Últimas palabras de Yukio Mishima


Takashi Furubayashi - Hideo Kobayashi
Alianza Literaria 









(A este Dalí a la japonesa lo privaron del Nobel su juventud, sus excentricidades y sus opiniones políticas ultranacionalistas).

- Siempre habrá alguien dispuesto a ayudar a los débiles. Es decir, a la debilidad hay que dejarla tal como está. Más bien, se puede afirmar que actualmente vivimos en una época en la cual es la fuerza la que es maltratada. Sí: debido a los denuestos que en nuestros días merece la fuerza, se desprecia la ética de los que aspiran a ser fuertes. Por eso no puedo pensar en otra cosa que no sea el renacimiento de la fuerza. Por muy cabeza dura que me consideren, no dejaré de afirmar que mi misión en esta vida es el renacimiento de la fuerza.

- Estoy harto de escuchar la idea, moneda corriente de la posguerra a esta parte, de que el terrorismo está mal y ha matado a la gente. En la Revolución Rusa y también en la francesa mataron a todos los nobles. Si a los revolucionarios les hubieran preguntado: “¡Eh, vosotros! ¿Es que no se os ha ocurrido pensar en todo lo que sufrió María Antonieta cuando la mataron?”, ¿se habría detenido la corriente revolucionaria? Por mi parte, si yo pudiera ayudar al débil, lo haría. ¿Sabe usted por qué admiro a los oficiales que se alzaron en el incidente del “dos-dos-seis”? Pues porque no derramaron la sangre de ninguna mujer ni de ningún niño. Creo que fue estupendo. Es sucio matar a mujeres o a niños. En las guerras de ahora, como esta de Vietnam, se mata indiscriminadamente, sin importar que se trate de mujeres o niños. Es sucio; y yo odio la suciedad. Pero cuando hablamos de un acto bello, aunque sea terrorista, yo lo apruebo. El ser humano tiene que ser fuerte. 

- Como detesto todo lo que no es puro, no desearía recibir ningún sueldo del Partido Liberal Demócrata. Si recibiera algo de dinero de ellos, de los políticos, todo lo que quiero decir se iría a la ruina. Dicho claramente: en este momento y soy un ser antipolítico. Todo lo que quiero hacer ahora es un movimiento por la justicia. Y digo esto sabiendo que tal vez alguien se ría. Mi objetivo es promover la justicia en el mundo actual. 
- No me interesan los movimientos de orden espiritual, pero me parece que el llamado ser humano no tiene otra salida que vivir de acuerdo con lo que ha elegido y mantenerse fiel a su voluntad. Si, como resultado, así se alcanza una revolución social, creo que es suficiente. Lo que no me gusta es que sean otros quienes me impongan su justicia de librea. 

- El problema para mí es la justicia. No me importa lo que diga la gente. 

- Por lo que respecta a Europa, el erotismo únicamente se halla en el mundo del catolicismo. Esta religión cuenta con mandamientos severos cuya violación constituye el pecado. Y el pecador, le guste o no, deberá comparecer ante Dios. Pues bien, el erotismo es el método de establecer contacto con la divinidad a través del pecado. Es el tema de una mis obras teatrales, Madame de Sade. En el siglo  XVIII, el marqués de Sade puso en práctica este método y  no lo hizo tan sólo por oponerse al sistema, es decir, por un asunto de dimensiones banales como el político. Si la Revolución francesa no se hubiera visto compensada por el pensamiento de Sade, no se habría convertido en una verdadera revolución. Es decir, si no hay un pesimismo capaz de negar por completo el optimismo de una revolución, ésta no funciona. 

- En el relativismo del mundo actual el erotismo no pasa de ser una especie de sexo libre. No se opone a nada. Es un sexo sin relación alguna con lo absoluto. En mi opinión, nada más lejos del verdadero erotismo.

- Si no existieran los dioses, habría que hacerlos nacer. Y es que sin Dios no hay erotismo. Y debido a esta forma de pensar mía, he hecho lo imposible por hacer renacer el absoluto. Es entonces cuando surge el erotismo. ¿Qué tiene que ver todo esto con el sexo cotidiano? Pues nada. Digamos que se trata de una suerte de “panerotismo”. Eso es. Esta búsqueda es el objetivo principal de mi literatura. 

- Siento antipatía hacia el emperador como individuo. Y rechazo frontalmente el anuncio de su conversión en ser humano -llamémoslo así- que realizó cuando acabó la guerra. 

- Lo que se dice enemigos son el gobierno, el Partido Liberal Demócrata y todo el sistema político de la posguerra. También lo son el Partido Socialista y el Comunista. Sí, porque para mí este partido, el Comunista y el Liberal Demócrata son la misma cosa. Sí, son exactamente lo mismo: el símbolo de la hipocresía. Jamás caeré en las garras de esa banda. Espere y verá lo que hago.

- De momento, ya tengo tomada la decisión de no caer nunca en las garras de esa gente. De todos modos, no sirve de nada que hable ahora. Por favor, tenga un poco de paciencia y observe los acontecimientos… En este momento se dirán “Ha venido un tonto a echarnos una mano; a darnos el dinero que ha ganado escribiendo”. A mí me conviene que piensen así; al fin y al cabo, ahora sólo estoy interpretando este papel. Es un tema que tiene que ver con el bajo nivel de la política. Lo importante es que hasta el final no caiga en sus garras… Es absolutamente necesario que la institución imperial renazca según mis ideales. Es mi obsesión.

- Hace poco se publicaba en un periódico la escena de una comisión que investigaba la crueldad. Era en Sucia. En el banquillo de los testigos había de pie un campesino vietnamita con heridas y vendajes en el cuerpo. Vestía con harapos. Era compadecido por los miembros de la comisión, caballeros de mediana edad, bien vestidos y con perros caros en sus casas. Ahora les tocaba escuchar la querella del campesino con entusiasmo y, llevados por su simpatía hacia éste, dejaban escapar repetidamente expresiones de rechazo por lo que oían. El periodista que escribió esta crónica afirmaba sentir cierta artificiosidad en la conducta de esos hombres. A mí todo esto me hace pensar que el sistema político sueco tiene problemas.  

Hace ciento cincuenta años, Suecia perdió una guerra con Rusia, y por no haberse recuperado de su herida, tengo la impresión de que se ha convertido en un país afeminado que vive en el relativismo. Para compensar la perdida del espíritu del pueblo, este país se ha refugiado en el ideario de la paz de la humanidad. Estos ideales lo han conducido a adoptar el relativismo  como sistema político. De ahí ha surgido la noción de lo que se llama “Estado del bienestar”. El concepto de que el valor máximo de la humanidad es el bienestar social es una engañifa. Por eso, hasta este Partido Liberal Demócrata que tenemos en Japón ahora reflexiona sobre el asunto. No conozco cuál es la posición del Partido Comunista o del Socialista al respecto, pero sí estoy seguro de que en diferentes ámbitos de nuestra sociedad está teniendo lugar una reflexión sobre la noción del Estado del bienestar. 

- En los tiempos de la Restauración Meiji (en el siglo XIX), los patriotas morían uno detrás de otro. Y me desagrada que se crea que los hombres de aquella época morían porque eran simples, o porque eran pobres o porque eran samuráis. No. No importa la época en que se viva ni la clase social a la que se pertenezca.: la persona valora mucho la vida. Es parte de la naturaleza del ser humano. No puedo pensar que exista alguien en el mundo que no valore su vida. Sin embargo, el hombre tiene que ser capaz de separarse sin vacilar de ella, debe demostrar que tiene el valor de morir. No importa cuál sea el pretexto para mostrar tal arrojo, podrá ser una restauración, podrá ser una revolución. Lo que pasa es que la educación de la posguerra ha impregnado por completo las mentes de los miembros del Zenkyöto, una educación que, naturalmente, atribuye el máximo respeto  y valor a la vida humana. 

- La liberación total es imposible; a lo sumo podría realizarse únicamente en un ámbito relativo. Ni siquiera en un país tan liberal como Suecia estará permitido el llamado “homicidio de placer” hasta que el ser humano pueda gestionar su vida social. Jamás podrá el sexo alcanzar el absoluto en medio de una liberación así de relativa. El absoluto no se consigue de ningún modo sin la presencia de prohibiciones y mandamientos. Por eso el catolicismo es estupendo. Es la religión que tiene más erotismo. 

- Mi interés por el caso Solzhenitsyn está relacionado con el que tengo por el destino de la novela. Este genero se ha desarrollado a partir del siglo XIX teniendo como base una idea de la libertad característicamente teñida de los derechos fundamentales del hombre de la Revolución francesa. Es una libertad neutral que no pertenece a la derecha ni a la izquierda, una libertad opositora al sistema. Llegado a este punto, me surge la siguiente pregunta: ¿qué es la libertad en el seno del sistema estatal de la Unión Soviética? En este país, antes existía una clase gobernante cuyo poder se transmitía por vía hereditaria. Ahora el pueblo, en un ejercicio de plena libertad, ha asumido el poder político y ha formado un Estado comunista cuyo ideal es la dictadura proletaria. Dicho de otro modo, la formación del Estado, del sistema político, se halla determinada por una libertad no opositora al sistema. Es decir, el Estado soviético se puede considerar la plantación de una libertad pública y no opositora al sistema. Ahora bien, en el sistema comunista es natural que libertades como la del individuo o la libertad neutral o la opositora sean secundarias. Sin embargo, esta clase de libertades, aunque constituyan una fuerza pequeña, son capaces de detener la carrera brutal de la masa, que es algo que no puede hacer de ninguna manera la libertad no opositora. Éste es el motivo de que en ese país se haya llegado al estalinismo. 

- En los países libres, cuando se descubre a alguno de estos críticos neutrales desfasados respecto a su tiempo, de inmediato se monta la fiesta: “¡Ah, ahí tenemos a un aliado, a alguien con nuestro mismo ideario de libertad, a alguien que se atreve a criticar el sistema soviético desde dentro! ¡Qué admirable conciencia la suya y qué gran ejemplo para todos los intelectuales!”. Sin embargo, la misma noción de intelectual con conciencia ya es algo clasista en sí. Es un prejuicio de los países libres. De esa manera, atrapados por sus propios prejuicios, ponen por las nubes a Solzhenitsyn y le conceden el Nobel. Y cuanto más lo elogian, más se enfurecen en el país de origen del elogiado. Es natural que el gobierno soviético esté furioso. 

- Hoy en día, esta libertad se vende a partes iguales al frutero, a la mujer del pescadero, a la abuela del estanquero. El escritor es como el frutero y el pescadero… ¿O es que no vivimos en una democracia? Se habla de la libertad y de los privilegios del artista, pero, en realidad, no se tiene ni una ni otros. Claro que no. Lo único que nos diferencia está en el uso: el pescador tiene la libertad de ganarse la vida vendiendo pescado; el novelista hace lo mismo cuando proyecta su obra literaria. La libertad de hoy está estandarizada, está despojada de individualidad. Hasta con el sexo pasa igual. Se habla de sexo libre, pero en realidad lo único que se hace es ofrecer a todos la misma taza de té. Así es. 

- Las mujeres no comprenden que refutar su posición va en desventaja para ellas. -Qué tontas por no darse cuenta!

- La idea de la muerte no es adecuada cuando se habla de arte. ¿Por qué? Pues porque el arte tiene que vivir, vivir y vivir largamente; de lo contrario, ni puede completarse ni pulirse. En cambio, si hablamos de acción, uno puede morir incluso a los dieciocho años. Sólo entonces se consigue la perfección. A mi parecer, vivir sin hacer nada, envejecer lentamente, es una agonía,  es desgarrarse el propio cuerpo. Todo esto me ha llevado a pensar que, como artista que soy, debo tomar una decisión.

- Los seres humanos somos muy simples: cuando se está bajo, se compensa con algo; cuando se está alto, se rebaja con algo. Es lo que le pasa al común de los mortales. Tomemos esa mesa como ejemplo. Si notamos que está coja de una pata, la cortamos un poco de la otra. ¿Y si está baja de ésta? Pues la cortamos de la primera pata. ¿Y si de una tercera? Pues la cortamos un poco de la cuarta pata. ¿Qué pasa con la mesa si no dejamos de cortar aquí y allá? Pues que pronto se queda sin patas. ¿No ocurre lo mismo con la vida? Yo ahora siento que me hallo al borde del momento de mi vida en que todas las patas de la mesa han desaparecido. 

- ¡Ah, a lo mejor es mi última obra! (Nota: El mar de la fertilidad)  No sabría decirle. De momento, no tengo ningún plan para el futuro. Estoy agotado.

- El teatro me tiene cansado. Lo que quería decir ya lo dije en “Mi amigo Hitler” y en “LA terraza del rey leproso”.