doblegar la historia y que eligió la vía prusiana como la más directa para la edificación del Reich alemán. 

- El otro gran outsider, Nietzsche, al cual consideramos al último gran alemán de todos los tiempos, se dirigió contra este “bien pensar” alemán, se dirigió contra Alemania como Reich, contra el espíritu alemán, que él buscaba y que no encontraba más. La violencia que caracterizaba sus reacciones era el síntoma de una profunda insatisfacción hacía sí mismo, que se infundía en la secreta conciencia de que la nación y constituía la contrapartida de aquella profunda alegría que animaba su vida. 

- Los outsider son el punto avanzado, quizás también la superación de determinadas exigencias en determinadas direcciones. Pero ellos, con sus propios conocimientos son innovadores, dan estabilidad a su capacidad de decisión y coherencia al pensamiento. Son portadores, son anunciadores, son representantes de grandes visiones. Y justo en esto reside la garantía de una gran universalidad. 

- Marx ya reprimió la personalidad desde el momento que la sacrificó al principio de la clase social. El marxismo se quedó siempre con la respuesta culpable ante la pregunta sobre quienes fueron las fuerzas operantes sobre las fuerzas inactivas. La concepción histórica materialista, que pretende aclarar la historia a través de las clases, ha llegado a ser la peor educadora de la historia. El mal alcanzó su culminación cuando ante Marx se presentó Darwin. Se creyó entonces tener la prueba del hecho de que el desarrollo lo fuese todo, y el ser humano nada. Pero de aquello derivó solamente la fatal correlación entre el exiguo valor que el socialismo atribuye a la historia y el nivel de sus representantes. Faltaban los socialistas de mentalidad superior y más previsiones. De otro modo, el socialismo, como partido político no habría cometido tantos errores en el ámbito político-económico más allá de la dirección de la política mundial. 

- El socialismo ha negado también la concepción heroica de la historia, concepción en base a la cual sabemos que una crisis encuentra siempre a su hombre. 

- Hasta Hindenburg, que siempre permanecerá como el comandante en campo de la Guerra Mundial, no pudo impedir que la venciésemos sobre el campo de batalla pero que la perdiésemos en la mesa de negociaciones - o que la mesa de negociaciones no recibiese todo cuanto habíamos conquistado en la guerra. Faltaba una preparación política. Cuando Ludendorff buscó, durante la guerra, recuperar todo aquello que antes de la misma se había perdido, era ya demasiado tarde. Él mismo no estaba preparado para afrontar aquellos problemas que quería resolver. Su justificación tenía todavía carácter heroico. y cada vez que se piensa en Ludendorff se necesitan recordar las palabras de Nietzsche: “ Se debe rendir honor al fracaso, justamente porque ha sido tal - esto pertenece a mi moral.” Pero también la voluntad de la gran figura puede imponerse si coincide con la voluntad de los hombres implicados en la acción. 

- Marx se perdió en la idea del desarrollo; creía en el progreso. Pero, en efecto, la realidad no tiene un carácter progresivo, está caracterizada por momentos singulares de particular significado y valor. Y estos momentos no son producto d una masa homogénea, sino del individuo, de su carácter único e irrepetible. 

- Recibimos la democracia con la promesa de que todos los hombres dignos deberían tener la oportunidad de acceder a los altos cargos. Pero la democracia constituye, de hecho, solamente una cobertura a la mediocridad. Un demócrata no es nunca un hombre. Un demócrata es un demócrata. La revolución produce la república capitalista. 

- La necesidad por si misma no produce nada. La mediocridad, también la más mezquina, acaba siempre por encontrar su propio espacio. La mediocridad se afirma allí donde una nación gradualmente se apaga. El pueblo percibe hoy el engaño del que debería convertirse en víctima. éste  no tiene confianza en una democracia que, en nombre del pueblo, determina el ocaso de una nación. No tiene más confianza en la unión como medio de salvación, pero espera la intervención de cualquier elemento extraño, de una fuerza superior. 

- No basta con votar para obtener la salvación. Sería verdaderamente fácil si bastase con introducir una papeleta en una urna para alcanzar una vida satisfactoria. Por el contrario no se logra salir fuera de esta situación de crisis, de la cual ha nacido la revolución, y que no se quiere resolver porque no hay nadie capacitado para hacerlo. 

- Los grandes estadistas son aquellos que saben mantener bajo su poder en cada momento la realidad política de su propio pueblo. 

- List pensó de forma futurista, mientras que Bismarck lo hizo de manera histórica. List fue en realidad el primer futurista. 

- En la vida de los pueblos la política siempre es anterior, la economía viene después. La política, si se sigue el camino justo, viene realizada siempre por la política. 

- Nietzsche no rechazó nunca el militarismo como medio político para la causa alemana, a pesar de ser contrario por su naturaleza filosófica y personal. 

- El socialismo propugnado entre la clase trabajadora alemana se alimentó de un ingenuo pacifismo e internacionalismo, cosa que todavía hoy sucede. Pero también aquel estado fuerte que representó la nación ante el mundo, vivió del autoengaño exclusivamente alemán. No estuvimos a la altura de los acontecimientos, y tampoco pudimos aprender aquello que nos enseñaba nuestra historia y utilizar tales enseñanzas mientras pudimos. 

- Cuando la guerra irrumpió arrasando a todos los pueblos en su drama, nos encontramos, y no por primera vez, en una situación de legítima defensa. Nuestros padres no habían tenido en cuenta el hecho de que ocupábamos una región rodeada de otros pueblos que esperaba solamente el momento propicio para unirse y aniquilarnos. En consecuencia, nunca habíamos pensado como afrontar esta situación crítica. De modo que en situación de legítima defensa combatieron al límite, capacitados de tal modo para liberar a nuestra patria. Pero ahora hemos perdido de nuevo la libertad, ahora como hace 100 años, la policía francesa controla las ciudades alemanas, y nosotros, en memoria de la experiencia pasada, no nos hemos opuesto. 

- Renegamos de la idea de Káiser. Renunciamos a la bandera del Reich. Fundamos una democracia que nos mantiene en un estado de impotencia, que tiene mutilado a nuestro Reich, haciéndonos un pueblo mutilado y encadenado. 

- En su desorientación el pueblo distrae su mirada del presente y de los hombres del presente. No confía más en estos hombres. No se espera nada más de ellos. Los jóvenes piensan en el futuro como es su derecho. Pero el pueblo, el pueblo siempre apolítico, que a través de la revolución es sólo un pueblo desilusionado, piensa necesariamente de forma histórica, no utópica. Aquello que ha acontecido es su única certeza. De aquello que está por acontecer no tiene idea alguna. Y vuelve así su mirada al pasado: A un momento en que en Alemania había hombres que sabían manejar bien aquello que nosotros habíamos gestionado mal - hombres políticos que sabían tratar la batería política- mientras que para nosotros, debemos decirlo, desde hace cerca de cincuenta años las cosas no funcionan. 
Ahora nos preguntamos: ¿Qué ha pasado? La mirada del pueblo busca una figura que se muestre como modelo y símbolo de fuerza, figuras que faltan al hombre actual. Al unísono, sin un acuerdo previo en la elección de su héroe, su  mirada ha caído sobre el gran rey que triunfó en la guerra de los siete años: Federico. 



- La única certeza que tenemos es la gran capacidad bélica de nuestro pueblo. Un pueblo debe tener la fuerza necesaria para sobrevivir a su propio desastre. Sabemos que esto es posible. En la catástrofe hemos comprobado que somos un pueblo que ha construido su historia contra sí mismo ¿Será siempre así? Esta es la pregunta emblemática. 

- Los jóvenes saben porque Alemania ha perdido la guerra. El pueblo alemán ha sido el único que ha entrado en guerra sin una preparación espiritual. La guerra no se ha podido vencer porque la nación ha sido puesta ante la guerra sin ninguna conciencia política; porque el proletario no ha comprendido su función social, mientras que el proletario de las naciones enemigas tenía bien asimilado su rol en el ámbito de la nación. ¡Una nación superpoblada debería vencer la guerra si quería vivir! Ahora ésta se encuentra ante el largo, difícil y doloroso hecho de haber perdido el sentido de aquel gran desarrollo afirmado por la última generación. Y ello depende del hecho de que nos constituimos todavía una nación: por lo tanto, si queremos tener un lugar entre las naciones, debemos llegar a ser una nación. 

- Sólo cuando se eliminen los partidos podremos ser una nación. Y será posible, será un deber hacer que los jóvenes  se alejen de los partidos. Con su desafección, el crecimiento de los partidos se detendrá de golpe. Por lo que se percibe observando a los jóvenes, ese momento llegará pronto. El pueblo le seguirá. Por un lado, los viejos intereses particulares y, por otro, Alemania. El camino ya se ha sido abierto. 

- Privada de verdaderas ideas, la derecha se contenta con el puro pathos de la tradición a través de ideas conservadoras que no tienen nada de positivas reduciéndose a un conjunto de lugares comunes. 

En cambio, en la izquierda reinan todavía ideas utópicas. 

- Los jóvenes de derecha consideran que se puede realizar esa comunidad a través del “corporativismo”, mediante una “ideología de cuerpo comunitario”, según la definición dada por Max Hildebert Boehm. Por el contrario, los jóvenes de izquierda, razonan de forma científica, bajo la engañosa ilusión de que ocuparse de lo social significa ocuparse de cualquier cosa espiritual. En esto es además significativo como la derecha haya mantenido una relación con la Tradición que la izquierda no posee. 
Los jóvenes de derecha están hoy preparados para renegar de los últimos cincuenta años de la historia alemana, pero no de los siglos y milenios en los cuales se formó el principio germánico, del que todavía hoy nos alimentamos y que es parte viva de la historia alemana. 
Por el contrario, la juventud de izquierda tiene como experiencia los últimos cincuenta años de historia alemana: a pesar de que tal experiencia sea de partido y tenga un carácter internacional puede valer como experiencia concreta alemana. La diferencia entre los dos grupos llega a ser clara cuando los jóvenes de la derecha, buscando ir más allá del parlamentarismo, querían repetir una fase natural de la vida alemana, aquella sociedad de clases organizada en corporaciones, igual que en la Tradición medieval. 

- Esta juventud que piensa de manera utópica se contrapone a aquella que piensa de forma policial, porque ésta última razona de forma histórica. Utopía significa negar la historia. 

- La idea de los pueblos jóvenes constituye el principio que permitirá la redención de las naciones ganadoras. 

- ¿No hay pueblos que de forma inmediata han decaído definitivamente? ¿Y tal vez no se auto-aniquilaron en el momento en el que el “pueblo” tomó ventaja sobre la nación?

- Hoy vivimos en la peor de las democracias: en la democracia del individualismo. 


- Si el socialismo quiere llevar a cabo aquello que promete, lo cual significa una nueva fase, una nueva época de la humanidad, un Tercer Reich, su primer acto espiritual debe ser disociarse de la filosofía de la digestión que llevamos aprendiendo durante un siglo bajo el nombre del materialismo histórico. 

- El socialismo ha llegado a ser una voluntad en sí, por la cual es política y no religión, y la fe que lo anima no es una fe que se anuncia a los hombres, pero liga al hombre a sí mismo, no es una fe cósmica, sino una fe planetaria. 

- ¡Queremos librarnos finalmente de la economía! Necesitamos pensar en una economía del pueblo que no sea fundado sobre la pura economía, sino sobre el hombre. 

- También nosotros en cuanto alemanes somos occidentales, al menos por una parte de nuestro carácter, y no solo porque, como estado, estemos situados en Occidente, sino también porque algunos problemas del mundo occidental, así como algunos de sus ideales, nos pertenecen.